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Los malos consejeros

La sentencia de los ERE ha sido recibida como dura al condenar a prisión a un expresidente Griñán de quien se destaca la bondad. Pero el código penal no juzga la naturaleza personal, sino el respeto o violación de la ley

Lo más duro de la condena de los ERE es que la sospecha social de caciquismo sistémico sea declarada probada por tres magistrados en una sentencia, recurrible sí, pero ya dictada, negro sobre blanco

Seis años de cárcel y 15 de inhabilitación para Griñán por el caso de los ERE

José Antonio Griñán, ex presidente de la Junta, condenado a 6 años de cárcel y 15 de inhabilitación por los ERE EFE

La primera sentencia de los ERE, tras diez años, ha caído como un rayo inesperado. Hay dos absueltos, el ex interventor general Manuel Gómez y el exjefe del gabinete jurídico Francisco del Río. Pero la condena de 19 de los 21 acusados y sobre todo las diez con cárcel de entre 6 y casi 8 años han impactado. En particular la del exconsejero de Economía y Hacienda, sucesor del expresidente Manuel Chaves al frente de la Junta de Andalucía y quien designó a la actual líder del PSOE andaluz, Susana Díaz: José Antonio Griñán. Existe una impresión generalizada acerca de su honradez, avalada por su vida personal. Ni se ha enriquecido, ni ha financiado irregularmente el partido. Es llamativo, por inusual, la cantidad de políticos y periodistas que, tras la condena, proclaman su respeto y amistad ahora que eso no da nada que ganar. Al contrario.

Será el Tribunal Supremo, al que los condenados recurrirán, quien ratifique o cambie las nueve condenas por prevaricar con penas de inhabilitación –como las de Chaves y sus exconsejeros Gaspar Zarrías y Magdalena Álvarez- por aprobar normas que sabían no eran legales para repartir ayudas con un sistema opaco y las diez que, a la prevaricación, suman malversación, es decir, usar mal fondos públicos dañando al patrimonio colectivo. Caso de Griñán.

Veremos si Audiencia y Supremo coinciden o no en la interpretación de la ley. Hoy, ya, juristas como Javier Pérez Royo o Joaquín Urías, en este mismo diario, discrepan al considerar la sentencia "un juicio de intenciones (…) con radical incompatibilidad entre el relato fáctico y la calificación jurídica", el primero y, el segundo, "una decisión judicial bien razonada en la que los magistrados (…) han demostrado sobradamente su profesionalidad".

Coro de aduladores, fantasía de impunidad.

Como periodista y ciudadana andaluza nacida con la democracia, que ha vivido hasta 2019 bajo la Junta socialista, yo me siento consternada porque tan clara como la afirmación actual de la bondad de Griñán, lo es que la Administración socialista de Andalucía llevaba décadas de deriva. Las críticas jamás fueron bienvenidas. En ningún ámbito. El poder, del PSOE aquí, como del PP en Madrid y Valencia, se rodeó de quienes decían lo que quería oír.

El PSOE-A creyó que la Junta eran ellos. Que Andalucía era suya. Por lo mucho que supuestamente se les debía. Los ERE prueban débitos en subsidio y gratitud bien concretos. Más sutil pero igualmente cierto ha sido el modo en que se ha premiado la obediencia, sumisión y silencio en el ascenso en cada área –gerencias hospitalarias, direcciones educativas, inspecciones, consejos... Alguien como él hoy condenado Francisco Javier Guerrero, famoso por su chusca estampa junto al chófer en juergas de noche, dando "ayudas Pormisco… jones" no llega a Director General de Trabajo sin hacerse notar. Las advertencias del exinterventor Gómez, ahora absuelto, tampoco se ignoraron por azar. El coro de aduladores mantenía la fantasía de impunidad.

Incluso después de que tantos andaluces de izquierda, tantos socialistas, tantos hasta del PSOE se abstuvieran en las autonómicas del 2 de diciembre lo que ha hecho posible el primer gobierno de derechas (PP+Cs apoyados por Vox) en 37 años, aún cantan las sirenas que no hace falta sanear el PSOE de Andalucía y basta esperar para que recupere el gobierno andaluz el equipo de Susana Díaz.

Sanar, tras las sentencias, la corrupción sistémica

Me siento consternada no porque se condene a cárcel a una buena persona como se destaca de Griñán. El código penal no juzga la bondad, sino el respeto o violación de la ley. Mucho me temo que el que la mayoría de la población reclusa sea analfabeta, de clase baja, etnias marginadas y con adicciones, nos lleve a los profesionales, de clase media, blancos, a pensar que la cárcel es siempre, como el cáncer, cosa de otros.

La raíz más honda de mi consternación es la de que la corrupción sistémica debió y pudo evitarse. Jamás he creído, ni creo que todos los partidos o políticos sean iguales. Como progresista andaluza me duele que lo que era un run run de caciquismo ahora, aunque en decisión no firme, recurrible, se considere probado en una sentencia judicial, de tres magistrados, negro sobre blanco.

Hay que cambiar mucho en las formas de nombramiento y promoción en puestos de la Administración, en el funcionamiento de los controles internos para evitar la corrupción sea cual sea el partido en el gobierno. La tolerancia cero que proclama el hoy presidente de la Junta, Juanma Moreno (PP) trae demasiados ecos de Granados, González, Cifuentes, Aguirre, Rajoy… para ser creíble.

Se necesitan hechos. Ojalá hombres y mujeres políticos escarmienten en cabeza ajena. Porque 19 de quienes, ayer, ocupaban sus puestos están hoy atrapados en duras condenas. Los malos consejeros, fuera.

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