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El crimen y la mecha

Cuando nos cuentan que la violencia busca justificaciones en la propia violencia es que algo nos están ocultando

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Silvia Villullo, Rodrigo Lanza y Mariana Huidobro. /ENRIC CATALÀ

Rodrigo Lanza /ENRIC CATALÀ

En mi época, cuando la movida madrileña, la política había quedado anestesiada en las calles y lo que se llevaba entonces era pertenecer a tribus urbanas; pandillas con  poses y pintas  importadas del extranjero.

De esta manera tan frívola, las calles se llenaban de Jevis, Punkarras, Mods y Rockers. Estos últimos grupos -Mods y Rockers- protagonizaban peleas al estilo de Quadrophenia, la peli de los Mods con banda sonora de The Who. Todo esto que cuento era de lo más normal hasta que, una noche, mataron a un rocker de nombre Demetrio a las puertas del Rock-Ola, el templo de la movida madrileña. Aquel asesinato fue también la sentencia de muerte de la llamada movida. Se apagó la mecha.

Cuentan que, en los días previos al golpe de estado franquista que desencadenó la Guerra Civil, los de uno y otro lado bromeaban tirándose terrones de azúcar en los cafés donde hacían tertulia. La mutación que cambiaría la broma en guerra estaba ya servida y todo esto viene a cuento por el asesinato de Victor Laínez —un asunto despreciable que aprovecho para condenar— ocurrido la otra noche en Zaragoza tras una disputa que, según los medios, comenzó por unos tirantes rojigualdas que lucía el asesinado.

Al igual que me sucedió cuando supe del crimen de Demetrio en el Rock-Ola por ser rocker, ahora sospecho  que algo se nos está ocultando en esta ocasión pues el juicio emitido por los medios ha condicionado a la opinión pública con el fin de criminalizar a los movimientos de izquierdas y en especial a la organización política Podemos.

Hasta ahora, lo único cierto en todo es que hay un asesinado y según el auto de prisión  "fue por la espalda, sin posibilidad alguna de defensa y utilizando al efecto un objeto lo suficientemente contundente como para provocarle una fractura ósea". Pero esto queda muy largo para ponerlo en titulares y es mejor acortar distancias poniendo que el sospechoso de asesinato es antifascista y pertenece a movimientos de izquierda. Con esto, lo que omiten los medios es que el verdadero delito no es ser de izquierdas, ni antifascista, sino ser un criminal.

Dicho por lo crudo, el asesinato de Victor Laínez ha fortalecido a los medios del Canal Único de Información que cargan contra Podemos y contra Ada Colau. Todo indica que estaban deseando que algo tan abominable ocurriese. Qué triste. 

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