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Pánico en el PP ante el cambio de ciclo

Las campaña electoral del 24M entra en su fase final con las encuestas pronosticando el final de las mayorías absolutas

El PP encara los últimos días con llamamientos a la estabilidad ante el temor de perder poder en prácticamente todas las plazas en juego

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José María Aznar durante el acto de inauguración de la Convención Nacional del PP en Madrid (23 de enero de 2015). / GSR - G3online

José María Aznar durante el acto de inauguración de la Convención Nacional del PP en Madrid (23 de enero de 2015). / GSR - G3online

Se acaba el tiempo y crecen los nervios ante la pérdida de poder que pronostican todas las encuestas para el PP tras el 24M. Los de Rajoy serán la fuerza más votada en muchos de los territorios que ahora gobiernan, pero esos votos apenas ofrecen garantías en la época del pacto para mantener el poder autonómico y municipal. En la recta final de campaña, los conservadores confían en que los sufragios recibidos sean los suficientes como para recibir el indulto de Ciudadanos en alguno de los territorios clave y salvar la cara a pocos meses de las elecciones generales.

El Partido Popular se aferra estos días a su llamamiento para que nada cambie. "Lo que necesita España es continuidad histórica y lo que necesita nuestro partido es continuidad histórica". La frase, pronunciada este domingo por un  enfadado Aznar en Madrid, parece redactada desde el anverso de la realidad que retratan las encuestas. La demoscopia pronostica posible alteración en los gobiernos autonómicos de Valencia, Castilla La Mancha, Extremadura, Aragón y Madrid. Por no hablar de la revolución probable que señalan en ayuntamientos tan importantes como  Madrid o Barcelona.

Mientras tanto los populares muestran como nunca sus dos almas. Rajoy y Aznar han evitado trabajar al unísono y no han tardado en aflorar diferencias y cuentas pendientes. El expresidente no dudó en recriminar este domingo a su partido el trato dispensado a Ana Botella, a quien se presionó para descabalgar de la candidatura cuando los de Rajoy confiaban aún en sus posibilidades para mantener la alcaldía de Madrid. "Han pasado cosas ingratas e injustas", dijo Aznar, en clara referencia a la breve duración de la carrera política de su cónyuge.

Con Aguirre como candidata a la alcaldía de Madrid la victoria no está asegurada y en esa derrota confía Rajoy para democratizar el desastre. Si se certifica el  empate técnico entre Manuela Carmena (Ahora Madrid) y Aguirre apuntado por las últimas encuestas, todo el PP perderá en estas elecciones y será más difícil que un sector crítico cuestione la candidatura del gallego para las próximas generales. Ante la posibilidad de debacle, Rajoy ha empezado a mover ficha y planea acelerar su calendario legislativo por si necesita impulsar un adelanto para septiembre. En lo que queda de campaña Aznar seguirá a lo suyo, apoyando a sus fieles allí donde se lo pidan pero sin hacer una defensa global del proyecto del PP.

Rajoy, por su parte, se aferrará esta semana al discurso de la estabilidad como garantía de recuperación económica. Lo repetirá siempre que pueda ante la dificultad de argamasar otra idea que contrapese la llegada de nuevos actores políticos a los que el PP parece no haber sabido medir con exactitud.

El problema del PP en estas elecciones es de bloqueo absoluto hacia un futuro incierto. Sirva de ejemplo el caso de Alberto Nuñez Feijóo, a quienes muchos en Madrid dan por seguro relevo para una Cospedal en horas bajas. El presidente gallego a quien la prensa otorga el papel de "amigo de Rajoy", pero del que Rajoy no se fía, tiene ante sí la posibilidad de perder la práctica totalidad del poder urbano en Galicia. Según las últimas encuestas, la  Marea Atlántica Compostela Aberta amenazan como nunca los gobiernos de A Coruña y Santiago, hasta ahora en manos de los populares. De cumplirse esos pronósticos, el PP conservaría el poder en solo una de las siete principales ciudades gallegas, Ferrol. Toda una carta de presentación para un Feijóo que hace un año optaba a todo pero que encontró el mayor de sus tropiezos en una fotografía antigua tomando el sol junto a un narcotraficante. 

En Valencia tienen los populares otro desastre anunciado por la demoscopia. La posibilidad de cambio certifica el error de no haber relevado a Alberto Fabra, mal candidato y con apenas autoridad para echar de su grupo parlamentario a cuanto imputado se le fue poniendo por delante. De tal magnitud es la caída prevista para el PP en esa comunidad que el PSOE celebra como un éxito caer casi diez puntos en intención de voto, satisfechos tras haber henchido la plaza de toros en el  último mitin que Pedro Sánchez llenó gracias a un generoso reparto de sillas convenientemente espaciadas.

El panorama también se presenta incierto en Aragón, y anuncia derrota de Monago en Extremadura pero es en Castilla La Mancha es donde Rajoy se juega el mayor de sus dolores de cabeza. Solo en una victoria de Cospedal podría el presidente encontrar algo de calma tras una jornada electoral que se presenta atravesada para los intereses de los conservadores.  Una vez más las encuestas dicen que los populares tendrán que esperar hasta el último momento para saber si el cava de las neveras servirá para celebrar la victoria o para aplacar el pánico ante el cambio de ciclo.

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