Juan Pedro Castellano, director de Doñana: “Confío en que el parque vuelva por fin a la Lista Verde en 2026”
Juan Pedro Castellano (Almonte, 1964) es uno de los cargos más veteranos del Gobierno andaluz. Va a cumplir 12 años como director del Parque Nacional de Doñana, lo que a su vez implica que es también el máximo responsable del Parque Natural, lo que en su conjunto se conoce como el Entorno Natural de Doñana. Ahora está enfrascado en intentar revertir el deslinde aprobado del dominio público marítimo-terrestre a la vez que se felicita de que 2025 por fin haya sido un buen año de lluvia. Eso sí, advierte de que “Doñana siempre va a tener amenazas, nunca vamos a resolver todos los problemas, como tampoco los del mundo”.
¿2025 ha sido por fin un buen año para Doñana después de tantos problemas?
Pues sí, porque desde 2010 no teníamos un año húmedo (que lloviese por encima de la media) y con una buena inundación de la marisma, y los datos de cría de aves son buenos. Esto ha permitido imágenes espectaculares de Doñana que parecen de principios de los 80, son como estampas antiguas. El campo es muy agradecido, y aunque en las zonas de arenas quedan temas de calado de largo plazo para proteger el acuífero, en la marisma la respuesta es mucho más rápida.
¿Cuántos años así serían necesarios para facilitar la recuperación del parque?
Necesitamos no sólo que llueva lo que antes era la media, sino también que en algunos años lo haga por encima de esa media. Si en la marisma y en las zonas de arenas se arreglan los problemas de consumo, soy optimista. Parte del estrés hídrico es por los usos del acuífero y el cambio climático, pero otros son propios del clima mediterráneo.
¿Esto puede dar una imagen engañosa de que ya se han solucionado los problemas de Doñana?
Son absurdos los dos extremos, plantearse que ya todo es fantástico o pensar que está en declive porque vengan años secos. Que 2025 haya sido un buen año por las lluvias no esconde que hay elementos para preocuparse, quedan retos y problemas por delante.
¿Y cuáles son esos retos?
Tenemos la cuestión permanente del agua, con la que siempre hay tensión con los usos para el regadío. Hablamos de un sector productivo importante que forma parte fundamental de la sociedad de la comarca, pero estamos avanzando para que el uso del agua sea sostenible para el parque y para los cultivos. Otra cuestión importante son las aguas superficiales, con obras de calado del Plan Doñana 2005 a las que se han sumado operaciones relevantes como la incorporación de zonas como Veta la Palma en 2023 y luego Tierras Bajas, que funcionan como colchón.
¿Con esto se encarrila lo que más preocupa en Doñana?
Bueno, lo anterior lo enlazo con un tercer elemento, que son los temas relacionados con el cambio global y climático, debemos tener capacidad de adaptación. Hay que tener en cuenta que las zonas de marisma son las más relevantes, pero otras transformadas como Veta la Palma o las de arrozal permiten sinergias importantes, en años secos o inviernos tardíos sirven de colchón. Junto a esto, y con la recuperación que ya se hizo del Caño Travieso, lo que faltaría con las aguas superficiales sería la recuperación del Guadiamar y de sus caños, algo que es prioritario y relevante. Así que no todo está resuelto, pero sí va bien encaminado.
El deslinde contiene deficiencias muy relevantes: las hay de desconocimiento sobre la caracterización ecológica, sobre la evolución geológica y morfológica de la marisma y sobre la propia historia de la gestión de parque
Pero los problemas parece que nunca se acaban, ¿no? Ahora está la cuestión del deslinde del dominio público marítimo terrestre que ha planteado el Ministerio para la Transición Ecológica, lo que ha provocado la oposición masiva del Consejo de Participación de Doñana...
Ya hemos presentado el requerimiento previo a la vía contenciosa, estamos ante una cuestión a nuestro modo de ver sorprendente. El deslinde se inicia en 2023 y se puede entender que se cometan errores por técnicos que conocen poco Doñana, pero uno espera un ejercicio de lealtad enorme para mejorar luego los expedientes, tener influencia en el procedimiento. Por eso sorprende que no se atiendan consideraciones que se hacen que no son opiniones, porque es un deslinde que dice que la marisma no es de agua dulce y tiene deficiencias muy relevantes. Las hay de desconocimiento sobre la caracterización ecológica, que eso era fácil de arreglar, pero también sobre la evolución geológica y morfológica de la marisma y sobre la propia historia de la gestión de parque.
