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Quienes sobran son ellos

Y ya no confiamos en quienes nos representan, básicamente porque no gobiernan para nosotros, sino para quienes corrompen la política, para quienes les financian las campañas electorales y las fundaciones

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Extrabajadores de Delphi piden "ayuda" al Parlamento Europeo y medidas para crear empleo en la provincia

Extrabajadores de Delphi piden "ayuda" al Parlamento Europeo y medidas para crear empleo en la provincia

Unas pancartas colgadas en el edificio de los sindicatos en Cádiz nos recuerdan que 618 trabajadores de Delphi siguen esperando una solución tras más de siete años desde que la fábrica cerrara para trasladarse a Tánger y Polonia, alimentando así la carrera a la baja por los derechos laborales y la búsqueda de mayores beneficios empresariales. Estos días diez representantes de Delphi, de los cuatro sindicatos implicados en el conflicto y del colectivo que mantiene un encierro desde hace más de 300 días, han pasado por Bruselas, dejando ver sus pancartas y camisetas por el Parlamento Europeo.

En una reunión con diputadas y diputados en la fría y burocrática Bruselas, Miguel Paramio trata de aguantar el tipo explicando con diapositivas la historia del conflicto. Pero las imágenes en la pantalla son algo más que un ‘copia y pega’ y provocan que al sindicalista se le rompa la voz en llanto y se le desmorone el cuerpo hasta el punto de no poder continuar. Delante de él, la funcionaria de la Comisión Europea comprueba que los 10,5 millones del Fondo de Adaptación a la Globalización que enviaron hace siete años a la Junta de Andalucía no han conseguido frenar el llanto y el sufrimiento de las víctimas de la avaricia de las multinacionales. “Trabajadores excedentes” es el término que se usa en la jerga institucional para referirse a quienes vieron sus vidas y sueños truncados por el cierre de su empresa.

Delphi anunció su cierre en 2007, dejando en la calle a casi 2.000 trabajadores, en una zona ya de por sí castigada por el desempleo. La Junta de Andalucía garantizó entonces que serían recolocados, que el cierre no supondría destruir empleos. Y con esa garantía se firmó un acuerdo de colaboración que se comprometía a recolocar al 100% de la plantilla, mientras dejaba que la empresa, que para entonces había recibido más de 62 millones de euros en subvenciones de la Junta, se marchase de nuestra tierra sin cumplir los acuerdos que tenía firmados con el gobierno andaluz. Desde entonces, más de la mitad de la plantilla se prejubiló, quienes pudieron se fueron a buscar trabajo fuera, otros encontraron algo en el mermado mercado laboral gaditano y otros se quedaron en el desempleo. 547 han estado haciendo cursos de formación. Unos pocos tuvieron la suerte de ser recolocados en Alestis. A otros tantos, recolocados en Gadir Solar, la suerte les duró apenas dos años: exactamente hasta que los ataques a las renovables del gobierno del PP hicieron inviable la iniciativa.

El Gobierno andaluz dice que ya cumplió en su momento. En el caso de Gadir Solar, la Junta cumplió efectivamente recolocándoles entonces, pero hoy se lava las manos y mira para otro lado cuando el cierre de esta empresa vuelve a dejarles en paro. Estamos hablando de más de 90 trabajadores. La cifra se dice pronto, pero detrás hay 90 familias sin ingresos, sin poder poner un plato de comida en la mesa, sin poder soñar muy alto, sin poder hacer planes o teniendo que hacer las maletas dejando atrás a su familia, su casa, su barrio, sus vidas tal y como un día pensaron que serían.

Poco cumplimiento es ese del que la Junta de Andalucía se colgó la medalla entonces y hoy se sacude impunemente la responsabilidad, a pesar de que las consecuencias y el motivo siguen siendo los mismos. De la misma manera que dicen haber cumplido con los trabajadores que desde el cierre de Delphi han ido llegando a la edad en la que en su momento les aseguraron que podrían acogerse a la prejubilación. Hoy, reformas laborales y de las pensiones mediante, esas condiciones han cambiado y la promesa de prejubilación se ha vuelto inviable en la práctica. Pero quienes se apuntaron el tanto político entonces ahora no dan la cara para asegurarse que aquel compromiso se cumple realmente.

Nosotros no tenemos una varita mágica ni la irresponsabilidad de pretender vender soluciones milagrosas a este conflicto enquistado o a tantos otros problemas que afectan a nuestra tierra, a nuestra gente. Pero lo que sí tenemos es decencia y ojos: por eso vemos pero no entendemos que, para tapar su incapacidad, el gobierno de la Junta haya optado por desprestigiar y criminalizar a este colectivo, por tratar de borrarlo de un plumazo de la lista de compromisos pendientes. Cuando hablamos de gobernar de otra manera nos referimos precisamente a eso: comprometerse y no cejar en el empeño hasta cumplir, dejándose la piel antes de dar carpetazo.

Quienes nos gobiernan no tienen que explicar a sus hijos por qué no hay para comer en casa. No saben lo que es sentirse como un cero a la izquierda, derrotados, mientras ven a unos y a otros, en Madrid y en Sevilla, pasándose la pelota. No saben lo que es salir día tras día a buscar trabajo, ver pasar las horas, los días y los años, siete van ya, esperando y escuchando promesas que quedan en nada. Los de arriba no saben lo que es sufrir el desprecio que sienten en sus carnes quienes una vez votaron pensando que estos lo harían mejor que aquellos, porque al menos eran menos malos. Simplemente no tienen ese miedo cotidiano a la pobreza tan presente en cada vez más hogares.

Para los de arriba, Delphi es una cifra, una empresa más que cerró y deslocalizó su planta a otras zonas del planeta. Otro “daño colateral” más de esta globalización salvaje. 600 parados más que añadir a la lista de afectados por un sistema económico que vomita gente, como diría Eduardo Galeano. Para nosotros no. En su visita al Parlamento Europeo, los ex-trabajadores de Delphi coincidieron con un grupo de Juventud sin Futuro, otra cara de la misma moneda. Las caras de los miles de jóvenes que no encuentran trabajo, que no tienen futuro en este país que envejece viendo a su juventud exiliarse. En el caso de mi provincia, esta realidad es aplastante: Cádiz envejece cada año un poco más, tras décadas de desmantelamiento industrial, sin perspectivas de futuro.

La recolocación de los trabajadores de Delphi no depende de parches concretos ni de colgarse medallas en actos protocolarios, sino que pasa por la creación de empleo en la Bahía de Cádiz, para ellos y para quienes vengan detrás. Un ejemplo aplicable a tantos otros territorios, a tantos otros conflictos y realidades. Por eso Delphi seguimos siendo todos. Y por eso mismo ya no confiamos en quienes nos representan, básicamente porque no gobiernan para nosotros, sino para quienes corrompen la política, para quienes les financian las campañas electorales y las fundaciones. Pero ya basta. No queremos más de lo mismo. Ni en Cádiz, ni en Andalucía, ni en Madrid, ni en Bruselas. Quienes sobran son ellos.

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