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'Fraudebook': toda la libertad que quita un 'like'

El libro es un ensayo de Vicente Serrano Marín, doctor en Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, en el que desgrana cómo manejan las redes sociales nuestras vidas

Facebook es un dispositivo político y una máquina capaz de incidir en nuestra afectividad para convertirla en un factor de producción, según el autor

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Fraudebook

Fraudebook

Facebook es como el Gran Hermano. También están la NSA, la CIA, el Mosad o el CNI, por eso de nombrar a un ente español. La diferencia entre las agencias mencionadas y la red social creada por Mark Zuckerberg allá por el 2004 es que, mientras unas espían en secreto a la población, la compañía de los 1.600 millones de usuarios lo hace con su consentimiento. Lo aceptamos cuando creamos una cuenta y lo perpetuamos cuando subimos una foto o escribimos una nueva publicación: "Facebook, soy todo tuyo".

Fraudebook (Plaza y Valdés) es un ensayo de unas 100 páginas en el que Vicente Serrano Marín, doctor en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, ahonda en el viejo dilema que supone vender nuestros datos a una empresa. Nuestra privacidad a cambio de nuestras necesidades de comunicación. Un servicio gratuito por la fecha de nacimiento, nombre y apellidos. Y ya se sabe que, la mayoría de las veces, cuando algo es gratuito el producto es uno mismo.

'Fraudebook': toda la libertad que quita un 'like'

'Fraudebook'

¿Cómo banalizar nuestra vida? ¿Se le ocurre algún método mejor para quitarle importancia a ese paso por el hospital que subiendo una foto de su rotura de rodilla? ¿Y qué tal eso de demostrar que todo va mejor que cuando estábamos con nuestra expareja subiendo textos o fotos en los que disfrutamos la soledad? Todo se basa en demostrar. O en mostrar. Somos fuertes, tenemos una vida plena, disfrutamos con todo lo que hacemos y, por supuesto, tenemos amigos. Muchos amigos.

"La amistad no es el me gusta ni se acumula como las cuentas, ni mezcla intereses o simple exhibicionismo. Es algo más profundo y delicado", decía el autor a El Ciudadano. Ya no recordamos cómo se hacen amigos. Ahora solo los tenemos;  aceptando o declinando invitaciones. Al igual que el vídeo mató a la estrella de la radio, el Facebook ha terminado en gran medida con las citas a las seis, las cervezas en el parque o el "vamos a salir a dar una vuelta".

Facebook, el capitalismo, la mercancía

Las redes sociales vivieron su propia primavera al albor de las revueltas árabes, el 15M o el movimiento estudiantil chileno. Con ellas aumentó también la idea abstracta de libertad, lo que ayudó a desarrollar el sentimiento de estar comunicado y la necesidad de comunicación con el resto del mundo. Remontándonos al presente, ¿es el Safety Check que activa Facebook cuando ocurre un atentado una herramienta que libera o que controla?

Es una consecuencia. Un eslabón de la cadena en la que -recordemos- el final se presenta envuelto en forma de servicio a la comunidad, como satisfactor de necesidades y dador de información. Una cuenta en Facebook abre la ventana del mundo a la información, pero también la puerta de la habitación a ojos de fisgones e invitados no autorizados: gobiernos y empresas, sobre todo. Es como esa idea de la que escribía Michel Foucault y que denominaba "Ironía del dispositivo", en la que se nos hace creer que es justo ahí -en este caso Facebook- donde reside nuestra liberación.

'Fraudebook': toda la libertad que quita un 'like'

Vicente Serrano

Hay otra idea asociada a la alienación del individuo que revienta. La sensación de estar dentro de la rueda, de estar en sociedad sin contar con ella. Porque en Facebook todos contamos con un cierto ápice de narcisismo imbuido del aire autocomplaciente de aquel que disfruta mirando. Lo de sentirse bien justamente perteneciendo a algo, lo de rebosar felicidad por cada like que obtenemos y cada comentario que nos dejan en la biografía.

La biografía. Esa historia de nuestra vida que ya no es un álbum frente al hogar que enseñar a los amigos -como antaño-, sino la pantalla de un dispositivo donde la contenemos. "Considero esto como una falsedad cargada de narcisismo y exhibicionismo", decía el autor en enero. Y explicaba el por qué del título: "Una idea de libertad que no es tal, por eso lo llamo Fraudebook, como un dispositivo de control más del capitalismo y su afán por la mercancía". O lo que es lo mismo: la consecuencia final de un largo proceso en el que la condición afectiva, el valor de la amistad, la idea de libertad o la gratificación producida por un like transitan a modo de input y output por el individuo.

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