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¿Se puede acabar con los mercados? Un libro explica cómo

Juan Ignacio Crespo en su libro Cómo acabar de una vez por todas con los mercados desmitifica la leyenda de estos agentes económicos

El autor analiza las contradicciones de las teorías económicas y aboga por el estudio histórico para no dejarse llevar por fenómenos aparentemente inexplicables

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La economía estadounidense se "resfría" en el primer trimestre

Los mercados tienen cara y ojos y son fáciles de desmontar.

La crisis financiera ha puesto el foco sobre unos personajes sin rostro que siembran el terror desde las páginas de economía: los mercados. Ellos han sido los que han hecho temblar a Europa -sobre todo a los países del sur-, los que han derribado gobiernos y quienes han obligado a los políticos a tomar medidas de austeridad que según aseguraban nos sacarían de la crisis –juzguen ustedes si hemos salido de ella-. Sin embargo, detrás de los mercados sí que hay caras. Las de las personas gestionan los fondos de inversión o las de los analistas que vaticinan los siguientes movimientos de las Bolsas. Es posible conocer los mercados e, incluso, es posible terminar con ellos. El economista Juan Ignacio Crespo en su libro Cómo acabar de una vez por todas con los mercados (Editorial Deusto) explica qué son, qué hay detrás de este sustantivo genérico y trata de arrojar luz sobre su comportamiento o la posibilidad de prever sus siguientes movimientos.

Este licenciado en Ciencias Matemáticas, con una amplia experiencia en el terreno económico -ha trabajado en el Tesoro, en Caja Madrid, Telefónica o Thomson Reuters- organiza el esqueleto de este libro en cuatro partes, que resumiría en frases a modo de cuatro tuits: “Que los mercados son más risibles que todopoderosos”; “Que el ahorro mundial acumulado los hace especialmente vulnerables”; “Que su comportamiento, contra lo que dicen los académicos, es predecible”; “Que su poder reside en que mientras los mercados son globales los gobiernos son locales”. Cuatro brochazos que desarrolla de forma profusa en 300 páginas, donde entremezcla la información con pinceladas de ironía, para quienes busquen una tesis más profunda que la que se puede ofrecer en los 140 caracteres de esta red social.

Mientras que muchos han dado por buena la máxima de que los mercados son todopoderosos, Crespo sostiene que, al contrario, estos son “risibles”. En este sentido, apunta varios fallos tanto de medición como de análisis. Así, habla de algunos economistas –véase el caso de Rogoff y Reinhart- que han creado teorías sobre cómo evoluciona la economía, o debería evolucionar, en función de parámetros que en muchos casos no están correctamente medidos. Una medicción que falla bien porque no existe una serie histórica suficientemente amplia o bien porque se han cometido fallos en el estudio. La economía no es una ciencia exacta vendría a ser la teoría que apunta Crespo, que muestra que a pesar de la imagen de todopoderosismo de los mercados estos están manejados por personas, con sus fallos, con sus contradicciones.

Unas paradojas que incluso se muestran al otorgar los Premios Nobel de esta disciplina. Un claro ejemplo se produjo cuando en 2013 el galardón recayó en Robert Shiller, junto Eugene Fama y Lars Harsen con teorías contrapuestas sobre el funcionamiento de los mercados en los dos primeros casos. Si a Shiller se le conoce por sus teorías sobre el comportamiento irracional de los inversores, a Fama por lo que se le reconoce es por mostrar la racionalidad de los mercados.

Otra de las ideas que apunta Crespo a la hora de analizar el papel de los mercados es que la economía, en muchas ocasiones, se trata como una pseudoteología y que como tal se parte de ciertos dogmas de fe. “La mayoría de las veces los economistas en general, y la gente que circula por los mercados en particular, argumentan como lo hacían los teólogos durante la Edad Media y los siglos que siguieron: argumentaciones construidas sobre entes hipotéticos, a los que nadie ha visto y que solo son definidos por una pequeñas características para que el nivel de abstracción sea grande y eso permita que sean manejables las argumentaciones”, escribe este experto. Así, si los silogismos y las argumentaciones no son las adecuadas, ¿cómo es posible que el resultado sea el correcto?

Predicciones y explicaciones

Hay explicación para lo que ocurre en los mercados. Esta sería el principio que se señala en el libro. Sin embargo, encontrar la respuesta a lo que ocurre no siempre es posible dado que puede que desconozcamos parte de la información necesaria. Un desplome de la Bolsa que en principio parece ajeno a la actualidad puede en realidad tener explicación. Cuando Société Generale se enteró de que su broker Jérôme Kerviel podría haber llevado al banco a la quiebra tras realizar una serie de operaciones millonarias de las que no había dado cuenta debidamente, el banco decidió deshacer la cartera de operaciones del bróker. Grandes ventas en el mercado que supusieron un fuerte aumento de la oferta y por tanto, una bajada de precios. De repente, se desplomó la Bolsa y para los ajenos a esta información, es decir, la mayor parte de los mortales, no había explicación. Sin embargo, la caída de la Bolsa tenía una razón de ser.

Para analizar los movimientos futuros de los mercados, el autor aboga por lo que él denomina el chartismo histórico, en referencia al análisis de comportamiento de los índices bursátiles en el pasado para poder predecir los movimientos del futuro. En este aspecto y dado que la bolsa estadounidense es la que más historia tiene el autor apunta que es necesario estudiar lo que ocurre al otro lado del Atlántico para poder intentar buscar una respuesta a la crisis mundial. Eso sí, el experto señala que este método es válido para analizar una tendencia generalizada en el futuro pero no para el día a día.

Lo que se deduce de la lectura del libro es que es posible desmitificar a los mercados. Estos, o más bien los agentes que operan en ellos- cometen errores, dependen de otros actores económicos y toman buenas decisiones, pero también malas. Conocerlos es la mejor forma de acabar con ellos, aunque solo sea metafóricamente hablando, porque como escribió Sun Tzu en El arte de la guerra: “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no deberás temer el resultado de cien batalla”. 

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