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¿Confluir o no confluir? Lo que nos dicen los resultados del 24M

En su decisión por confluir o no confluir, y a la luz de los resultados del 24M, puede que Podemos tenga que valorar concurrir a unas elecciones generales en compañía pero con posibilidades de disputar la primera posición como sucedió en Madrid o Barcelona, o en solitario pero con claros límites para superar un tercer puesto.

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Como ya lo sabrán mucho de nuestros lectores, en Piedras de papel nos gusta fundamentar los argumentos con datos. No por el simple hecho de sacar gráficos bonitos, sino por la arraigada creencia de que aportar evidencia empírica es fundamental para interpretar la realidad de una manera más rigurosa, así como también un ejercicio esencial a la hora de promover un debate político más analítico y menos basado solo en opiniones personales, lo cual lo hace más transparente, informado y abierto a la crítica.

El martes pasado publicamos un  post colectivo en donde uno de los análisis sobre los resultados del 24M iba acompañado de un  gráfico producido por un servidor. En pocas palabras, los datos mostraban que entre las capitales de provincia las candidaturas ciudadanas apoyadas por Podemos en las elecciones municipales habían recogido en su mayoría menos porcentaje de voto que los conseguidos por Podemos con su marca en solitario en las elecciones autonómicas (en las mismas ciudades). Una de las conclusiones era que la experiencia de Madrid parecía más la excepción que la regla para valorar el triunfo de las candidaturas ciudadanas. Una conclusión que algunos lectores consideraron desde errónea hasta tramposa.

Dejando al margen las imputaciones sobre malas intenciones, decidí aparcar el análisis cuantitativo para recabar más y mejor información cualitativa sobre las candidaturas ciudadanas en estas ciudades consultando a personas que han seguido con mayor atención estos procesos. El oportunismo metodológico también es, para algunos, un sano ejercicio en nuestra profesión. El resultado inmediato fue reconocer la necesidad de establecer una clasificación menos generalista respecto estas candidaturas incluso a costa de perder fuerza comparativa con los datos. ¿Por qué? Pues porque los procesos de confluencias entre los partidos políticos, los movimientos sociales, las organizaciones vecinales u otras organizaciones junto a Podemos han sido muy heterogéneos y por tanto muy complicados de agrupar bajo una sola etiqueta. Es en este sentido que a algunos lectores les había parecido injusta la comparación hecha en el gráfico, sobre todo porque podía llevar a hacer una lectura equivocada de las candidaturas ciudadanas unitarias como fuerza política alternativa a Podemos.

El dilema de confluir o no confluir es ahora mismo una de las discusiones más importantes en el mundo de los partidos en la órbita de la izquierda, en el mundo de Podemos y en el mundo de los movimientos sociales. Y seguramente también lo será pronto en el debate público. En el fondo lo que se está discutiendo –y a lo que pretende contribuir este análisis– es sobre las dos almas de Podemos: la del primer Podemos más cerca del espíritu y la horizontalidad del 15M, con una fuerte apuesta por el liderazgo colectivo y el empoderamiento de la ciudadanía, todo reflejado en algunas candidaturas de confluencia, o la del Podemos post-Vistalegre, monocolor, vertical y con un liderazgo personalista muy marcado. De ahí la inquietud por saber con los resultados del 24M en la mano qué formula había tenido más éxito, si la de la confluencia o la de Podemos a solas.

Por este motivo he creído conveniente atender a las críticas y reevaluar los datos a la luz de otro tipo de clasificaciones ahora mejor informadas.

