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ENTREVISTA

Alfredo Tagarro, pediatra: “No pensamos que los niños vayan a ser supertransmisores de COVID-19 con la vuelta al cole”

El pediatra Alfredo Tagarro

En España unos 230.000 niños menores de 14 años han padecido o padecen COVID–19, según los cálculos del estudio de seroprevalencia recientemente publicado por el Ministerio de Sanidad (en torno a un 3,3% de los 7 millones que viven en el país). De ellos, unos 1.400 han sido diagnosticados, según dijo la presidenta de la Asociación Española de Pediatría, María José Mellado, a principios de junio, y de ellos en torno a la cuarta parte habrían requerido ingreso hospitalario, según su testimonio.

La necesidad de afinar aún más estas cifras y la tipología de casos ha llevado a la Asociación Española de Pediatría a anunciar que a partir de septiembre inicia un Registro Nacional de Pacientes Pediátricos afectados por la COVID–19  (EPICO-AEP). Esta iniciativa pretende conocer cómo se comporta la enfermedad en los niños, su impacto en la epidemia global y sus consecuencias en la población infanto-juvenil. Este registro “permitirá también implementar nuevas actuaciones y protocolos nacionales preventivos, de diagnóstico y clínicos que aseguren las medidas más adecuadas basadas en la evidencia científica”. Los investigadores principales del registro son Alfredo Tagarro, pediatra del Hospital Infanta Sofía y colaborador del Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre, junto a la doctora Cinta Moraleda, pediatra del Hospital 12 de Octubre.

En una entrevista con elDiario.es, el Dr. Tagarro explica que los pediatras, y no solo ellos, temen septiembre como un potencial momento de rebrote del coronavirus, pero “no especialmente por el hecho de volver al cole”, sino por el regreso general a la vida “normal” de los adultos tras las vacaciones. “Hasta ahora, la literatura médica sugiere que los niños, sobre todo menores de 10 años, se infectan de los adultos y no viceversa”, recalca. Por eso, afirma, “no pensamos que los niños vayan a ser supertransmisores, como se ha sugerido en otras enfermedades” ni siquiera en un contexto especialmente proclive a la expansión de infecciones, como es el escolar.

¿Por qué y cómo se ha decidido esa creación de un Registro Nacional de Pacientes Pediátricos afectados por la COVID–19?

Cuando la enfermedad estaba solo en China todavía, en enero, se convocaron los proyectos anuales de investigación del Instituto de Salud Carlos III. En nuestro grupo de investigación teníamos ya una red de investigación de neumonía, coordinado por el Hospital 12 de Octubre. Con esa base, solicitamos financiación para un proyecto centrado en el SARS-CoV-2, la Red EPICO. Cuando la epidemia llegó, se fueron sumando hospitales, hasta 50, y empezamos a funcionar en torno a febrero–marzo. 

Más tarde, hubo un llamamiento por parte de las subespecialidades pediátricas para que la Asociación Española de Pediatría centralizara la recogida de datos de niños con COVID-19. Como nosotros ya estábamos funcionando, se optó por adoptar este registro que nació en la Fundación por la Investigación Biomédica del Hospital 12 de Octubre. A partir de septiembre, la AEP va a proporcionar  un investigador específicamente dedicado para este proyecto, lo cual es una suerte y no es tan fácil ni tan habitual.

¿Cómo se va a hacer en la práctica este registro? ¿Cómo van a tener los pediatras aportar sus datos?

Se ha creado una base de datos electrónica a través de un sistema que es bien conocido, que se llama Red CAP y que está en el servidor seguro de la Fundación de Investigación del Hospital 12 de Octubre, y cumple todas las normativas de protección de datos. Cada investigador de cada hospital tiene una clave, con la que introduce los datos en unos formularios, que ya se han creado, sobre los antecedentes del niño, la clínica, las analíticas, cómo ha evolucionado, si ha necesitado UCI o no, y si ha sido dado de alta.

Por la experiencia hasta ahora en la recopilación de datos y como pediatra ¿cuáles son las principales diferencias de este grupo de población respecto a los adultos? 

En primer lugar, ya se sabe que los niños se afectan menos, tanto en cantidad como en gravedad. Los niños en general, la inmensa mayoría, no necesitan ingreso y algunos que sí necesitan ingreso, evolucionan a un cuadro clínico, o bien de neumonía, o bien de una gastroenteritis o el síndrome inflamatorio que se ha mencionado en otras ocasiones. Pero la inmensa mayoría cursa como un catarro de vías altas o como un síndrome gripal o un síndrome febril, sin más. Y todos estos casos no llegan a los hospitales, y se quedan en casa, que es como debe ser.

Niños con síndrome inflamatorio

Le quería preguntar por ese síndrome inflamatorio pediátrico del que se alertó a finales de abril con afección cardiaca y una acumulación de toxinas en múltiples órganos internos, del que se empezó a estudiar su posible relación con el coronavirus. No sé si ha habido nuevos casos o algún avance con ese tema.

Precisamente en los próximos días va a salir publicado en una revista llamada Clinical Infectious Diseases, que tiene bastante impacto, el grupo de niños de nuestro registro que han sido diagnosticados de este síndrome inflamatorio. En el momento de enviar la publicación teníamos recogidos 31, ahora hay al menos 35. Si se incluyen los casos que sabemos que se han dado pero no se han incluido en nuestro registro (participan 50 hospitales) y los niños con síntomas de COVID pero PCR y serología negativa, calculamos que en estos tres meses ha habido 50-60 casos en España.

