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Un idiota en la Casa Blanca

No hace falta ser un maestro del espionaje para saber que cierto tipo de reuniones no se conciertan por email, dejando un rastro documental

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Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

No, Donald Trump no es ningún idiota. Puede ser un ignorante, puede ser un capullo, pero no es un idiota. Que nadie lo tome como algo tranquilizador: casi siempre un idiota es menos peligroso y más fácil de derrotar. Por ejemplo, su hijo Donald Trump Jr. es un idiota de libro y por eso está en problemas.

Antes de las últimas elecciones, Donald Trump hijo se reunió con una serie de personas cercanas al Kremlin porque le prometieron que tenían información comprometida sobre la rival de su padre, Hillary Clinton. Conspirar con el espionaje de una potencia extranjera para ganar unas elecciones puede ser un delito, pero no es en sí mismo una idiotez. Lo que es propiamente de idiotas es dejar tantas pistas como Donald Junior.

No hace falta ser un maestro del espionaje para saber que cierto tipo de reuniones no se conciertan por email, dejando un rastro documental para los investigadores al más puro estilo de Hansel y Gretel. Tampoco es muy inteligente que te lleves a ese encuentro al jefe de campaña y a otro miembro de la familia para implicar a más gente del núcleo duro del presidente. Y desde luego que es de idiotas que cuando tu contacto te dice que la información "es parte del apoyo que Rusia y su gobierno quieren dar a tu padre", tú respondas "si es lo que tú dices, me encanta".

No es de idiotas no conocer la ley, pero sí es de idiotas no consultar un abogado cuando eres el millonario heredero de un candidato a presidente. ¿Qué digo un abogado? Un estudiante de derecho te diría que cualquier extranjero tiene prohibido donar a una campaña presidencial y que si un extranjero te ofrece una información que es "un apoyo" eso es una contribución ilegal y alguien puede acabar en la cárcel.

Ser o no idiota no es una cuestión moral. EEUU ha manipulado elecciones en medio mundo, pero en la mayor parte de los casos ha sido lo bastante avispado como para no dejarse coger por escrito. O al menos para no desmontarse la coartada una y otra vez. Cuando le preguntan por el plan ruso para influir en su elección, el presidente Trump va cambiando de teoría sin sonrojarse: a veces es "falso y ridículo", otras "los rusos lo hicieron pero no fueron los únicos" y algunas "quién sabe qué pasó en realidad". Depende del día.

Lo mismo pasa con la responsabilidad de la campaña Trump: primero se dijo que nadie se había reunido con los rusos, luego que un asesor, luego que de acuerdo, que también el hoy Fiscal General. Después reconocieron que también el yerno del candidato, su jefe de campaña y ahora su hijo. La idiotez no está en cuánto mienten, sino en lo mal que mienten. A ver si al final Trump padre sí que va a ser un idiota. Está por ver.

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