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La lucha de Ucrania contra los drones iraníes que ahora interesa a EEUU: de los interceptores low cost a la guerra electrónica

Soldados del grupo Khanter (Cazadores) de la 208.ª Brigada de Misiles Antiaéreos Khersonska de Ucrania sostienen drones interceptores mientras la unidad lleva a cabo misiones de combate en una de las direcciones de Ucrania el 4 de marzo de 2026.

Gabriela Sánchez

Kiev/Madrid —
9 de marzo de 2026 21:59 h

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Su traqueteo, monótono y constante, tensa a quien lo escucha desde la cama. A algunos les recuerda al ruido de una escúter vieja que trata de subir una cuesta; otros lo definen como el sonido de una trilladora agrícola, un sonido metálico, ruidoso, de un motor que parece estar esforzándose al máximo; pero todos lo describen con cara de terror. El zumbido escandaloso de los drones iraníes tipo Shahed, ese ruido que se mantiene lineal hasta que el aparato inicia su picado final antes de explotar, se ha convertido en el telón de fondo cuando cae la noche en las ciudades y localidades ucranianas más azotadas por los bombardeos rusos. 

Fue el sonido que escuchó Iván mientras hablaba por teléfono con su mujer. Pensó que sería un dron shahed de tantos que cada noche sobrevolaba su localidad, Oleksandrivska (Donetsk, Ucrania), y continuó la conversación hasta que el traqueteo empezó a acercarse demasiado y corrió a avisar a su padre para correr hacia un sótano que no alcanzaron a tiempo. Su siguiente recuerdo son los escombros de lo que fue un salón y la imagen de su padre ensangrentado bajo los cascotes. 

Ese mismo sonido retumba ahora también en distintas ciudades del Golfo pérsico; el mismo que escucharon el 28 de febrero en la base estadounidense de Kuwait, donde el ataque iraní con drones Shahed mató a seis soldados norteamericanos, y en el resto de localizaciones militares, embajadas, infraestructuras energéticas y hoteles de lujo de los países aliados con EEUU en el Golfo, atacadas por Irán con vehículos aéreos no tripulados en respuesta al ataque de Donald Trump y Benjamin Netanyahu contra la cúpula del régimen iraní, pero también contra objetivos civiles, como el bombardeo contra una escuela de primaria en Minab, el pasado 28 de febrero. 

Desde entonces, Irán ha lanzado más de 2.000 drones tipo shahed -o sus variaciones-, los vehículos aéreos no tripulados que Rusia lleva utilizando desde hace años con el apoyo de Irán para atacar posiciones militares y civiles ucranianas. El modelo, que logra esquivar los radares habituales gracias a su vuelo a baja altura, ha empujado a Ucrania a desarrollar una estrategia de defensa antiaérea especializada en interceptarlos y neutralizarlos. 

Petición de ayuda

Nadie sabe más que Ucrania sobre cómo combatir a bajo coste los drones de ataque iraníes. Por eso, Estados Unidos no ha tardado en llamar a su puerta para pedir asesoramiento. El pasado jueves, Ucrania anunció haber recibido una solicitud estadounidense de ayuda, dada su experiencia en la lucha contra los drones iraníes shahed. A la petición del Gobierno de Donald Trump le ha seguido “la de otros once países vecinos de Irán”, según ha confirmado el presidente ucraniano Volodimir Zelenski.

Zelenski respondió a la petición con celeridad en un gesto interpretado por los expertos como un intento de posicionarse como un activo para EEUU y otros aliados en la guerra de Oriente Medio, con el objetivo de lograr una mayor disposición en las negociaciones de paz que continúan abiertas con Rusia. Según ha confirmado el líder ucraniano este lunes en una entrevista a El New York Times, el día siguiente de recibir la primera petición, Ucrania envió a Jordania drones interceptores y operadores para apoyar la defensa de las bases estadounidenses.

El uso masivo por parte de Rusia de este tipo de vehículos no tripulados contra objetivos tanto militares como civiles, ha obligado a Ucrania a desarrollar una estrategia de defensa antiaérea a bajo coste que ahora interesa a EEUU y sus aliados del Golfo. En los informes mensuales de finales de 2025 y principios de 2026, los ataques con misiles y drones de largo alcance (como el Shahed) representaron entre el 30% y 40% de todas las bajas civiles en zonas alejadas del frente (como Kyiv, Odesa o Leópolis), según la Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania.

Si durante los primeros meses del conflicto los esfuerzos ucranianos se centraban en los sistemas antimisiles, la proliferación de los ataques de estos aparatos alados, de 3,5 metros de largo y 2,5 metros de envergadura, le empujó a desarrollar un sistema específico contra ellos. La mayoría de los Shahed 136 son relativamente lentos y solo pueden transportar una carga explosiva de unos 50 kilos, suficiente para dañar un rascacielos, pero no para derribarlo.

Dron Shahed-136 de fabricación iraní

Carecen de óptica externa y, por lo tanto, no pueden ser dirigidos a distancia. Utilizan GPS.

