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"¿Quiénes marcan, y cómo, la agenda política en España?"

En la sociedad del espectáculo, el poder socioeconómico, a través de los medios, marca una agenda de contenido políticamente irrelevante, con el propósito de distraer la atención y evitar el debate público sobre los asuntos de veras urgentes

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No hace falta insistir. Los términos del debate, procesados para su asimilación por los medios de comunicación y control social, responden a las necesidades del poder socioeconómico. Son sus oligarquías quienes seleccionan y acotan los temas. Cuando no les interesa el problema, o desean ocultar lo prioritario, recurren a maniobras de distracción. Los ejemplos están a la orden del día. Mientras la ciudadanía desea saber cómo se enfrentan políticamente los problemas de la crisis: ¿qué pasa con las cuentas B del Partido Popular?, ¿como sigue la privatización de la sanidad?, ¿qué medidas reales se toman para  perseguir las bolsas de fraude fiscal?, ¿qué resultado han dado las políticas contra los desahucios?, ¿qué pasa con la violencia policial?, ¿se retira la ley de aborto?, ¿se continúa con la privatización de la justicia?, ¿es verdad que la desnutrición infantil aumenta y disminuyen las becas de alimentación y comedores en los colegios?, ¿qué carácter asume la emigración de los jóvenes?, ¿sigue creciendo el paro?, ¿se devolverá el dinero de las preferentes a los afectados?, ¿por qué la ley de dependencia no funciona y por qué continúan los indultos a políticos y sus familiares?, ¿se plantean cambios en la ley electoral?, ¿y en la financiación de los partidos políticos?, ¿cómo se ataca la corrupción en las instituciones?

El poder político habla de recuperación económica, salida de la crisis, estabilidad, disminución del déficit público, apoyo a los emprendedores, luz al final del túnel, etc. Con alevosía y nocturnidad, lanzan estos proyectiles mediáticos mientras se tramitan proyectos de ley sobre medio ambiente, se rebajan los impuestos a los grandes empresarios, se aumentan las desgravaciones a la seguridad social, continúan las concesiones de terrenos municipales a empresas privadas, se introducen modificaciones significativas a las leyes del suelo, se realizan ventas de edificios municipales a fondos buitres, se entrega la sanidad a aseguradoras como Sanitas, Adeslas, Asisa, se preparan nuevas leyes laborales todavía más restrictivas y prosigue la venta de armamento a regímenes dictatoriales. En otras palabras, existen dos agendas, una destinada a crear una cortina de humo, y otra, que no admite discusión ni publicidad. En este sentido, son muchas las leyes y el dinero público entregados a las grandes compañías trasnacionales que pasan desapercibidos en medio de discusiones intrascendentes. La agenda oficial va por otro camino. 

Para confeccionar esta doble agenda, es necesario banalizar los problemas antes enunciados bajo la fórmula de clichés donde todo aparece en un mismo plano. Desde el lavado de dinero,  el aborto, la emigración, las declaraciones de un futbolista, la corrupción, la violencia de género, los dislates de un presidente de comunidad autónoma, la borrachera de un diputado  o juez, el autoritarismo de un alcalde, la evasión de capitales de un empresario, la lesión de un futbolista, un terremoto, la muerte de actor y, cómo no, los chismes rosas del momento.  Hoy tenemos un buen ejemplo: la abdicación del rey Juan Carlos I. En este sentido existe un acuerdo para saturar los espacios informativos y programas con el relato de historias fantásticas del rey Juan Carlos I y los 39 años de su reinado. Se entrevista a presidentes, jefes de Estado y todos coinciden en reconocer su condición democrática, su papel frenando el golpe de Estado del 23F, su altura de miras, grandeza, amor por España y hacedor de la paz mundial. Un conjunto de obviedades acompañadas de sesudas discusiones sobre la austeridad o boato de la proclamación de Felipe VI, que hoy se celebra. Ocultando y pasando de puntillas por el carácter corrupto de la Casa Real, el  enriquecimiento indebido, las mil y una fechorías cometidas en cuatro décadas y las verdaderas razones de la abdicación. En eso consiste la confrontación de agendas. Un mismo tema pasado por tamices diferentes.

