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Vigilantes en bici para proteger un bosque africano en peligro

Troncos cortados en una zona de bosque en la zona de Pirada (Guinea Bissau) / Foto: José Naranjo

José Naranjo

Kolda/ Para Alianza por la Solidaridad. —

“Cuando era niño, en los años setenta, era imposible que cruzara desde aquí hasta el otro pueblo de tanta vegetación y animales salvajes que había”. Mamadou Sane, de 50 años, señala lo que queda de todo aquello, unos pocos árboles diseminados, hierba seca y una enorme barranquera que se agranda en cada estación de lluvias y que se ha llevado por delante el viejo puente. Al desaparecer la cubierta vegetal, el agua se va llevando la tierra. “Es un secreto de Polichinella. El bosque de Pata y sus alrededores están amenazados y todos saben que la culpa es de la extracción ilegal de madera. Algunos son senegaleses, pero la mayoría gambianos. Vienen de noche, cortan y se la llevan a Gambia para venderla allí”, asegura Aliou Mballo, animador de la organización FODDE.

La presión que sufre el bosque es enorme. Durante años, esta zona, situada entre Gambia y Senegal, ha sido un lugar atractivo para la apertura de nuevos campos de cacahuete, sobre todo por parte de agricultores venidos de la zona de Saloum, más al norte. Los ganaderos hacen pastar a sus animales en el bosque. Y los árboles se usan de manera intensiva, transformándose en leña para cocinar o en madera para la construcción de viviendas. La protección legal de la que goza el bosque de Pata no impide su lenta destrucción. “Sólo hay un agente gubernamental para una franja de 100 kilómetros. Es imposible que controle todo”, recalca Mballo. El hecho de que esté cerca de la frontera facilita la actividad ilegal.

El proyecto SAGE puesto en marcha por la ONG española Alianza por la Solidaridad en el año 2011 centra parte de sus esfuerzos en tratar de frenar la desaparición de la masa forestal y en la restauración de los espacios degradados. Con el apoyo de FODDE y los comités creados ex profeso entre las distintas comunidades se han seleccionado voluntarios para que se encarguen de la vigilancia del bosque.

Alianza ha repartido 260 bicicletas para que puedan desplazarse y 260 carretillas para el transporte de distinto material, así como botas y bombas de agua. Uno de los problemas más extendidos es el de los incendios forestales, tanto intencionados como accidentales, que se extienden sin control como una plaga fatal. Estos vigilantes son clave tanto en su prevención como en su extinción, para lo que reciben formación.

Cerca de Diabougou hay un vivero. En total se han construido seis, de los que saldrán los plantones que se usen en las campañas de reforestación. Y es que, según Sara Carvajal, técnico de ordenación del territorio de APS, “en esta zona nos hemos centrado en una estrategia de restauración, la masa forestal ha sufrido una degradación enorme, así como el suelo. La presión antrópica es elevada sobre el bosque, uno de los problemas es que hay mucha gente que viene a usar los recursos forestales, tanto de Senegal como de la cercana Gambia, pero también a ocupar tierra cultivable”.

Muebles de bambú, bosques en crisis

A decenas de kilómetros hacia el sur, otra frontera, en este caso la que divide a Senegal con Guinea Bissau. Aquí el bosque no está tan deteriorado como en el norte, pero también es urgente la protección de lo que queda. El recurso más deseado en esta zona es el bambú, que crece de forma natural y que se usa para la construcción de muebles y para el vallado de las propiedades. Esta presión ha provocado que haya prácticamente desaparecido de la parte senegalesa, no así de la guineana, lo que provoca que muchos senegaleses crucen a territorio guineano para cortarlo de manera ilegal, lo que ya ha generado problemas con el servicio de protección de bosques de este país.

Se hace necesario buscar una estrategia de gestión compartida de los espacios forestales en las zonas transfronterizas. Y Alianza lleva tres años trabajando intensamente y en estrecha colaboración con la población y los técnicos locales en un documento, llamado el Plan de Ordenación y Gestión de los Espacios Transfronterizos (PAGET), que pretende ofrecer soluciones consensuadas a todos estos problemas.

Ibrahima Balde es el presidente del comité PAGET de Pirada (Guinea Bissau). “Los senegaleses y nosotros somos hermanos, nos hemos relacionado siempre, incluso hay muchos matrimonios entre personas de un lado y otro de la frontera. Nunca tuvimos un problema grave entre nosotros, siempre lo resolvimos todo con las autoridades locales. Es cierto que hay algunas discusiones relacionadas con la tierra o con el bosque, con el tema de la caña que vienen a cortar, pero con el PAGET tenemos un espacio en el que sentarnos y discutir”, asegura.

El bosque de Cupuda, que se extiende entre ambos países, es un pequeño paraíso natural bien conservado en el que habitan distintas especies de pájaros, hienas, monos, facóqueros, conejos o serpientes, entre otros animales. Sin embargo incluso allí la combinación fatal de las sequías y los incendios forestales provocados para la explotación ilegal de madera están acabando con este oasis. En esta zona, el proyecto SAGE está fomentando la repoblación de distintas especies buenas para la madera, como el pau de sange o la acacia, lo que permite mantener la cobertura forestal pero también un posible aprovechamiento económico.

Además, desde los años ochenta se ha visto un fuerte incremento de las plantaciones de árboles de anacardo, ocupando incluso antiguas zonas de cultivos de subsistencia, debido a la promoción llevada a cabo por el Gobierno de Guinea Bissau de esta especie. La situación empieza a ser preocupante porque empieza a parecerse demasiado a un monocultivo. De hecho, la comercialización de anacardo ya es una de las principales actividades económicas a ambos lados de la frontera. Sin embargo, hay una pega. Según Carvajal, “esta especie deteriora el suelo y se convierte en un problema cuando se planta de manera intensiva. Además en muchos casos han ocupado campos que estaban en su periodo de barbecho, que podían seguir siendo productivos para la agricultura”.

Tanto en la zona de Pata, con el problema de la explotación ilegal de madera para su uso como combustible o su venta en Gambia, como en la zona de Wasadou-Pirada, donde el corte de bambú para ser llevado a Senegal se practica de manera intensa, esta utilización descontrolada del bosque genera problemas intercomunitarios, por lo que se hace necesaria una gestión consensuada. Vigilar es importante, pero no puede ser la única opción. En este marco, el PAGET cobra todo su sentido. “No es que no exploten los recursos, es que lo hagan de una manera ordenada y sobre todo sostenible. Por ejemplo en la zona de Cupuda hay un enorme potencial de explotación forestal, está infravalorizado”, remata Carvajal.

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