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Juan Marín, jugador de póker (fallido)

Juan Marín, este lunes en Sevilla

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En Andalucía, las partidas políticas se juegan en varias mesas. Y una sola es para el Gobierno. Sin ir más lejos, esta semana andan haciéndose trampas al solitario sobre si hay o no contagio comunitario en Málaga. Y no les hace falta la oposición para lanzar faroles y sacarse ases de la manga.

Pero en esa partida parece haber varias pistas, cual circo. Y una pone enfrente al Partido Popular y al Ciudadanos, socios del Ejecutivo. Y lo explico. Reordenación de competencias en el Gobierno andaluz. La iniciativa parte del vicepresidente, Juan Marín, que quiere ganar cuota y espacio dentro de la Junta para ciudadanos y aprovechar para castigar al ala más crítica de su partido, la que lidera Rocío Ruiz. El resultado de esta crisis, como la denominan otros, no ha logrado ni lo segundo (el castigo a la consejera de Políticas Sociales es solo medio castigo), ni lo primero: la factoría Bendodo ha barrido para casa asumiendo más competencias, más dinero (con los fondos europeos) y hasta Sandetel y la Agencia andaluza de la Energía, que se encargan de licitar los jugosos contratos de telecomunicaciones y suministros de la Junta. Lo más gordo que ha conseguido Marín en el reparto ha sido Veiasa (estaremos atentos al futuro de la empresa de las ITV).

Como dicen los entendidos, “El póker es 100% habilidad y 50% suerte”.  ¿Será que Marín no ha tenido suerte?  El PP no quería este cambio pero, ya que estamos, no va a salir perdiendo. Y así ha sido. Los populares le están ganando la partida del éxito a los de Arrimadas en Andalucía. Son hábiles, un partido asentado en el territorio (algo de lo que carece Ciudadanos) y con experiencia de Gobierno; y así lo han utilizado prácticamente desde el principio. En un reparto de competencias cuestionable, las consejerías que ostentan los de Marín han sido aquellas en las que se ha entrado en conflicto más directo con Vox, el partido de extrema derecha necesario para la estabilidad del Gobierno Andaluz. Mientras los del PP presumían de sus logros con asuntos como la aprobación de presupuestos, los de Ciudadanos intentaban contrarrestar la presión de Vox, que bien pronto se lanzó a pedir listas de funcionarios que evalúan la violencia de género para "depurar casos ideológicos", a hablar de “violencia intrafamiliar” o pedir la expulsión de 52.000 inmigrantes del país. Todo competencias naranjas.

Es verdad que el PP tiene una china en el zapato con la salud y que ha ido encadenando brotes de listeriosis, covid-19 y fiebre del Nilo. Pero curiosamente, y vale de ejemplo el primer asunto, también fue Marín el que salió en un momento dado a dar explicaciones de cómo y por qué. Elías Bendodo aparece ante los micrófonos dando siempre las cifras de inversión y éxitos, y Marín explicando los marrones. Ahora, con la remodelación, el reparto de cartas ha beneficiado a los populares otra vez.

También es cierto que el vicepresidente está haciendo un esfuerzo por estar en todas las ventanas mediáticas. Todos los días tiene, al menos, una intervención en los medios. Está reforzando su presencia. Sin embargo, las encuestas corroboran la caída de Ciudadanos como objeto del afecto de los votantes. Pero Marín no parece cambiar de estrategia. Mientras los suyos en Madrid intentan recuperar el centro que perdieron, el vicepresidente coincide en el diagnóstico pero sigue proyectando una imagen de dureza.

Y ¿quién le ha dicho a Juan Marín que ser el ala dura del Gobierno andaluz le puede dar rédito? ¿Quién le ha dicho a Ciudadanos que ser un azote mayor contra el PSOE suma puntos en su electorado? Resulta raro más bien ver cómo los otrora socios de Gobierno (aunque no cogobernantes) de Susana Díaz despliegan ahora una oposición feroz contra los socialistas y Adelante mientras el portavoz parlamentario del PP, José Antonio Nieto, mantiene una imagen de moderación y mesura. Así que una vez más, el PP parece ganar manos.

El Partido Popular ganó la partida del control publicitario cuando pasó de una figura de consenso como Juan de Dios Mellado en la dirección de Comunicación Social (organismo que controla la mayor parte de la inversión publicitaria de la Junta) a Marta Olea, mano derecha de Bendodo en la Diputación de Málaga. Por ganar, el PP está ganando hasta la mano de Canal Sur, donde Zancajo está campando a sus anchas, y donde hasta en los informativos han colocado el azul corporativo de Moreno.

Si bien la partida de póker política es larga, como siga así, a Marín se le va a hacer eterna por desesperada, o breve (según se mire) por no tener más tiempo para corregir rumbo. Porque, mano a mano, corte a corte de la baraja, el PP le está sacando partido al poder en Andalucía. Mientras, a Ciudadanos está claro que le hace falta al menos ese 50% de suerte en las bazas que le quedan. ¿O quizá lo que se esté echando de menos sea un mayor porcentaje de habilidad?  ¿Cuál es la mano de Juan Marín para remontar esta partida?

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Publicado el
9 de septiembre de 2020 - 21:35 h

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