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Vuelve el hombre de rojo

Jack White, campeón olímpico del aquí-te-pillo-aquí-te-mato

Jesús Rocamora

Campeón olímpico del aquí-te-pillo-aquí-te-mato, Jack White grabó sus mejores discos con The White Stripes en cuestión de días: apenas necesitó dos semanas para Elephant (2003), una sola para White Blood Cells (2001). Y hace un par de meses, con motivo del Record Store Day, por fin consiguió darle al mundo “el disco más rápido de la historia”, grabado y lanzado en 3 horas y 55 minutos. Se trataba de una versión en directo de Lazaretto, el primer single de su inminente segundo disco en solitario, acompañada de una relectura de Power of My Love de Elvis como cara B. Se puede comprobar cómo se llevó a cabo la proeza aquí.

Pero no se ha dado tanta prisa con todo el álbum (al que también ha titulado Lazaretto y que estará la venta a partir del lunes): por primera vez, White se ha tomado su tiempo, exactamente año y medio desde las primeras sesiones, que se remontan a 2012, durante los huecos entre conciertos. Según explicaba el músico a Rolling Stone, no es la única regla autoimpuesta que ha roto en este disco, donde se ha atrevido a saltarse su respeto religioso a los procedimientos analógicos de grabación y en el que hay un mayor espacio para la experimentación con la guitarra (y para esos solos que tanto le gustan). Incluso ha recuperado viejas letras escritas a los 19 años, descubiertas en algún viejo desván, en lo que considera una nueva forma de enfrentarse al proceso creativo de escribir canciones. “Es mi yo actual colaborando con mi yo del pasado en una canción”, dice.

Y más barrocos, siempre dentro del canon White, suenan los dos temas que ya ha dejado escuchar. Primero le tocó el turno a High Ball Stepper, que en realidad sólo era un corte instrumental a modo de calentamiento. Ahora llega como primer single la versión de estudio de Lazaretto que, aunque está marcada por un riff inconfundible, juega al despiste entre efectos electrónicos, violines y algo de psicodelia. El video ha sido dirigido por Jonas & François.

Se puede escuchar el disco completo en iTunes.

CLÁSICO DE LA SEMANA

Plastikman – Closer

Closer

El Sónar ha anunciado esta semana que acogerá en su programación de día el único concierto en todo el mundo de Plastikman este año. Además de llevar consigo “un obelisco de LEDs”, está previsto que el canadiense presente su nuevo disco, titulado EX y grabado en directo en el Museo Guggenheim de Nueva York, donde fue invitado por el diseñador belga Raf Simons.

A diferencia de otros compañeros, Hawtin se mueve tan bien en la cabina de DJ como en estudio haciendo su propia música. Así que hay más de una opción a la hora de elegir un “clásico de la semana”; la cosa era decidirse entre el ácido Musik (1994) y el claustrofóbico Closer (2003), que es un álbum más cerebral, para escuchar no tanto con los pies como con la cabeza, cuando no con la piel. Closer es también un disco incómodo, que sigue sin agradar a todo el mundo, entre ellos muchos fans de Hawtin. Por otro lado, si lo que buscamos es un acercamiento menos frío a su música, algo más personal, este es el disco.

Closer es como suena Hawtin encerrado en una botella.

La voz del canadiense, filtrada y deformada hasta parecer un eco, una sombra, un fantasma, ayuda a entrar en su oscuridad y a conocer sus intenciones: como él mismo explica en los primeros minutos, este disco es como perderse dentro de su cabeza, es ahí donde empieza y acaba todo. Este es Hawtin, por primera vez, recitándote en la oreja como una Inteligencia Artificial a punto de perder la cabeza o como un dios omnipresente en medio un mal viaje, a veces lúcido, otras completamente paranoico. Tiene algo de pesadilla tecnológica y de error de software, desde la inicial Ask Yourself (“Why listen to me? / I'm just a voice inside your head / I can't help you / Help yourself”) hasta la desesperada Disconnect (“I try in vain / To disconnect my brain / I don't know if I can handle it / Handle so much pain”). A veces, es fácil identificar el ringtone de un teléfono chafado, como en Slow Poke (Twilight Zone Mix), otras no cuesta imaginarse un enjambre de drones cabreado sobre el tejado de tu casa (I No).

