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Las puertas giratorias del Mediterráneo

El discurso del miedo a la barbarie pretende legitimar la erección de un muro simbólico y físico entre los pueblos del sur y del este y los privilegiados noroccidentales. Pero sus arquitectos no olvidan escarbar en él unas doradas puertas giratorias que dejen entrar y salir a todos aquellos que quieren hacer negocio.

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El Mediterráneo es puente entre pueblos, es un mar con una historia común. O al menos eso nos han enseñado historiadores como Fernand Braudel. Sin embargo a estas alturas, el Mediterráneo es sólo puente y lugar de encuentro para los privilegiados y las multinacionales. Para el resto, es un mar tenebroso que ya se ha tragado a más de 3000 seres humanos que este 2014 intentaron llegar a Europa.

El discurso del miedo a la barbarie pretende legitimar la erección de un muro simbólico y físico entre los pueblos del sur y del este y los privilegiados noroccidentales. Pero sus arquitectos no olvidan escarbar en él unas doradas puertas giratorias que dejen entrar y salir a todos aquellos que quieren hacer negocio.

El último escándalo es el de José María Aznar, que según explicaba la última semana eldiario.es, ejercía de consultor para Befesa, filial de la empresa de tecnología Abengoa, y utilizaba su amistad con el líder de la Jumuhuriya Muamar Gadafi para promover los negocios de empresas españolas. Su tarea era apoyada, además, por dos funcionarios públicos a disposición del ex-presidente del gobierno español por  Decreto Real 405/1992, de 24 de Abril (art.3). El proyecto de la empresa Abengoa en Libia si el país no hubiera entrado en guerra en 2011 preveía la construcción y gestión de 4 desaladoras. Al parecer, Aznar también había ofrecido sus servicios de "facilitador" a empresas de armamento como EINSA que querían abrir canales comerciales con Argelia o Libia, ambos países en situación de dictadura y de falta de libertades políticas.

José María Aznar no es el único político que ejerce de asesor o consultor, cobrando para proporcionar unos contactos adquiridos durante su mandato público. Desde el Centro Delàs de Estudios por la Paz han estudiado extensamente las relaciones del complejo industrial-militar con la esfera política. Las puertas giratorias que conectan empresarios y políticos son incluso vitales para la  supervivencia del sector de la industria armamentística. Pero no es sólo este sector el que se beneficia de las puertas giratorias. Los contratos de gestión de recursos o de grandes inversiones y construcciones que las grandes empresas españolas tienen en los países del Norte de África y de Oriente Próximo acaban influyendo en las políticas de defensa y de guerra de España. O incluso, son las políticas de defensa las que influyen en la obtención de contratos millonarios para las empresas españolas. Ningún estudioso realista de las relaciones internacionales se sorprenderá. Al fin y al cabo, las políticas del Estado deben defender los intereses del país, dirán. Pero, ¿son los intereses de las ciudadanas y ciudadanos los mismos que los de las grandes multinacionales y empresas, conglomerados de nombre español con capitales y acciones internacionales que sientan en sus consejos asesores políticos y ex-políticos para asegurarse contactos y relaciones directas con dirigentes de regímenes autocráticos y que violan sistemáticamente los derechos humanos?

El repentino pacifismo de Aznar contra la guerra en Libia en 2011, pues, no parece responder al arrepentimiento de Gadaffi y el pago de compensaciones a las víctimas de la masacre de Lockerbie. El líder del SPD, Gerhard Schröeder, que fue canciller alemán entre 1998 y 2005 encontró una nueva vocación en el consejo ejecutivo de Gazprom y recientemente ha expresado su apoyo a la política rusa en Ukraina.

Ahora toca el turno del Estado Islámico. ¿Es la amenaza del Estado Islámico lo que lleva el gobierno español a participar en la intervención en Irak por segunda vez en poco más de una década? ¿O hay un entramado de factores y de intereses empresariales detrás? ¿Qué políticos encontrarán un futuro en un nuevo mapa regional a medida de las grandes inversiones?

Los estrechos lazos político-empresariales, pues, hacen sospechar que detrás de políticas internacionales que afectan la vida de millones de personas se encuentre no el análisis pausado del estadista, sino a menudo el capricho lucrativo de políticos y élites empresariales que doblan el discurso en función de sus intereses.

Hasta que las doradas puertas giratorias no sean tapiadas y el muro del miedo derribado, las guerras en las que algunos nos embarcan no dejarán de ser más que moneda de cambio en el lucrativo mercado de las grandes inversiones y las comisiones.

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