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La crisis de doña Petra

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Fernando Gil Villa, profesor de la Universidad de Salamanca.

Fernando Gil Villa, profesor de la Universidad de Salamanca.

Petra iza con dificultad su cuerpo ovalado por el tramo de escaleras que lleva al ascensor. En el rellano le cambia el semblante cuando ve a mi hija de poco más de un año. Le agarra la cabeza con las dos manos y le estampa un beso múltiple y sonoro en la mejilla. Sorprendentemente la niña no llora, al contrario, parece como si sus ojos brillaran más de lo normal durante ese instante.

Ese día me toca la lección 73 de francés con el método Assimil: Los recuerdos ( Les souvenirs). Leo:

-“¿Cómo era Francia antes de la guerra, abuelo?

-¡Ah, si supieras: era muy diferente de ahora! No éramos tan ricos y no teníamos tantas cosas buenas pero creo que vivíamos mejor que hoy. Mi padre tenía un gran jardín y cultivaba todas nuestras legumbres; y yo y mis amigos trabajábamos para un granjero que nos daba huevos frescos y leche que todavía estaba templada. No se comía mucha carne en esa época. Pero había otra cosa: la gente era más amable. Se hablaban, se conocían todos y nos preguntaban siempre por los demás…Los niños no se dormían cuando sus abuelos les contaban historias”.

Pienso que es Petra quien habla, porque ella nació también poco antes de la guerra, aunque fuera otra guerra. Después tuvo que aprender a compartir, a vivir con poco y a tirar menos. Hace años que ningún vecino llama a su puerta para pedirle sal o huevos. La pareja de estudiantes que alquiló al lado no podrían porque son, no sé si vagos, pero sí noctívagos. Puede decirse que viven en universos paralelos. Petra no gasta tanta luz, no va todos los días a los Chinos o al Corte Inglés, no bebe ni fuma, no usa Internet y apenas ve la televisión, porque aunque hasta los dibujos animados le marean. Prefiere la radio. Su tiempo y su tempo son otros. Sus amigas no se materializan en las pantallas sino en el parque cuando sale el sol. No se levanta angustiada para escuchar la nueva cotización de la prima de riesgo. No vive la cuenta atrás de la crisis sino la de la vida, y con una resignación que sería digna de elogio sino pasara desapercibida.

Petra representa la generación de la presencia, la sobriedad y la solidaridad, frente a la virtual, neurótica y egoísta en la que estamos empantanados la gran mayoría. Forma parte de ese tercio de españoles que en las últimas encuestas opina que la crisis prácticamente no afectó a su vida diaria. Si Petra tuviera que elegir entre un aumento de 100 euros mensuales en su pensión o una ración diaria de besos conectores de mi hija…

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