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La apropiación por las élites extractivas de las aguas y nacientes de nuestras montañas

Un grupo empresarial pretende que se declare el agua procedente de los manantiales del valle del Corneja como agua natural para su explotación.

Las comunidades de regantes de la zona reclaman ayuda institucional ante el silencio de la Junta de Castilla y León y de la Confederación Hidrográfica del Duero.

"No se trata de una simple aproximación al estudio de las calidades de las agua por parte del grupo empresarial, sino de un proceso de apropiación de los manantiales y alumbramientos  que con hermosos topónimos (“Hoya de Camacho”, “Salegas del Arrecido”)  pertenecen a los municipios del Valle del Corneja".

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Representantes de los regantes del río Corneja, tras reunirse en contra de de que les quiten las aguas de su río.

Representantes de los regantes del río Corneja, tras reunirse en contra de de que les quiten las aguas de su río.

No es una noticia puntual, ni mucho menos baladí. Es un proceso que de manera sistemática y silenciosa, con la ayuda de algunos ejecutivos, políticos y burócratas serviles, las élites extractivas de nuestro país se aprestan desde hace varios lustros a privatizar recursos tan vitales como el agua y en particular algunos manantiales y fuentes de nuestras sierras y montañas. Ahora le ha tocado al agua de Gredos.

El día 21 de agosto, varios cientos de vecinos de los términos municipales de Villafranca de la Sierra, Navaescurial, San Martín de la Vega del Alberche y Navacepedilla de Corneja  se reunieron en San Miguel de Corneja para manifestar su total rechazo al expolio del agua de Gredos y defender sus recursos públicos de la privatización y apropiación. Como bien saben quienes habitan aún estas sierras, las reservas de agua para los pueblos y para sus vegas y prados, se encuentran en las “hoyas”, “navas”, o “tremedales” de sus sierras y cumbres, relacionándose con turberas y neveros, que dan lugar a manantiales y alumbramientos de gran significado ambiental y cultural en las cabeceras de los valles del río Alberche o del río Tormes. En la divisoria de aguas de estos grandes afluentes del Tajo y del Duero topamos con  grandes reservas de agua, entre ellas  las de la Sierra de Villafranca y nacientes del Valle del río Corneja. Están en las entrañas de la tierra, gracias a las nieves y precipitaciones y no son minerales. Y sí muy saludables, naturalmente, pero el marketing de nuestro tiempo se encarga de convertirlas en embotelladas para hacernos llegar y consumir. Los ingenieros mineros de los Servicios de Industria y Minas pretenden que no dependan de las confederaciones hidrográficas y así buscan que los departamentos y direcciones de minas sean quienes deciden las concesiones (Ley de Minas, 1973) y, por tanto, dejar de lado la Ley de Aguas (2001 y actualizada hasta ahora) y la Directiva Marco del Agua (2000).

Sobre estos alumbramientos y reservas ha puesto sus ojos y su maquinaria de presión administrativa un gran grupo económico que inició su andadura en esta región y que tiene una querencia especial por estas sierras. Algunos aún recuerdan el grave accidente de los Ángeles de San Rafael (1969); allí estaba SPAR celebrando la modernización del mercado y distribución de la alimentación en España junto al promotor inmobiliario J.Gil y Gil. El régimen franquista les perdonó pronto tantas muertes.

En el año 1974,  la concesión del manantial de Ortigosa del Monte permitió a Industrias Lácteas Pascual comercializar la marca de agua mineral Bezoya. Más recientemente, ampliaría su presencia y concesiones a la cabecera del río Cambrones, en los bordes mismos del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, en la vertiente segoviana. Las consecuencias ambientales para el discurrir de las aguas  han sido dramáticas, particularmente en los años secos.

Las circunstancias endógenas de estos pueblos son francamente difíciles, despoblados y envejecidos. Ya  llegan menos ganados trashumantes que antaño pastaban en las cimas de las sierras y alegraban la vida de los pueblos. El desarrollo local y el turismo poco integrado no han creado las bases vitales para defender los bienes propios. Y la soledad y el desamparo dominan  la vida cotidiana, tras el fulgor festivo del verano. De ello se aprovechan quienes ven en nuestras montañas recursos estratégicos y cuantiosas plusvalías en forma de agua embotellada. No se trata de una simple aproximación al estudio de las calidades de las agua por parte de la corporación empresarial, sino de un proceso de apropiación (solicitud de declaración de agua mineral natural) de los manantiales y alumbramientos que con hermosos topónimos (“Hoya de Camacho”, “Salegas del Arrecido”)  pertenecen a los municipios citados. Los habitantes han dado la voz de alarma, las comunidades de regantes denuncian su desprotección y el silencio  cómplice de la Junta de Castilla y León y la población vinculada y originaria de estos pueblos han visto cómo el compromiso con las generaciones pasadas y con las futuras se quiebra en sus raíces más profundas. Pierden, perdemos todos, el control público y común del recurso más necesario y vital: el agua.

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