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Valencia, la ciudad suplantada por el neoliberalismo

Un trabajo de la Universidad de Valencia denuncia que la política de obras faraónicas y grandes eventos deja una ciudad “pensada para el consumo y sometida al mercado”

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El Ágora de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia

El Ágora de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, icono de la Valencia moderna.

Un trabajo de la Universidad de Valencia (UV) – La Ciudad Suplantada...- dibuja como queda la tercera ciudad de España en población tras 24 años de gobierno del PP de Rita Barberá: Con “pérdida de los espacios y servicios públicos”, sometida al “desmán de las actividades inmobiliarias”, bajo “la hipoteca que suponen las grandes inversiones para los ciudadanos” y sufriendo “la pérdida de referentes locales”. En resumen, la inversión pública en Valencia ha “priorizado a los de fuera (turistas) y no a los de dentro (ciudadanos)”.

El trabajo ha sido dirigido por Beatriz Santamarina, profesora de Antropología en la UV y publicado en Pasos, la revista de turismo y patrimonio cultural de la Universidad canaria de La Laguna. Además, ha escrutado la opinión de los vecinos de la ciudad a través decenas de entrevistas y grupos de discusión realizados en 2011 y 2013. Los valencianos reconocen los cambios en su urbe: “Nadie pone en duda que el despliegue de efectos, arquitectónicos y mediáticos efectuado en la capital del Turia ha transformado su imagen de manera considerable en el mundo”. Ahora bien, la aceptación del mantra que ha hecho fortuna –‘qué bonita está Valencia’- no está exenta de crítica. Al contrario. “De la supuesta y maravillosa metamorfosis sufrida se pasa a la realidad de la ciudad vivida, las incoherencias de una ciudad pensada para el consumo y sometida al mercado”.

La doble obscenidad del costo y el sobrecosto

Los ciudadanos, durante los grupos de discusión de la investigación, atacan “la pérdida de los espacios y servicios públicos, el desmán de las actividades inmobiliarias, la hipoteca que suponen las grandes inversiones para los ciudadanos y la pérdida de referentes locales”, casos del casco antiguo y la Valencia gótica de la Lonja, joyas modernistas como el Mercado Central o el de Colón o L´Albufera. En La Ciudad Suplantada trasciende un discurso ciudadano crítico, alejado del oficial. “La política desarrollada en la ciudad respondería a ‘intereses de tipo económicos’ y ‘particulares’ que explicarían una “doble obscenidad” de actualidad: “la del costo y el sobrecosto”.

Por ello, se requieren cambios urgentes: “Primero, cabe replantear el turismo VIP, que excluye y beneficia solo a unos pocos, además de cambiar los espacios turísticos hacia lugares democráticos donde haya cabida para todos los ciudadanos”. En segundo lugar, “exigir que las inversiones para los de fuera se correspondan con inversiones para los de dentro”. Los vecinos, al menos parte de ellos, protagonizan un “giro discursivo” y miran de manera “romántica y bucólica hacia el pasado de la ciudad” en “reprobación hacia la versión única de la ciudad turística hipermoderna y volcada al futuro”. Están cansados de una ciudad donde “la espectacularización de la ciudad [para los turistas] ha sido paralela a su precarización [para sus habitantes]".

No será fácil un cambio de modelo, sobre todo porque varios lustros de gobiernos del PP dejan Valencia y la Comunitat Valenciana “al borde de la quiebra”, pero, según La Ciudad Suplantada, el golpe de timón se necesita.“La política urbanística neoliberal deja un futuro incierto y el turismo de contenedores, un espejismo roto”.

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