Velocidad máxima de 185 km/h

Ojiva

explosiva

de 50 kg

MD 550 (50 hp)

3,5 m

Motor térmico de fabricación iraní de cuatro cilindros, refrigerado por aire.

2,5 m

Alcance 2000 km

DESPEGUE

OBJETIVO

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA

Dron Shahed-136 de fabricación iraní

Carecen de óptica externa y, por lo tanto, no pueden ser dirigidos a distancia. Utilizan GPS.

Ojiva

explosiva

de 50 kg

MD 550 (50 hp)

Motor térmico de fabricación iraní de cuatro cilindros, refrigerado por aire.

3,5 m

2,5 m

Velocidad máxima de 185 km/h

Alcance

2000 km

DESPEGUE

OBJETIVO

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA

Para combatir los Shahed-136, Ucrania ha diseñado un sistema de defensa por capas que, además de derribarlos, busca la sostenibilidad económica. La falta de financiación suficiente obligó al país a buscar estrategias low cost para hacer frente a los drones lanzados por Rusia. Su estrategia combina grupos móviles de fuego (camionetas pick up equipadas con sistemas antiaéreos o ametralladoras pesadas), redes de sensores acústicos (que triangulan la ruta del dron y envían las coordenadas exactas a los grupos móviles correspondientes), drones interceptores (vehículos no tripulados, aéreos o terrestres, diseñados para impactar contra los shahed iraníes) y sistemas de interferencia a gran escala o “guerra electrónica”. Solo como último recurso, las fuerzas ucranianas utilizan los sistemas tradicionales de misiles de defensa antiaérea, mucho más caros (Patriot, IRIS-T, NASAMS) que suelen reservarse para misiles de crucero y balísticos, usándose contra shaheds solo si hay riesgo inminente sobre una infraestructura crítica.

La evolución

“Al principio, utilizamos todas las armas soviéticas disponibles para derribarlos, incluyendo sistemas antiaéreos. Creamos grupos de combate móviles y comenzamos a desarrollarlos para reducir el coste. Usamos aviones de combate soviéticos, medios de guerra electrónica, etc. y por supuesto, también la defensa aérea. Y luego aumentó la potencia de derribo y la efectividad de los helicópteros del ejército”, recuerda Yuri Ignat, jefe de comunicaciones la Fuerza Aérea de las Fuerzas Armadas de Ucrania, en conversación con elDiario.es. En Kiev, por ejemplo, unidades de defensa antiaérea se organizan por turnos y, ante cualquier aviso, se movilizan a través de furgonetas pick up habilitadas con ametralladoras sobre las que se aproximan a las coordenadas de la previsible ruta del dron shahel detectado, con la intención de derribarlo desde tierra.  “Al principio usábamos ametralladoras antiguas, Maxims soviéticas, y funcionaban. Luego empezaron a volar más alto y tuvimos que aprender y cambiar de armas”, explica Sanskia, comandante en una de las unidades de defensa antiaérea, que protege el cielo desde Bucha (Kiev).

Sistema de fuego móvil utilizado por un grupo femenino de defensa antiárea llamado "Las Brujas de Bucha"

“Mientras usábamos estos métodos para derribar drones, los desarrolladores del Ejército, gente entusiasta, empezaron a experimentar para buscar la forma de atacar los shahed desde tierra y de la manera más barata posible. Porque gastar misiles antiaéreos, que cuestan cientos de miles de euros, en derribar drones que valen mucho menos no era aceptable”, describe Ignat. “Así fue como, poco a poco, se fueron desarrollando distintos drones interceptores. Hasta ahora, que ya hemos llegado al punto donde existe la guía de la inteligencia artificial, que funciona de forma que el operador primero dirige el dron y, así, el propio vehículo, tras alcanzar el objetivo, se guía por sí mismo, es decir, se dirige hacia él sin necesidad de un piloto”, añade. 

Según la Fundación Sternenko, organización de recaudación de fondos para la fabricación de drones de combate, “actualmente más de 30 fabricantes en Ucrania desarrollan drones interceptores diseñados específicamente para contrarrestar los vehículos aéreos no tripulados de tipo Shahed”. El mayor atractivo que la defensa antidrones ucraniana puede tener para EEUU y sus aliados del Golfo, añade la Fundación Sternenko, tiene que ver con la rentabilidad. No cabe duda de que la infraestructura antiaérea estadounidense es de mayor potencia y calidad, sin embargo, se trata de armamento de coste elevado, que a su vez los drones iraníes -mucho más baratos- intenta debilitar. Es en este contexto en el que los sistemas de interceptores ucranianos despiertan el interés de los enemigos de Irán.

La clave de los interceptores: su bajo coste

Un dron iraní tipo Shahed cuesta alrededor de 25.000 euros, mientras que un solo misil utilizado por el sistema de defensa aérea Patriot, fabricado en Estados Unidos, cuesta millones de euros. Sin embargo, los interceptores de drones de ataque utilizados actualmente por Ucrania cuestan entre 1.000 y 4.400 euros por unidad, dependiendo del mayor o menor radio de acción. En contraposición, un solo disparo de un sistema portátil de defensa aérea (MANPADS) cuesta en torno a 5.700 euros, según los datos recopilados por Sternenko. Por su parte, los misiles empleados por los sistemas tierra-aire o plataformas aire-aire pueden costar decenas de miles de euros.