La objeción con más sentido que surgió inmediatamente es aquella que dice que no todas las candidaturas ciudadanas han sido “unitarias”, es decir, en donde la confluencia –como ha apuntado Juan Luis Sánchez– no ha madurado lo suficiente. Las candidaturas unitarias en donde sí es posible hablar de confluencia y en las que realmente se ve reflejado ese espíritu quincemayista en el que muchos desearían que se mirase Podemos son fundamentalmente las que se presentaron en A Coruña, Barcelona, Burgos, Guadalajara, Madrid, Pontevedra, Salamanca y Zaragoza. Las candidaturas de Ahora Madrid (a pesar de una parte de IUCM), Barcelona en Comú, Zaragoza en Común y las Mareas gallegas (Marea Atlántica, Marea Pontevedra junto a Compostela Aberta en Santiago) son los ejemplos de confluencia por antonomasia. Y a pesar de que en Guadalajara la candidatura Ahora Guadalajara haya tenido que competir con un “Ganemos” bastante marginal, y que en Salamanca un parte del movimiento vecinal se haya salido del proceso de confluencia para competir por su cuenta (Vecinos por Salamanca), creo que no es muy arriesgado clasificar a estos casos como claros ejemplos de candidaturas unitarias. Quizás una de las ciudades que pueda echarse en falta bajo esta etiqueta es Alicante. Guanyar Alacant ha conseguido juntar a Esquerra Unida, Esquerra Republicana, Els Verds y Podemos, pero ha competido con Compromis donde estaba integrado, entre otros, Equo.

Si miramos cómo lo han hecho estas candidaturas ciudadanas en las elecciones municipales respecto a la marca Podemos en solitario en las elecciones autonómicas (lo que nos obliga a excluir a Barcelona, Galicia y Euskadi), vemos que en 4 de 5 capitales de provincias las primeras lo hicieron mejor. La magnitud de la victoria de Ahora Madrid sí que es una gran excepción. El diferencial en número de papeletas de Ahora Madrid con Podemos Madrid es de 232.237, y en porcentaje del total de votos emitidos 14.12% (así corregiríamos de forma imperfecta pero no muy problemática el hecho de que en las elecciones locales el censo siempre es más grande).

En el resto –Burgos, Guadalajara y Zaragoza- la diferencia en términos porcentuales no ha alcanzado el 5% o ha sido insignificante. En la ciudad de Salamanca, la candidatura de Podemos en Castilla y León ha resultado más atractiva que la de candidatura unitaria Ganemos Salamanca. El primer gráfico de los que aparecen aquí abajo muestra dichas diferencias. El segundo contrasta el número de votos totales recogidos por estas candidaturas y por Podemos en las autonómicas. La diferencia que se observa a favor de las plataformas de confluencia se debe fundamentalmente a Madrid. Cuando quitamos los votos a la candidatura de Manuela Carmena, vemos que los recogidos por las candidaturas que clasifican como de estricta unidad son, en total, menores en cantidad que los ganados por la marca Podemos a en solitario. La diferencia son un poco más de dos mil votos a favor de esta última.

Diferencia entre voto a Podemos en autonómicas y a candidaturas ciudadanas de unidad

cand_unidad

Total votos elecciones locales y autonómicas

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Por otro lado, en muchas otras ciudades si bien se pusieron en marcha procesos de confluencia, ésta no se ha conseguido completamente o se ha quedado a medias. Es por eso que encontramos casos en donde una candidatura ciudadana compuesta por partidos y apoyada por Podemos compite con otra candidatura ciudadana o partido que se esperaba que confluyera con estas plataformas. Es decir, se trata de ciudades en donde ha habido confluencia –fundamentalmente con la participación de Podemos– pero no unidad. En Bilbao, por ejemplo, Udalberri-Bilbao en Común ha competido con un Ganemos que ha logrado un 6.5% de los votos. O en Las Palmas de Gran Canaria, en donde lista de Las Palmas de Gran Canaria Sí Puede se midió con Canarias Decide (apoyada por IU, los Verdes, Unidad del Pueblo y Alternativa Republicana). Casos similares podrían ser los de Córdoba, Granada, Jaén, Málaga, Pamplona (en ninguna de estas 5 ciudades se consiguió confluir con IU), o –la que excluimos antes del grupo de candidaturas de unidad– Alicante.

En este grupo de ciudades el resultado de la marca Podemos en las autonómicas fue mejor que el de las candidaturas ciudadanas de confluencia pero no unidad. Solo con la excepción de Alicante. En las Palmas de Gran Canaria el diferencial llega a ser mayor de 7 puntos porcentuales. En el resto no pasan la barrera del 5%. A pesar de todo, estamos ante escenarios en donde las candidaturas de confluencia apoyadas por Podemos han quedado muy igualadas a los resultados de la marca Podemos.