Closer goza de unidad y así está pensado para ser escuchado de principio a fin, respetando su orden. Su sonido limpísimo busca que se pueda apreciar cada reverberación y cada eco (Mind Encode), cada diminuta variación. Esto es minimal, así que mejor con auriculares. La idea es dejarse golpear por todas esas pelotas de ping pong que salen rebotando por la habitación nada más darle al play. Lo que lo hace diferente, entre otras cosas, es su atmósfera, negra y sintética, que durante sus 75 minutos acompaña como banda sonora, nada raro teniendo en cuenta que, según cuenta, Hawtin conoció y escuchó a artistas como Kraftwerk y Tangerine Dream gracias a su padre, que trabajó de ingeniero robótico de General Motors. Es esta atmósfera lo que queda tras el disco, como el humo después de un cigarrillo, más que sus beats destartalados y huesudos, si bien es también un disco que establece sin problemas su propio diálogo con la pista de baile, como en la hipnótica Headcase, en Ping Pong, uno de sus momentos imprescindibles, o en las pinceladas ácidas de Mind In Rewind.

“I don't know / what you're looking at / what you're listening to / what you're thinking about / I don't know / what you're feeling for”, te dice Hawtin en I Don't Know, el corte final. Closer es de esos discos que te hace mirar debajo de la cama antes de irte a dormir y apagar la luz. El ojo de un extraño mirándote desde el otro lado de la cerradura.

CANCIÓN DE LA SEMANA

Caribou –Can't Do Without You

Can't Do Without You

Y si Jack White se ha tomado su tiempo para su segundo trabajo en solitario, lo de Dan Snaith, el hombre-orquesta que se esconde detrás del proyecto Caribou, han sido unas vacaciones. Centrado como ha estado en los últimos meses en Daphni, otro de sus alias profesionales, lo último que escuchamos de él firmado como Caribou fue Swim, donde se lanzaba definitivamente a la pista de baile, y aquello fue en el ya lejano abril de 2010. Para meterle mano a su próximo LP, Our Love, habrá que esperar todavía hasta principios de octubre, aunque estos días ha aprovechado para compartir uno de sus temas, Can't Do Without You.

Todo apunta a que Our Love supondrá un nuevo giro musical en un artista que es a la vez un Brian Wilson de dormitorio y un productor de la electrónica más líquida. Según la nota de prensa de su discográfica, se trata de su disco más “soulful”, construido a base de una producción de pop digital, beats inspirados en el hip-hop y líneas de bajo house, y en él colaboran Owen Pallett y Jessy Lanza. Lo que no impide que su adelanto, este fantástico Can't Do Without You, parezca una continuación directa de Swim, un crescendo imparable que se estira hasta estallar en una bola de ruido y pensado exclusivamente para hacernos bailar.

Caribou también actuará en la próxima edición del festival Sónar.

DISCO DE LA SEMANA

The Brian Jonestown Massacre - Revelation

Revelation

Con el tiempo, uno ha llegado a la conclusión de que el verdadero talento detrás de The Dandy Warhols no es su cantante, Courtney Taylor, sino Anton Newcombe, cabeza pensante de The Brian Jonestown Massacre. La relación entre ambos grupos y la rivalidad entre sus dos principales figuras quedó retratada en el documental DIG! (2004), y aunque aquella guerra estimuló a ambas partes, el resultado está a la vista: mientras los dandis se han dedicado a dar pasos erráticos en discos que tiran involuntariamente hacia la parodia propia y ajena (y eso que hablamos de un grupo con un sentido muy generoso de la parodia, lo mismo miran a la Velvet que a Duran Duran), Newcombe ha dejado de sabotearse a sí mismo y ha encontrado un equilibrio en su ya insobornable independencia, componiendo canciones y produciendo con muy buena mano cada uno de los 14 discos que lleva a sus espaldas.

Aunque en Revelation colaboran un buen puñado de invitados, algunos ajenos al grupo, otros antiguos miembros de The Brian Jonestown Massacre (y se calcula que han pasado hasta 40 personas por la banda), Newcombe ejerce más que nunca de único director de orquesta y ha grabado y producido este trabajo en su estudio en Berlín durante los dos últimos años. El músico sigue reverenciando a los Stones más psicodélicos por encima de su pasión por el noise, el folklore europeo y el shoegaze, y Revelation es en ese sentido es un disco de la vieja escuela, sucio y garagero, experimental y familiar a la vez, y que a pesar de lo ligero que puede parecer en composiciones como Duck and Cover y Memorymix, que son más divertimentos privados que otra cosa, esconde algunas de las mejores canciones del grupo en mucho tiempo, como Days, Weeks and Moths y ese comienzo tan sólido formado por Vad Hände Med Dem? y What You Isn't. Ambas, por cierto, llevan directamente al Godless de Dandy Warhols aunque sin el barniz cool.

SESIÓN DE LA SEMANA

Matias Aguayo - Dummy Mix 212

Chileno de nacimiento y alemán por adopción, Matias Aguayo ha construido su propio camino entre los sonidos de ambos lados del Atlántico. En esta sesión para Dummy se aprecia su pasión por los extremos: en ella tienen cabida la cultura de club y la tradición popular latinoamericana, entre un aluvión de percusiones y el uso de su propia voz en un ejercicio musical tan primitivo como disfrutable.

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