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#PDFTribute: la red exige formas más abiertas de acceder al conocimiento científico tras la muerte de Aaron Swartz


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#PDFTribute, homenaje en Twitter a Aaron Swartz

#PDFTribute, homenaje en Twitter a Aaron Swartz

La reciente muerte por suicidio del hacker y activista por el conocimiento libre, Aaron Swartz, ha desembocado en una protesta en Twitter bajo el hashtag #PDFTribute. Desde ese canal, los usuarios comparten enlaces a archivos PDF de investigaciones científicas protegidas por copyright. El resultado es un homenaje colectivo dedicado a la última batalla que libró Swartz, contra quien pesaba una petición de 35 años de cárcel por descargar 4.8 millones de artículos científicos desde una computadora del MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Swartz murió a los 26 años dejando tras de sí un historial de 15 años de trabajo con organizaciones como Wikimedia, Creative Commons y la Electronic Frontier Foundation, e influyó en la creación de proyectos de índole técnico y social como el hoy gigante Reddit; Open Library, una suerte de Wikipedia de libros; y plataformas para reunir apoyo contra SOPA y similares.

Pero lo que está en el centro de la discusión es el acceso al conocimiento científico.

Los científicos miden sus aportaciones a razón del número de artículos aceptados en revistas científicas. Los artículos publicados son los que logran pasar por un proceso de revisión entre pares y diversos arbitrajes hasta llegar a las páginas de una conferencia, revista o journal científico. La publicación de un artículo significa calificar los resultados de una investigación como ciencia. Aunque, en la práctica, un artículo vale en función del prestigio de la editorial que lo acepta pues supone un proceso de revisión más riguroso. A largo plazo, el número de referencias hacia un artículo también fortalece su importancia.

Ahora bien, el papel de las editoriales científicas es gestionar ese proceso y todo el conocimiento acumulado a partir de él a cambio de una remuneración. Si bien parece un trato justo (los científicos hacen ciencia, las editoriales la hacen disponible), el poder alcanzado por algunas editoriales es comparable al de los grandes monopolios. Ésta es una parte poco romántica, no tan mencionada de la ciencia.

Editoriales como Elsevier, cobra cuotas desproporcionadas a universidades por acceder a su acervo y a investigadores por publicar en sus páginas. Elsevier aprovecha que posee publicaciones esenciales para hacer ciencia y que los científicos saben que publicar en ellas implica un logro mayúsculo. Tan solo leer un artículo publicado en alguno de los cientos de journals de Elsevier puede llegar a costar 30 euros. Sin mencionar las suscripciones, ofrecidas en paquetes inflexibles por miles de euros al año. Aquí cabe mencionar que autores y revisores no reciben pago alguno por su trabajo, un trabajo que suele ser financiado por el Estado: vamos, por los ciudadanos.

Desde inicios de 2012, poco más de 13 mil investigadores han firmado una petición en The Cost of Knowledge para cortar relaciones con Elsevier y optar por otros modelos de publicación. Al mismo tiempo, cada vez más científicos publican borradores completos de sus artículos en plataformas de acceso abierto como arXiv.org y PLOS ONE, antes de enviarlos a las editoriales tradicionales.

Las plataformas abiertas son esperanzadoras, pero resta mucho por hacer. Una mayoría de científicos, universidades, incluso instituciones gubernamentales de ciencia y tecnología, obedece ciegamente a la burocracia que premia sobremanera la producción de artículos, lo que conlleva aspectos negativos: ciencia duplicada una y otra vez, fuertes e innecesarias presiones para alumnos de posgrado, devaluación de la actividad docente, pobreza en la innovación, o, como ya vimos, abuso de poder de las editoriales.

No solo la industria editorial científica, si no todo el proceso de compartir ciencia debe ser colocado bajo el microscopio para su escrutinio y análisis. La sociedad formada alrededor de Internet exige formas más abiertas y justas de acceder al conocimiento científico. Aaron Swartz perseguía esa causa y #PDFTribute constituye apenas un comienzo del debate por venir.


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