Diferencia entre voto a Podemos en autonómicas

y a candidaturas de confluencia (apoyadas porPodemos) pero sin unidad

cand_ganemosP_sin_unidad

Otra objeción que con buen criterio se ha señalado es aquella que apunta al extremo opuesto de las candidaturas de unidad, es decir, a aquellas candidaturas ciudadanas que de facto eran “marcas blancas” de Podemos, en donde no había habido ni confluencia alguna ni mucho menos unidad. Se trata de candidaturas en donde el apoyo de los de Iglesias no iba acompañado de ninguna formación política destacada y que en ocasiones competía contra otras plataformas ciudadanas. Casos como este son los de Badajoz, Castellón, Cáceres, Cádiz, Oviedo, Palma de Mallorca, Soria, Valencia y Valladolid. En Valladolid, por ejemplo, la confluencia que no pudo ser fue entre los de Valladolid Tomar la Palabra y los de Sí Se Puede Valladolid. Esta última patrocinada por Podemos. En Badajoz, por poner otro ejemplo aun más complejo, ha habido tres candidaturas ciudadanas compitiendo por el mismo espacio político: Ganemos IU-Los Verdes, Recuperar Badajoz (apoyada por Podemos), y Badajoz en Común. Un escenario similar al que se dio también en Cáceres o Palma.

En todos estos casos Podemos consiguió mejores resultados por su cuenta en las autonómicas que con las candidaturas municipales. Sea por la competición que tenían en su espacio político, sea porque los ciudadanos consideraron que la no-confluencia no era atractiva.

Diferencia entre voto a Podemos en autonómicas y a candidaturas ciudadanas solo apoyadas por Podemos

cand_blancas_sin_unidad

De estos resultados se pueden desprender varias interpretaciones acerca de la pregunta que nos ocupa: ¿Confluir o no confluir? Aquí va la mía.

A pesar de que se hable mucho de las candidaturas de confluencia, la unidad real entre partidos, movimientos y otro tipo de plataformas ciudadanas no se ha conseguido en muchas de las ciudades más importantes de España. Es cierto que haberlo conseguido en Madrid y Barcelona es muy significativo. Si se suman las papeletas del 24M de Ahora Madrid y de Barcelona en Comú se juntan cerca de 700 mil votos. Pero si bien estas experiencias –junto a otras – pueden servir de referencia para Podemos a la hora de valorar la estrategia de la confluencia, también es cierto que tendrán en cuenta todos los obstáculos que han impedido la confluencia y la unidad en otras plazas importantes. En la mayoría de estos casos, Podemos ha hecho una mejor elección por su propia cuenta. Aunque quizás podría haberlo hecho aun mejor si hubiese conseguido propiciar más verdaderas candidaturas de unidad popular.

Esto me lleva a una de las conclusiones que creo se presentan con mayor nitidez a la luz de los resultados del 24M. En su decisión por confluir o no confluir, o dicho de otro modo, en su decisión de acentuar el perfil de un Podemos más parecido a su momento fundacional o a su perfil post-Vistalegre, los dirigente de este partido seguramente tengan que valorar la posibilidad de que la primera de estas opciones aumenta su posibilidades de presentarse en las elecciones generales como el único y fiel representante del cambio  político "parido" por el 15M, algo parecido a lo que sucedió en Madrid o Barcelona. Esto aumentaría -estrategia de polarización mediante- su posibilidadaes de conquistar la Moncloa, pero –eso sí– con compañeros de viaje. La otra opción, aunque dejaría a Podemos en solitario, puede que lo haga en una posición bastante menos fuerte, quizás como tercera fuerza política a nivel estatal con alrededor de un 15% de apoyos, aproximadamente lo conseguido en las autonómicas.

Quizás la segunda opción era la más efectiva para un partido que al principio se veía compitiendo sólo con el Partido Popular, pero que tras la llegada con fuerza de Ciudadanos y de las críticas internas respecto al centralismo de la dirección haya actualizado su capacidad de competición en un escenario electoral fragmentado que lo relega a una espacio político en donde el espíritu del 15M parece resultar más atractivo que la transversalidad a toda costa. Por tanto, es posible que los de Iglesias cambien de estrategia. Sin renunciar a su marca, pero haciéndola un poco más abierta, horizontal y atractiva para la confluencia. ¿Habrá un “Ahora Podemos” o "Podemos en Común"?

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