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La esperanza LGTBI frente a la ultraderecha

La entrada de Vox en el parlamento andaluz forma parte de una tendencia internacional en la que partidos desacomplejadamente racistas, machistas y LGTBIfóbicos han llegado a la política institucional

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Imagen de archivo de un acto LGTBI EFE

Durante la huelga de los mineros británicos, un grupo de gays y lesbianas llamado Lesbians and Gays Support the Miners recaudó dinero para apoyar a los huelguistas. En una época en la que la LGTBIfobia era la norma, estos activistas LGTBI viajaron en autobús hasta un recóndito pueblo en el sur de Gales para entregar sus donaciones y vencer así los prejuicios. Empezaría entonces una historia de amistad y solidaridad que culminaría con los mineros marchando al frente de la manifestación del orgullo en Londres en 1985. Mike Jackson, miembro de Lesbians and Gays Support the Miners, recordaría años después la marcha con estas palabras: "Podías vislumbrar una revolución maravillosa, el sueño de una sociedad unida".

En momentos como el presente, donde el auge de la ultraderecha es un fenómeno internacional que amenaza muy especialmente los derechos de las personas LGTBI, conviene recordar episodios mágicos como este, que muestran como la causa LGTBI trasciende a toda la sociedad, como ha estado siempre ligada a la búsqueda de la dignidad de los más desfavorecidos; como la lucha por la diversidad sexual y de género es en realidad sinónimo de lucha por una sociedad mejor.

La entrada de Vox en el parlamento andaluz forma parte de una tendencia internacional en la que partidos desacomplejadamente racistas, machistas y LGTBIfóbicos han llegado a la política institucional. Sin magnificar un fenómeno que en España aún dista de la gravedad de otros países, debemos atrevernos a confrontarlo y construir un futuro que no deje espacio a las violencias que persiguen.

En los últimos tiempos hemos recibido con horror las noticias de la ofensiva ultraconservadora que atacaba de forma directa a las personas LGTBI alrededor del mundo. Campos de concentración para homosexuales en Chechenia o las leyes de Putin contra la ideología y la propaganda homosexual. El triunfo de Bolsonaro en Brasil, con el consecuente aumento de las agresiones a personas LGTBI en un país que ya ostentaba el triste récord de asesinatos por LGTBIfobia. Las medidas contra la comunidad trans de Trump, como la prohibición de que entren a formar parte de las fuerzas armadas. Balas de goma, cañones de agua y detenciones para dispersar a los manifestantes del Orgullo en Estambul. Los gobiernos de Polonia, Rumanía, Hungría e Italia se han sumado sin recato a esta ofensiva.

En España, donde nos jactamos de ser uno de los países más avanzados en políticas y aceptación LGTBI, esta ofensiva está protagonizada por Vox. En su programa y campaña para las elecciones andaluzas afirman que quieren derogar la ley del matrimonio igualitario y las leyes de derechos LGTBI autonómicas, todo en aras de volver a la familia tradicional, la única verdadera. Las personas trans serían de nuevo las más perjudicadas por sus políticas: además de seguir considerándolas enfermas, se eliminarían los tratamientos médicos para el cambio de sexo en la sanidad pública. Lejos de echarse las manos a la cabeza, PP y Ciudadanos han mostrado la voluntad de pactar con Vox y validar así sus políticas de odio, lo que tampoco ha sorprendido sobremanera y demuestra que el problema no reside solo en Vox, sino en las nuevas alianzas que puedan formarse en la derecha y las direcciones que éstas sean capaces de tomar. 

España no es en absoluto ajena a la LGTBIfobia. Hace pocos días, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales presentaba su informe de 2017: un total de 629 delitos de odio a personas LGTBI en nuestro país, que supondría únicamente la punta del iceberg, pues según los expertos el 80% de los casos no se denuncia. Pero también es un país cuya sociedad ha demostrado que está con la gente LGTBI. Así quedó claro cuando el autobús tránsfobo de Hazte Oír fue recibido en nuestras ciudades con emocionantes muestras de solidaridad con las personas trans.

Las personas LGTBI hemos luchado siempre por un mundo mejor, más diverso y justo. Debemos dejar claro que la sociedad española está unida y sólo realizará pasos adelante en favor de nuestros derechos. Porque esta ofensiva reaccionara aunque se disfrace de pueblo es enemiga del pueblo. Es hora de que nos reconozcamos entre nosotras, entre las víctimas de un pensamiento que solo beneficia a una privilegiada minoría, y que la empatía lidere las relaciones que establezcamos para construir un futuro mejor.

Y debemos hacerlo desde todos los lugares. Desde las escuelas, en las grandes ciudades y en los pueblos más recónditos; desde los hogares, desde las calles, pero también desde las instituciones. Ahora mismo en el Congreso de los Diputados se está debatiendo la ley de igualdad LGTBI, que supondría un avance extraordinario en derechos y libertades no solo a nivel estatal sino como referente internacional. Es obligación de todos los partidos que participamos de las negociaciones aprobar esta ley cuanto antes. Desde aquí hago un llamamiento a diputados y diputadas para que estén a la altura de una sociedad española que quiere dejar claro que la intolerancia es cosa del pasado.

Porque decimos que no al odio. Porque no queremos volver al miedo, a los guetos, a los armarios. Al aislamiento, a la impasibilidad y la violencia. Recuperemos el espíritu de los mineros y los y las activistas LGTBI marchando juntos y cumpliendo el sueño de una sociedad unida. Construyamos desde la empatía, el amor y la solidaridad, y será toda una sociedad, diversa y libre, la que florecerá.

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