En este campo de condiciones, llama la atención la cantidad de debates estériles de notoria irrelevancia. Sin ir más lejos, se ha puesto en el orden del día debatir sobre Podemos y las encuestas electorales para dentro de año y medio, en noviembre de 2015. Los titulares son de escándalo y bochorno. Parece que hubiese un acuerdo en destacar que Podemos se convierte en la tercera fuerza política, le otorgan 58, 60 o 68 diputados. Y de esta manera se impone el tema. Radio, televisión, periódicos digitales, prensa de papel, tertulianos, debaten sobre sus efectos y acaparan audiencias. Los blogueros en Twitter y Facebook no dan abasto. Todos aceptan el postulado y los resultados de la encuesta. Parece mentira que nadie, entre los entrevistados y periodistas, cuestionen lo obvio,  lo absurdo, cuando no ridículo, de elaborar una encuesta con dichos parámetros a dos semanas de las elecciones europeas y en medio de una euforia política por el supuesto fin del bipartidismo. Y eso que a las tertulias acudieron sesudos profesores de ciencia política y sociología. Nunca, en España, desde la transición, se había producido un fenómeno semejante de distracción política tan bien lograda; mientras, en la cocina política, se cuecen temas de fondo.  

¿Qué agencia de opinión pública se presta a semejante acto de tergiversación, desvirtuando el objetivo de las encuestas electorales, de por sí desprestigiadas? Debemos recordar que la manipulación ideológica no está en la respuesta, sino en la manera  de formular la pregunta. Por consiguiente, presentar la intención de voto en medio de un terremoto político es tanto como predecir el número de lotería de navidad, aunque se haga bajo los principios matemáticos de la probabilidad estadística para darle verosimilitud.

Los acontecimientos políticos son imprevisibles y pueden cambiar las preferencias electorales de un día para otro. No tiene sentido discutir quimeras. Pregúntese el lector qué pasaría si, al igual que ocurrió con las europeas, las encuestas fallan. Podemos obtuvo cinco eurodiputados y  los más optimistas le daban dos. Si  proyectamos la escala de error en la misma proporción, a medida que se acerca noviembre de 2015, habría que multiplicar los 60 probables diputados de Podemos por cinco, es decir, obtendrían 300 diputados, mientras el resto de opciones políticas se disputarían los restantes  50 escaños. ¡Un disparate!

Debe ponerse en cuestión la forma de encarar los problemas desde la sociedad del espectáculo, en la cual las grandes empresas trasnacionales de la información adscritas a los grupos económicos y financieros proponen la agenda y los debates, tanto como los contertulios. La elección y selección de los temas no es casual, es causal. Ningún empresario, menos cuando se juega el orden de dominación político del capitalismo, cede espacios gratuitamente a quienes sabe que son sus enemigos. La criba para decidir quién entra y quién sale se realiza minuciosamente. En el grupo Atresmedia, por ejemplo, se han dividido los papeles entre Antena Tres y la Sexta. Una conservadora y la otra "progresista". Pero si observamos con cierto sentido crítico, las puyas de La Sexta a los gobiernos de izquierda latinoamericanos y la caricatura de los presidentes latinoamericanos  Maduro, Morales, Correa o Mújica, está a la orden del día. Asimismo, los casos de actores,  presentadores y gentes de la farándula que se hacen con un espacio político no son nada novedoso. Futbolistas, pilotos de fórmula uno, cómicos, estrellas porno y profesores universitarios han logrado un éxito relativo gracias a su cara y su presencia televisiva.  En Italia, sin ir más lejos, el movimiento Cinco Estrellas, encabezado por el actor y cómico Beppe Grillo, es hoy la segunda fuerza política en Italia. Esta agenda distorsiona y crea ruido, mucho ruido, acapara el tiempo político, impidiendo hablar y discutir los verdaderos problemas que enfrenta un capitalismo configurado por clases sociales, élites y oligarquías que mantienen dominadas y explotadas a las clases trabajadoras. El lenguaje es parte de la agenda, su control supone un plus político y permite anticipar acciones. En eso estamos, en la guerra por la palabra y la construcción de la agenda de la izquierda.

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