Consiste, efectivamente, en un síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, es decir, de varios órganos, y que se solapa con la enfermedad de Kawasaki, por eso se hablaba al principio de enfermedad de Kawasaki. En el momento en el que se presenta en los niños sí que requieren en una proporción alta, más de la mitad, cuidados intensivos. Lo que ocurre es que, por fortuna, la recuperación es universalmente buena. Prácticamente todos los casos que conocemos se han recuperado sin secuelas. 

Es verdad que es un síndrome importante que tenemos que tener en cuenta, pero extremadamente poco frecuente. La incidencia que nosotros hemos calculado es menor de 20 casos por 100.000 niños infectados. No podemos decirlo exactamente porque puede haber niños que lo han tenido y que no los tenemos recogidos ni conocimiento de ellos, puede haber alguno más.

Entonces, no sería síndrome de Kawasaki (una afección que causa inflamación de los vasos sanguíneos de todo el cuerpo y, de no tratarse a tiempo, puede provocar complicaciones cardiacas graves) sino que tendría unos síntomas parecidos. 

Exacto. La idea ahora mismo en todos los países, con cuyos investigadores estamos en contacto continuo, es que es un síndrome diferente. Se solapa en los síntomas, y de hecho se solapa también con otros síndromes, como el síndrome del shock tóxico estafilocócico, pero ahora mismo se piensa que es una enfermedad diferente y que aunque está digamos desencadenada por el coronavirus, no está claro si solo por el coronavirus o por coronavirus más una susceptibilidad genética, o por coronavirus más otras infecciones. Está todavía todo en investigación.

¿Hay algún tipo de característica como grupo de edad o similar en la que estén más encuadrados?

Son niños escolares, en torno a los 7 años, pero no únicamente. Es verdad que aunque es un síndrome que ha llamado mucho la atención, como es normal por la novedad, por lo aparatoso, hay que intentar también mantener un poco la calma en el sentido de que es extremadamente infrecuente. No podemos compararlo con los casos graves de adultos porque en adultos, sobre todo en pacientes mayores de 80 años, son casos muy graves que llevan a muerte. Estamos hablando en este caso de un síndrome infrecuente, que la inmensa mayoría de las veces se cura sin secuelas. Que nosotros sepamos, no hay ninguna predisposición conocida. Por el momento no se han identificado si hay características que hacen que un niño tenga una mayor predisposición a tenerlo que otros. 

Un 43% de niños ingresados con comorbilidades

¿Se ha visto entre los niños infectados por coronavirus una comorbilidad concreta, con otras dolencias previas? 

Sí que es verdad que dentro de los niños que ingresaron hay una proporción alta, en torno a un 43%, de comorbilidades. En ese sentido, los niños con alguna patología previa podrían estar ingresando más. Estamos en fase de análisis y aún no puedo decir qué comorbilidades afectan más para que un niño ingrese por coronavirus. 

¿Qué cuidados especiales deben tener niños con afecciones previas y qué tipo de afecciones? Estoy pensando en casos de asma y similares.

Pues deben tener los mismos cuidados que los demás niños, pero quizá con más razón y con más cuidado. Mucho lavado de manos, mascarilla y ahora mismo mucho distanciamiento social, en el sentido de no estar acercándose, especialmente a gente con síntomas. Las mismas normas que el resto de la población, pero quizá un poquito más extremadas.

¿Los pediatras temen la vuelta al cole en septiembre como posible foco expansivo del coronavirus?

Yo creo que no solo los pediatras tememos septiembre como un potencial momento de rebrote. Creo que los casos de los niños van a ir de la mano de los de los adultos, probablemente. Hasta ahora, la literatura médica sugiere que los niños se infectan de los adultos y no viceversa, con lo cual incluso dentro de casa, en general, parece que los niños, sobre todo los menores de 10 años, se infectan de los adultos, y no a la inversa.

En ese sentido nosotros no tememos especialmente que la vuelta al cole vaya a suponer un gran riesgo para los adultos, pero sí tememos que la vuelta a la vida normal después de las vacaciones, con todo lo que esto supone, pueda suponer un rebrote, pero no especialmente por el hecho de volver al cole.

Pregunto porque los colegios suelen ser un foco bastante importante de expansión de enfermedades y de infecciones respiratorias.

Sí, pero esto no se ha demostrado en este caso. En el caso del coronavirus, todo lo que se ha publicado va más a favor de que los niños se infectan de los adultos, que de que los adultos se infecten de los niños. Entonces, en este sentido, las escuelas tendrán que tomar todas las medidas posibles para evitar la infección entre los niños y demás, pero no pensamos que los niños vayan a ser supertransmisores, como se ha sugerido en otras enfermedades.

Durante estos meses, supongo que al no haber habido colegios, se habrá notado la bajada de otras enfermedades y consultas pediátricas. 

Sí. Durante el confinamiento, por supuesto. Después, también. Se han notado menos casos de todas las enfermedades. Es verdad que al principio el confinamiento hubo algunos casos de algunos niños que llegaban a urgencias un poquito más tarde, digamos, en el curso de la enfermedad de lo que habrían llegado en otras ocasiones. Pero bueno, eso al cabo de unas semanas dejó de pasar. Y sí que hemos notado una disminución en la afluencia al hospital.

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Publicado el
26 de julio de 2020 - 22:03 h

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