La ruta de cine de la Isla Mínima: un viaje de la gran pantalla al paraíso mágico de la marisma
Existe un destino turístico extraordinario, diferente: las marismas del Guadalquivir. Un lugar que el río moldeó con la parsimonia de lo eterno y atesora en sus entrañas la magia atávica de lo que en siglos fuera el lago Ligur. Una suerte de país del agua atravesado a latigazos por un laberinto de caminos de tierra que regala un paraíso mágico de paisajes doñanescos y puestas de sol de película. Un destino turístico único que dibuja la ruta de cine de la Isla Mínima.
Este rincón de Sevilla emerge como pintado para la gran pantalla. Y por eso es el escenario principal de la exitosa La Isla Mínima, la película dirigida por el realizador sevillano Alberto Rodríguez que triunfó en los Premios Goya 2015 con 10 galardones incluidos a Mejor Película, Dirección, Interpretación Masculina Protagonista o Fotografía.
Detrás de la historia que narra la cinta hay un personaje misterioso, furtivo, sorprendente… y anfibio, que va del agua a la tierra. Una tierra inhóspita cuyo 'descubrimiento' tiene además una deuda con el trabajo del fotoperiodista Atín Aya: el objetivo que cazó la Isla Mínima. Las marismas del Guadalquivir, a menudo tan desconocidas, ofrecen un viaje único que navega a lomos de un extraordinario arrozal.
Una ruta de cine
La ruta de cine de la Isla Mínima recorre diversas localizaciones de la propia película. Como La Puebla del Río, en cuyo término municipal está el embarcadero en el que viven en la ficción Antonio de la Torre y Nerea Barros o donde se rodaron las secuencias por el río Guadalquivir. O en Isla Mayor, donde transcurren todas las escenas de arrozales.
El rodaje desvela enclaves como Veta la Palma, la finca donde aparecen los cuerpos de las chicas, y de las grandes persecuciones, como la nocturna en Vetaherrado o la final en la Playa de los Morenos. Y otros como el Brazo de los Jerónimos, un canal repleto de cañas y juncos que surcan los actores que protagonizan La Isla Mínima, Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez.
Como protagonistas pueden ser los visitantes de este destino turístico en mitad del mayor arrozal de España, heredero de aquella primigenia colonización faraónica de la marisma sevillana. Y el crepúsculo… Una de las razones por las que Steven Spielberg eligiera en 1987 rodar El Imperio del Sol en las marismas del Guadalquivir, aunque en este caso al otro lado del río, en tierras de Trebujena (Cádiz).
La isla del arroz
Una isla de los pájaros de singular interés para la observación ornitológica –la mayor concentración de aves de Europa– que sirve un anual banquete de barro como una pura despensa de Doñana y sus escalas migratorias por el parque y su entorno natural. Y una isla del arroz que ya retrató el vuelo americano de 1946 y muestran la serie de mapas, representaciones cartográficas y fotografías aéreas históricas del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía.
Y habrá que comer, claro. Pues el reino del arroz está en Sevilla. Calidad, producción y gastronomía se unen para convertir a este cereal en patrimonio de la provincia que se reivindica desde el pueblo de Isla Mayor. Con un mapa de guisos al que se une el cangrejo americano, el invasor rojo que conquistó los esteros.
Todo construye un espectáculo colosal al fundirse con el paisaje único de la planicie marismeña. Como dijera el escritor gaditano José Manuel Caballero Bonald: “Un horizonte que no es sino la repetición obstinada del sentido lineal del horizonte”. Es la ruta de cine de la Isla Mínima, el lugar donde el visitante revivirá escenas grabadas en la memoria y será el protagonista de un viaje va de la gran pantalla a un paraíso mágico y atávico de la marisma de Andalucía.
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