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Meghan, Harry y nuestra felicidad

A 20 días del Brexit en el país solo se habla de la renuncia de los duques de Sussex a sus obligaciones como parte de la realeza. Yo lo entiendo

Canadá imagina a Enrique y Meghan como sus futuros jefes de Estado

El príncipe Enrique y Meghan EFE

El corresponsal en Reino Unido de Televisión Española aseguraba el pasado lunes que, a 20 días del Brexit, en el país sólo se hablaba de la renuncia de los duques de Sussex a sus obligaciones como parte de la realeza. Yo lo entiendo. Que dos de las personas con mayores privilegios de todo el planeta renuncien a parte de ellos simplemente porque antepongan su felicidad me parece una noticia tan conmovedora como inaudita. A fin de cuentas, el príncipe Harry ya vio cómo su madre moría trágicamente en un persecución de la prensa sensacionalista y, además, ni siquiera es el heredero de la corona, que recaerá en su hermano mayor (todo el mundo da por supuesto que el príncipe Carlos renunciará a ella si alguna vez la reina Isabel II decide morir, lo que aún no está nada claro).

Los duques de Sussex pierden de este modo parte de su sueldo, aunque no la escolta ni los títulos nobiliarios, y vivirán buena parte del año en Canadá. De momento, Harry ya le ha buscado algunos apaños a Meghan Markle con Disney, más que nada para ir tirando, como quedó reflejado en una indiscreta grabación. No es para menos: según aclararon en el mismo informativo de Televisión Española, Harry sólo heredó tras la muerte de Lady Di unos 7 millones de libras, amén de varias propiedades.

Todos príncipes

En Andalucía son ya 3,2 millones de personas (38,2% de la población) las que viven en riesgo de pobreza, 12 puntos por encima de la media estatal. Y no sólo eso, sino que más del 68% llega con dificultades a fin de mes y más de 560.000 personas reciben una pensión inferior al mínimo considerado para no ser pobre. A pesar de ello, el nuevo Gobierno anunció este mismo martes que de momento sólo subirá las pensiones un 0,9%.

En Andalucía, también queremos amarnos y ser felices como Harry y Meghan. También nos gustaría desprendernos de buena parte de nuestras obligaciones con el Estado para emprender proyectos autónomos. Como nos faltan siete millones de libras y algunos títulos nobiliarios, al menos tenemos una petición muy concreta, no tanto para el nuevo Gobierno como para los cargos que ocupa en él Unidas Podemos: no olviden que “la precarización laboral, las políticas de austeridad, los mecanismos de racismo institucional o las dinámicas especulativas en el terreno financiero e inmobiliario no han sido patrimonio de los gobiernos de la derecha […] Es importante recordar que de estas políticas han participado —cada uno desde sus posiciones—, tanto el Partido Popular y el PSOE como los grandes sindicatos oficiales UGT y Comisiones Obreras”. Son palabras recientes de Pablo Carmona.

Más que nunca, esta debería ser la legislatura de las medidas materiales, y nada más material que el dinero, la renta. Los últimos gobiernos nos han rebajado el acceso a la renta, tanto de forma indirecta como directa: subidas de impuestos al consumo, copagos farmacéuticos, congelación de pensiones, rebajas en la prestación por desempleo, despidos libres, disminuciones salariales, rescates a la banca, alquileres desorbitados, recortes en general. Aún recordamos aquellos reportajes escandalizados en los medios, cuando se forjó el término “mileurista” para describir la trágica realidad a la que se enfrentaban algunos jóvenes. Hoy no sólo se han normalizado esos sueldos de miseria, sino que resultan inalcanzables para muchos jóvenes, y también para sus padres, al tiempo que el precio de la vida sube y sube.

No necesitamos siete millones de libras, ni apaños con la Disney, ni títulos nobiliarios, ni propiedades, ni vivir a caballo entre Canadá y Reino Unido, pero no podemos amar ni ser felices si no nos garantizan el sostén, es decir, nuestra justa parte de la riqueza colectiva. Suban, sí, el salario mínimo, pero recuerden nuestro paro estructural, que no hay empleo, ni de lejos, para todos. Prioricen por tanto las pensiones, las prestaciones de todo tipo, las rentas de inserción. Nos les pedimos la renta básica, no a este Gobierno progre, pero al menos que en la próxima encuesta no leamos que casi el 70% de los andaluces apenas llegamos a fin de mes. Porque no hay amor sin dinero, y les exigimos que hagan prevalecer nuestro derecho a amarnos y ser felices como príncipes británicos.

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