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Vuelven los cortes de tráfico en la Gran Vía

La restricción a los coches, que redujo el tráfico a la mitad según el Ayuntamiento, se repite desde el viernes hasta el domingo

En los primeros 11 días de medida, creció el uso del metro y los autobuses aunque la puntualidad fue muy similar a otras jornadas

La polución fue oscilante: bajó y luego ascendió durante la aplicación del dispositivo que ahora se reinicia. La estación medidora de la zona no da datos desde hace ocho días

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La Gran Vía de Madrid. EFE

Este viernes comienza la segunda fase de restricciones al tráfico en la Gran Vía de Madrid. Desde las 17.00, gran parte de la calzada volverá a convertirse en zona peatonal. Solo quedarán dos carriles para el transporte público, emergencias, repartidores o residentes. Estos cortes, que durarán hasta el domingo 18 de diciembre, siguen a los decretados entre los días 2 y 11 y actúan como prueba piloto para una peatonalización permanente. ¿Cómo está yendo el proyecto? Los datos indican menor tráfico, más demanda de autobuses y una polución que sube y baja.

Las restricciones han provocado debate y una amenaza de acción judicial por parte del Partido Popular. Con todo, impedir el acceso de automóviles ha desplomado la intensidad del tráfico en la propia Gran Vía. El Ayuntamiento ha cuantificado esa caída y asegura que el volumen bajó al 50% lo que dejaría el flujo de coches en algo más de 10.000 diarios en lugar de los casi 25.000.

Ese es el resultado más directo de la medida aunque el consistorio ha avisado de que debe hacerse un "balance completo cuando el operativo finalice". Eso será el 8 de enero ya que la tercera fase prevista comienza el 23 de diciembre y se prolonga de manera ininterrumpida hasta comienzos de 2017, según el decreto redactado por el Gobierno local. De momento, la delegada de Movilidad, Inés Sabanés, ha expresado en la comisión municipal que "está teniendo un resultado satisfactorio". 

Pero, además, el corte en la arteria interior extiende sus efectos al tráfico ya que sus carriles son utilizados como ruta habitual por muchos conductores. La semipeatonalización ha llevado aparejada restricciones en una corona de radio más amplía donde debe controlarse el paso de coches antes de llegar a la Gran Vía. Hasta ocho puntos de acceso a la almendra más central de la ciudad. El Ayuntamiento expone que, en la semana laborable en la que estuvo activo el dispositivo, se arrancó con problemas de tráfico en las principales confluencias y la M-30 de circunvalación. Los coches no se habían quedado en los garajes sino que buscaban itinerarios alternativos.

Al avanzar la aplicación, el equipo de la alcaldesa Manuela Carmena argumenta que las grandes arterias de tráfico (Princesa, Recoletos o San Vicente) fueron entre un 10 y un 19% más fluidas que en las mismas fechas de 2015, es decir, menos automóviles en la calzada. 

Afluencia peatonal

El Ayuntamiento indica que "la gran afluencia de peatones a la zona centro ha ocasionado algunos momentos de dificultades de circulación en las aceras". Lo cierto es que durante algunas de las jornadas, sobre todo en el fin de semana, la policía tuvo que cortar calles peatonales ante la aglomeración de transeúntes. 

Esa "gran afluencia" sí supuso una mayor presión sobre el sistema de transporte público. "El incremento medio de la demanda de autobuses de la Empresa Municipal fue del 13,5%", ha indicado el departamento de Movilidad. "Ha mejorado la frecuencia de paso", explican. Más usuarios y mayor cadencia aunque, más o menos, la misma velocidad si se atiende a la puntualidad en hora pico que ha sido, "un 1% mejor", según los registros oficiales.

En realidad, para desplazarse a la zona central de la ciudad, la mayor presión se coloca en los medios subterráneos como el metro o las cercanías. Ambos fueron más utilizados estos días: el suburbano, que está gestionado por el Ejecutivo regional, creció un 5% y los trenes del Ministerio de Fomento el 20%. 

Contaminación oscilante

La contaminación en Madrid es un problema ahora admitido aunque palpable desde hace más de una década. En España, el dióxido de nitrógeno que viene sobre todo de los tubos de escape cuesta unas 5.900 muertes prematuras al año, según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Tres cuartas partes del NO2 del aire de la ciudad llega del tráfico.

En este contexto, la polución durante los días de cortes en Gran Vía osciló. La única estación dentro del ámbito de esta arteria –la de la plaza del Carmen– registró una caída de NO2 tres días seguidos e incluso llegó a quedar por debajo del límite legal permitido para protección de la salud. Pero luego ascendió otros tres para caer de nuevo. A partir del 8 de diciembre, la estación no da mediciones al estar "en renovación de instalaciones".

Hace un año, la misma estación midió niveles muy superiores pero, hay que tener en cuenta que en las fechas anteriores a los cortes, la contaminación ya era mucho más baja que en esas mismas jornadas de 2015. Es decir, este diciembre de 2016 aunque por encima de los valores legales, está en mejores condiciones que hace 12 meses.

La otra estación medidora más cercana (colocada al inicio de la Gran Vía cortada, en la plaza de España) ha tenido un comportamiento similar: bajadas y subidas en las lecturas del dióxido de nitrógeno a lo largo de los 11 días de la fase I.

Los cálculos del estudio de Afección de la Contaminación en la Salud Pública de 23 Ciudades Europeas (Apheis) promovido por la Comisión Europea señalaron que hasta 1.600 muertes al año serían prevenibles en Madrid si se rebajara la polución. Y hacía hincapié en las afecciones cardiovasculares, pulmonares e incluso el cáncer que afecta a la población que convive con aire excesivamente contaminado.

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