eldiario.es

Menú

eldiarionorte Cantabria eldiarionorte Cantabria

Jardineros

Los buenos jardineros dejan a un lado su vanidad y saben que no queda más remedio que bailar con la naturaleza, adaptarse a sus ritmos, tolerar sus exigencias

- PUBLICIDAD -
Jardin de fleurs -  Gustav Klimt

Jardin de fleurs - Gustav Klimt

Cuidar un jardín es echar un pulso a la naturaleza. La naturaleza dice: "por aquí". Y el jardinero responde: "por allí". Donde la naturaleza hace crecer un cardo llega el jardinero y hace lo posible para eliminarlo: lo arranca de raíz, lo baña con herbicidas, lo mutila con una desbrozadora. Lo que haga falta. Y luego, cuidadosamente, cava un agujero y planta un jazmín y lo riega con esmero y lo alimenta.

Cultivamos jardines con la ilusión de que podremos imponer nuestro orden a leyes que no hemos escrito nosotros, leyes a las que no queremos obedecer y que no nos obedecen. El jardinero aspira a intervenir en lo natural para domar sus reglas caóticas, para decir: “Mando yo”, para crear la ilusión de que puede dominar lo inesperado. Es una batalla sin cuartel en la que el jardinero nunca puede detenerse porque si se detiene la naturaleza lo pasa por encima. Al menor descuido, un hongo ataca un arbusto que se quiere sano, o unos topos arruinan el césped, o un vendaval derriba un árbol, o un sol abrasador quema las flores que con cuidado se han estado cultivando.

Los malos jardineros tienen prisa, arrancan árboles centenarios para plantarlos en sus fincas, no quieren esperar, piensan que pueden doblar el brazo a la naturaleza e imponer un paisaje, una idea de belleza. Y a veces, con grandes derroches de energía, de arrogancia y de medios, lo hacen. Aunque la naturaleza, que espera y espera y espera, siempre se acaba cobrando su pieza. Los buenos jardineros son pacientes y saben que difícilmente llegarán a contemplar el esplendor del jardín en el que están trabajando. Los buenos jardineros dejan a un lado su vanidad y su soberbia porque han sido humillados muchas veces y saben que no queda más remedio que bailar con la naturaleza, adaptarse a sus ritmos, tolerar sus exigencias, mostrarse sumisos ante su poder, sentirse insignificantes, obedecer sus reglas.

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha