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Te hace falta ya una huelga, una huelga...

Crece la conflictividad laboral, también entre quienes más difícil tienen defender sus derechos. Pero poca huelga hay para el nivel de hartazgo en que vivimos

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CGT dice que los teleoperadores secundan "masivamente" la huelga en el turno de noche

EFE

Fui a coger el autobús, pero resultó que los conductores estaban en huelga. Así que esperé en la calle a ver si pasaba un taxi, pero los taxistas también estaban en huelga. Opté por el tren, pero el personal de tierra en Atocha estaba en huelga. Pues nada, me di un paseíto hasta una Fnac, quería comprar un DVD de alguna serie antigua con la que quitarme el mono mientras los dobladores sigan en huelga. Pero a la entrada de la tienda una pegatina me recordó que los trabajadores de Fnac están en lucha. No era mi día, no. En el kiosco no tenían ni Tiempo ni Interviú, ¿adivinan por qué? Huelga de periodistas. De vuelta a casa me encontré una concentración de trabajadores de escuelas municipales de música (en huelga, por supuesto), un grupo de “kellys” a la puerta de un hotel (donde hacían huelga, claro). Intenté comprar algo de pescado, pero no me van a creer: la plantilla de Pescanova en huelga (¡por primera vez en medio siglo!). Me gustaría tener un teléfono donde quejarme de tanto estropicio, pero ni lo intento: seguro que continúa la huelga en atención telefónica y telemarketing.

Puede parecer un poco exagerado el párrafo anterior, pero no hago más que recoger una decena de conflictos laborales de estos días. Solo unos cuantos, los que he encontrado en una búsqueda rápida, pero podría seguir hasta el final del artículo, porque hay muchas otras empresas y sectores que estos días calientan la primavera. ¿Están aumentando las huelgas y protestas laborales, o es solo impresión mía? Los datos dicen que en los dos primeros meses del año creció un 33% el número de horas "perdidas" en huelgas. Pero más allá de eso, déjenme hacer un poco de sociología de bar o, en mi caso, sociología de puerta de colegio y parque infantil.

No sé si les pasa, pero después de dos años en que cuando nos juntábamos con alguien hablábamos inevitablemente de política (elecciones, investidura, encuestas, tertulias, lo que dijo este, lo que respondió el otro), ahora, superado el bucle electoral, volvemos a hablar de trabajo. Volvemos a contarnos “lo mal que está la cosa”, el amigo al que han despedido, el que va de contrato temporal en contrato temporal, al que no le pagan las extra, el que no libra un domingo, y por supuesto el que sigue en paro. Lo mismo que monopolizaba nuestras conversaciones durante la crisis, con la diferencia de que ahora, nos aseguran, ya no hay crisis. ¿Y entonces? Si la crisis ya pasó, ¿esto qué es?

Por las mañanas, en la Cadena Ser, hay un buzón de voz para que los oyentes cuenten qué les preocupa. Durante años se llamó “Diario de la crisis”, y podías escuchar a trabajadores compartir su malestar, parados desesperados, jóvenes que emigraban, madres agobiadas por la falta de futuro de sus hijos. Hace poco decidieron cambiar el nombre a la sección: “Diario de Hoy por Hoy”. La gente sigue llamando, y cuenta lo mismo: malestar, desesperación, emigración, falta de futuro. Ya no se llama “de la crisis”, pero sus vidas no han cambiado.

Algo así nos puede estar pasando a los trabajadores: en los años más duros de la crisis, las huelgas cayeron a mínimos. Había miedo, sí, el paro desbocado presionaba para no moverse mucho, pero también había una cierta confianza, por maltrecha que fuera: que me quede como estoy, que ya pasará la crisis. Ahora nos dicen que la crisis ya pasó. Lo dice el discurso gubernamental, los indicadores macroeconómicos, los resultados de las empresas. ¿Y para los trabajadores? Sueldos menguantes o ultracongelados, peores condiciones, incertidumbre. Nos tocó pagar la crisis, asumimos los “sacrificios”  (¿recuerdan?), pero no esperemos ahora disfrutar la “recuperación”. Al contrario: nuevas vueltas de tuerca.

Puede que leyendo el primer párrafo dé otra sensación, pero no se engañen: poca huelga hay para el nivel de hartazgo en que vivimos. En las manis seguimos cantando, melancólicos, eso de "hace falta ya, una huelga, una huelga... hace falta ya una huelga general...", y algunos hasta especulan con que la próxima la convoque Podemos. Pero igual lo que te hace falta es una huelga en tu empresa.

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