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La chapuza de Canal 9 hunde al PP

La dirección del partido y el Consell suspenden todos sus actos y desaparecen de la escena pública tras la bochornosa retransmisión en directo del cierre de RTVV

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La imagen del cierre de Canal 9

La imagen del cierre de Canal 9

El PP está hundido. El patético espectáculo ofrecido al mundo con el cierre de Ràdio Televisió Valenciana (RTVV) ha debilitado aún más al presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, ha dejado en la picota al vicepresidente José Císcar, rostro visible del gobierno durante la crisis, y ha sumido en el desconcierto y la desmoralización a gran parte de los cuadros y bases del partido.

Nadie se explica la pésima gestión del cierre del servicio público, pero sus resultados están ahí. La oposición política está más unida que nunca, el apoyo a Canal 9 ha unido a grupos sociales diferentes por su transversalidad y los trabajadores de la televisión, ayudados por un potente altavoz ahora acallado, han machacado al PP por su gestión y prometen seguir dando guerra. Este sábado ya han convocado manifestaciones en Valencia y Alicante.

El PP, por el contrario, está acobardado, escondido. Toda la agenda pública de relevancia del partido –al menos, hasta cuatro actos- ha sido cancelada. El gobierno valenciano, reunido en pleno el viernes en Ibi (Alicante), tuvo que ser protegido por la policía ante las protestas de trabajadores de RTVV y otros colectivos. El mismo Císcar fue escoltado por las fuerzas de seguridad en Alicante, después de una comparecencia fantasmal a la que no asistió ningún periodista como protesta por la clausura de la televisión.

Ningún miembro del partido ha hablado en público después de que Paco Telefunken renunciara a apagar Canal 9. Por no pronunciarse, ni siquiera hablan en las redes sociales. Casi todos los asesores del partido habituados a defender sus posiciones de forma agresiva en twitter han enmudecido. La moral está muy baja.

“Muchos estamos abochornados por el cierre, grotesco y con un punto autoritario”, dice un cargo del PP bajo condición de anonimato. “Ha sido una monumental chapuza. Una cosa es despedir a trabajadores del sector público que no tienen altavoz y otra a los periodistas de Canal 9, que han manipulado la televisión para machacarnos”.

“Lo mejor ahora es pasar inadvertido y, también, respetar el dolor de los despedidos. Irse a la calle ahora es un drama”, añade el dirigente popular que, pese a todo, cree que el cierre de la televisión no tendrá coste electoral. “Apenas tenía audiencia y estaba muy desprestigiada. La verdad es que hemos hundido Canal 9. Tan triste como cierto”.

En esa coyuntura, el PP, en una decisión inédita, ha cancelado toda su agenda. Ni siquiera en el apogeo del caso Gürtel, cuando Francisco Camps estaba a punto de ser defenestrado, se tomaron decisiones tan drásticas. Algunas facciones del partido ya hablan de fin de ciclo. “Canal 9 puede ser nuestro Waterloo”, dice un militante del PP en alusión a la célebre batalla que hundió el imperio levantado por Francia. “Y Fabra, por supuesto, no es Napoleón”, remata el afiliado popular.

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