“Esto hace que los drones interceptores ucranianos sean significativamente más rentables, ofreciendo resultados comparables a una fracción del precio”, responde a elDiario.es por email un portavoz de la Fundación Sternenko. Según datos recientes de la Fuerza Aérea, los drones interceptores ucranianos representan actualmente aproximadamente el 30% de todos los vehículos aéreos no tripulados rusos destruidos.

Los drones interceptores utilizados por Ucrania son de distintos tipos, desde los tipo helicóptero a los pequeños FPV. “Cada uno tiene sus propias características específicas, pero en general, debemos decir que se trata de un arma realmente eficaz y económica en comparación con los misiles, que pueden alcanzar un porcentaje de derribo bastante alto”, sostiene el coronel de la Fuerza Aérea ucraniana. Esos drones, que conforman una suerte de unidad defensiva compuesta por 20.000 vehículos no tripulados, no solo se desplegarán en el frente, sino también en regiones más alejadas, como Léopolis, Ternopil, Odesa y Vínnytsia, añade Ignat. En estos puntos, el Ejército ucraniano está creando unidades de sistemas de defensa aérea no tripulados.

Michael es el nombre en clave del comandante del Batallón Taifun, una unidad de las fuerzas especiales ucranianas especializada en vehículos no tripulados. Si en un principio solo contaban con misiones de reconocimiento y combate, que utilizan drones para detectar o atacar posiciones rusas en la zona ocupada, sus equipos han comenzado recientemente a realizar labores de defensa antiárea a través de interceptores no tripulados. “Varias de nuestros equipos han comenzado a trabajar en esta dirección y ya han derribado drones con éxito. Para destruir los vehículos no tripulados enemigos tipo Shahed, utilizamos exclusivamente drones interceptores. Sus características tácticas y técnicas nos permiten alcanzar sin problemas los Shaheds enemigos de diversos tipos”, detalla militar, que rechaza detallar las características técnicas para evitar que Rusia adapte su armamento a las peculiaridades de sus interceptores.

El dron interceptor ucraniano Sting realiza un vuelo de prueba el 22 de febrero de 2026 en el óblast de Dnipropetrovsk, Ucrania. Con la ayuda de estos drones, el ejército ucraniano derriba drones Shaheds y Gerbers, lanzados por el ejército ruso

“Las tácticas cambian a diario”, zanja el comandante de Taifun. Sus equipos han observado el cambio de estrategia rusa, a la que se adaptan constantemente. “Utilizó primero los Shaheds a baja altitud. Posteriormente, comenzó a utilizarlos a diferentes altitudes. A veces usa lanzamientos individuales y, otras , lanzamientos masivos de cientos de ellos, combinándolos con ataques con misiles”, detalla el uniformado, quien ha percibido en las filas enemiga que “una parte significativa de estos dispositivos” ahora está equipada con “sistemas de control en línea”, es decir, están dirigidos por operadores humanos. “Era algo nunca antes visto a tal escala cerca del frente [en el caso de los Shahed]”, sostiene. “Esto indica un intento de hacer los ataques más controlables y precisos”.

Aunque los drones interceptores están ganando cada vez más importancia en la defensa antiaérea ucraniana, estos son solo un elemento más del sistema. Para que la detección funcione, la red de radares que permite a las fuerzas ucranianas identificar diferentes tipos de drones rusos. Los datos proporcionados sobre las rutas de vuelo de los vehículos no tripulados son analizados mediante sistemas de reconocimiento de la situación del espacio aéreo, añaden desde la organización que recoge fondos para financiar este tipo de sistemas. “Esto permite anticipar las direcciones de ataque y responder rápidamente a las amenazas emergentes”, explican. A ello se suma los entrenamientos de pilotos entrenados en las unidades responsables de atacar objetivos aéreos.

Una noche de tantas, el sonido de shahed despierta a Veronika y su familia en Odesa, quienes se levantan y esperan el cese del zumbido en el cuarto de su hijo menor, el único con tres paredes capaces de reducir el riesgo ante un impacto cercano. En Dnipro, Lauren se sienta en el cuarto de baño hasta que el zumbido desaparezca. En Donetsk, Marian y su marido descienden al frío sótano donde acumulan cebollas y las típicas conservas ucranianas, pero no siempre, solo cuando rugen más cerca. Al sur del país, Angelica cuenta que, “si le da tiempo” antes de que el rugido se acerque demasiado, corre al garaje de un edificio moderno próximo a su bloque de viviendas. Anna sube sus hombros y reconoce estar cansada. Si el ruido emitido por los drones no van acompañados de fuertes explosiones próximas, ya no hace nada. Sigue durmiendo, mientras en algún punto del país, la defensa antiaérea trata de neutralizarlos.

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