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¿Es el trumpismo lo que necesitan nuestras vidas y economías?
¡Que le gusta a Donald Trump empezar año con violencia! Si el 6 de enero de 2021 impulsó el salvaje asalto al Capitolio en Washington, este 3 de enero de 2026 ha lanzado a sus cuatreros a por el petróleo de Venezuela, en una operación con 100 asesinados y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores.
Eso ha exaltado a antidemócratas como el famosete Fran Rivera y el agitador Vito Quiles, quienes, en redes, han animado a Trump a extender su violación de soberanías nacionales a España y a secuestrar al presidente Pedro Sánchez. Pero el mandatario estadounidense está centrado en amenazar con quitarle Groenlandia a Dinamarca, con meter tropas yanquis en México y con mandar a sus pistoleros de la agencia antiinmigración ICE a acribillar a una vecina de 37 años, de Mineápolis (Minesota), madre de tres hijos, de 15, 12 y 6, “cristiana devota”, “poeta” y, según su familia, que no hacía activismo cuando la balearon sino sólo pasaba por allí, así como a seguir tiroteando, en Portland (Oregón), 24h después.
Así distrae Trump de las acusaciones de pederastia que en diciembre lo cercaban. E impone sus designios por las armas. Con un belicismo nada insólito en la trayectoria de EEUU. Recordemos el asesinato impune, en 1989, del fotógrafo extremeño Juantxu Rodríguez durante la invasión de Panamá ordenada por el republicano Bush padre, cuya crónica escribió su compañera, Maruja Torres; el asesinato impune, en 2003, del cámara gallego José Couso, durante la invasión de Irak ordenada por el republicano Bush hijo; el asesinato impune, en Afganistán, del líder de Al Qaeda que impulsó el atentado a las Torres Gemelas, Osama Bin Laden, ordenada por el demócrata Barak Obama.
Sí, deleznables asesinatos todos ellos, por más que Rodríguez y Couso fueran inocentes de todo delito y Bin Laden muy probable culpable. Nada justifica las ejecuciones extrajudiciales. Igual que puedo decir, con la legitimidad de haber criticado a Maduro no ayer, ni antes de ayer, sino en 2013, cuando ganó por la mínima a Capriles, que nada justifica entrar en país ajeno a sangre y fuego y raptar a su mandatario.
Alarma y reacciones políticas
Qué grave precedente no sentará la intervención estadounidense en Venezuela y la apropiación del petróleo venezolano que la líder fascista francesa, Marine Le Pen, ha salido a declarar en X que “por condenable que fuera Maduro (…) la soberanía de los Estados es innegociable con independencia de su tamaño, poder y continente. Es inviolable y sagrada. Y renunciar a esto supone aceptar un riesgo de servidumbre propia, un peligro mortal, en este siglo XXI bajo permanente amenaza de guerra y caos”. Hasta la fundación FAES de Aznar ha criticado que Trump lidere “colonizar Venezuela con pretextos”.
Tras una primera reacción algo tibia en la condena del presidente Sánchez, a quien Izquierda Unida, no digamos ya Podemos, exigieron más contundencia, al fin el gobierno de España está liderando, dentro de la UE, la crítica al pulso de dominio que le está echando al mundo Trump y Pedro Sánchez insta ya a “no callar” ni aceptar “el vasallaje”. Palabra que también usa el francés Macron al criticar la “agresividad neocolonial” del trumpismo.
¿Verían bien Vox y PP que EEUU nos arrebatara territorios geoestratégicos a una y otra orilla del Estrecho de Gibraltar? ¿Que Trump o Marcos Rubio nos colonizaran y nombraran aquí a un virrey, aún a riesgo de que, dado el precedente de Delcy Rodríguez, los yanquis, en su arbitrariedad, designaran virreina a una vicepresidenta de Sánchez?
La derecha española del PP de Feijóo navega en la indefinición y los patrioteros de Vox dan muestra con su silencio de obediencia vasalla al amo extranjero. ¿Les parecería bien que EEUU nos arrebatara territorios a una y otra orilla del Estrecho de Gibraltar por su valor geoestratégico? ¿O que, dado nuestro atractivo turístico, convirtiera España en su colonia de veraneo? ¿Que Trump o Marcos Rubio nos colonizaran y nombraran al virrey aquí, aun a riesgo de que, dado el precedente de Delcy Rodríguez, los yanquis, en su arbitrariedad, designaran virreina a una vicepresidenta de Sánchez?
Reaccionar como una orquesta
Pero, ¿y la calle? ¿Qué pensamos la ciudadanía? Recién salidos de las Navidades se intenta hacer durar el espíritu de resguardo hogareño frente a la marejada de hostilidad exterior. Que entre los regalos pedidos a los Reyes Magos hayan abundado libros sobre la importancia de ejercitar la respiración consciente revela cuánto ansiamos conquistar armonía y calma.
Ya lo siento pero ninguna práctica individual va a bastar para hacer frente a las amenazas de violencia brutal. Tenemos que construir juntas y juntos un presente y futuro alternativos y por más que miro, busco y me empeño, no veo la necesaria y urgente reacción social que impulse y exija a nuestros representantes políticos.
Frente a la amenaza fascista que afrontamos no valen de nada el individualismo, la desunión y el derrotismo. Por el contrario, quizá sirva para inspirarnos el ejemplo de una orquesta, hecha de gente diversa, incluso peleada, pero que se necesita y coopera para crear juntos armonía.
¿Desde la inseguridad jurídica que promueve el trumpismo se pueden levantar y sostener empresas, economías, proyectos de vida? Si la respuesta que damos una mayoría global abrumadora y del más amplio abanico ideológico es “No”, ¿a qué estamos esperando para poner en acción nuestros talentos y a organizarnos y coordinarnos, por entidades, sean profesionales, vecinales, de compromisos sociales, etc.?
Yo, que vengo siendo inasequible al desaliento, arranco 2026 preocupada al constatar que, salvo honrosas excepciones, imperan el individualismo, la desunión y el derrotismo. Por suerte, cuando se flaquea otro demócrata puede inspirarnos. Y ha sido el caso del veterano y genuino periodista Luis Gresa que, en la presentación de su pódcast Sublimes, de conversaciones íntimas con músicos que admira, como apasionado de la música y padre de violonchelistas, dijo: “¿Acaso las orquestas no están formadas por gente diferente y hasta que se lleva mal? Pero son capaces de organizarse y trabajar juntos para, sin desafinar, crear belleza. Y ofrecer armonía, sosiego, paz. Que su ejemplo nos sirva para recuperar la confianza que hemos perdido en las personas”. Que así sea, amigo.
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