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Motín en el CIE

Un CIE es una cárcel a la que no se llama cárcel y la revuelta en el CIE de Aluche, una protesta contra la violación de derechos humanos, no un motín patibulario

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Si un Centro de Internamiento para Extranjeros no es una cárcel, como dicen quienes los mantienen abiertos, y en realidad es un "centro de acogida", como lo han llamado en la TVE tomada por el PP, entonces el motín de anoche en el CIE de Aluche no fue un motín, eran unos acogidos celebrando la llegada del otoño en el tejado. Estaban tomando el aire y cantando bajo la lluvia.

Porque, como ustedes comprenderán, uno no se amotina en una agradable residencia para extranjeros, un huésped de un hotel con encanto no se pone a dar gritos pidiendo libertad y auxilio. Un preso, sí. Una persona encerrada contra su voluntad sin haber cometido delito penal alguno y sometida a unas penosas condiciones de vida, ésa sí se amotina para aullar "¡aquí nos tratan como perros!".

O sea que el Gobierno, su televisión y los medios que han llamado "motín" a la rebelión pero no llaman "cárcel" al CIE y quienes han mostrado a los rebeldes como peligrosos criminales a punto de romper las rejas y saltar a la calle a delinquir, deberían aclararse con los términos porque caen en su propia contradicción. Si es un centro de acogida, tendrán que explicar por qué 40 hombres se encaramaron al tejado para denunciar maltrato y una injusta privación de libertad.

Si me permiten la ayuda, aquí va una explicación: un CIE es una cárcel a la que no se llama cárcel y la revuelta en el CIE de Aluche, una protesta contra la violación de derechos humanos, no un motín patibulario de criminales que quieren arrasar Roma.

Fue una manifestación legítima para visibilizar que están encarcelados por no tener papeles, hacinados en centros mal acondicionados, donde muchos han sufrido violencia y algunos incluso han muerto como consecuencia de la deficiente atención médica, como han documentado durante años organismos humanitarios independientes. Fue un motín, sí, pero contra este sistema injusto.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Los CIEs son el paso previo a la expulsión del país de los detenidos, pero más de la mitad de las deportaciones no se realizan nunca. No sólo son cárceles ilegales, inhumanas e indignas, también son ineficaces. En lugar de dejar que los migrantes se busquen la vida, consuman y paguen impuestos indirectos, gastamos dinero para nada. Sólo para hacer daño.

El motín es del Estado contra los derechos humanos y esta sociedad. Deberíamos amotinarnos contra los CIEs los que estamos fuera.

Es además el final de una cadena de abuso, desprecio y humillación a los más débiles y vulnerables. Después de sufrir penurias indecibles para llegar hasta aquí (como vimos esta semana en Astral), de ser explotados como esclavos por las mafias que les sacan lo poco que tienen para lanzarles a una muerte probable en el mar, les encerramos sin pisar tierra libre, por el único delito de querer salvar su vida.

Para muchos, Europa es la palabra que utilizan para hablar de sus sueños. No saben que, para muchos, será una pesadilla de la que no despertarán.

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