¿Qué significa este desconocimiento de la gestión?
Pues que hasta 2006 el parque lo gestionaba el Ministerio, que hasta 2015 estuvo haciendo actuaciones del Plan 2005 con las que había coincidencia en la interpretación de la marisma. Pero ahora el Ministerio interpreta que la marisma, si no fuese por las intervenciones humanas, sería inundable por efectos de las mareas, pese a que se ha aportado información técnica, científica y un seguimiento de los procesos naturales que confirma que eso no es correcto. Un ejemplo es la Montaña del Río, una estructura geomorfológica natural en la que el hombre ha intervenido para mantenerla porque se ha visto dañada por el propio río y los dragados, lo que les lleva a concluir que es una obra artificial. Es natural, y tan relevante que ha provocado que la marisma sea singular, de agua dulce, poco tiene que ver con otras del Golfo de Cádiz que sí son mareales. Todo esto es muy contradictorio.
Hay voces que denuncian que hay un interés político del Ministerio, que con este deslinde se garantiza el control directo de buena parte de Doñana. ¿Comparte esa visión?
Pero es que también afecta a territorio del propio Ministerio, fincas públicas que adquirió en su momento el Estado para el Parque Nacional, se gastó una millonada en comprar unos terrenos que con este deslinde podían haber sido públicos. Estas fincas se transfirieron en 2006 a la Junta, después de ser compradas. El deslinde afecta al 56% de todo el territorio que el Estado transfirió en 2006, pero es que en el caso de la provincia de Sevilla [el municipio de Aznalcázar] afecta a casi al 100%. En total, hablamos de entre 15.000 y 20.000 hectáreas.
¿Incluye los terrenos que compró la Junta de Andalucía hace poco y por los que pagó una importante cantidad?
Veta la Palma y Tierras Bajas se salvan porque están fuera, como estableció un deslinde razonable que ya se hizo hace años. Pero el de ahora está lleno de incongruencias, hasta la Estación Biológica de Doñana dice que se han usado sus datos pero se han interpretado mal, es que es abrumador. La Ley de Costas está para cumplirla y los deslindes son necesarios, pero insistimos en que las características no se dan y que los informes no son rigurosos. Es que hasta la propia Planificación Hidrológica del Guadalquivir identifica la marisma como agua dulce, ¿ahora van a tener que descalificar esas masas de agua?
¿Confía en que haya una rectificación por parte del Ministerio?
El contenido básico del requerimiento que se ha hecho ya estaba en las alegaciones previas, pero no se pierde la esperanza.
El depósito de gas no está en el lugar más adecuado pero no es un problema acuciante, aunque tenga mucha repercusión
Otra cuestión pendiente es regresar a la Lista Verde, el prestigioso sello que se perdió en 2023, ¿cuándo se conseguirá?
El tema es complejo porque se están definiendo parámetros e indicadores que son de nueva incorporación, confiamos en pasarle la información en el primer trimestre del año que viene a la UICN [la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, uno de los organismos ambientales más prestigiosos del mundo]. Luego la UICN tiene que hacer una visita de control, así que confío en que por fin volvamos a la Lista Verde en 2026.
Dentro de los riesgos de Doñana tenemos también la gripe aviar y la peste porcina.
Con la peste porcina lo único que podemos hacer es estar alerta y pendientes de si hay incidencias cercanas, sobre todo con jabalíes. Y con la gripe aviar, después de años con poca agua, ahora que tenemos más estos son los problemas que lleva asociados: mayor mortandad, falta de oxígeno, cianobacterias… Tenemos recursos para medir la situación, pero esto está asociado a momentos de mucha reproducción de las aves y a la llegada tardía de agua. Ya teníamos un dispositivo de seguimiento, porque es algo que preocupa, sobre todo al final del periodo reproductor y de la llegada de aves invernantes. Lo que podemos hacer es vigilar y estar pendientes para por ejemplo retirar cualquier animal muerto, pero no somos una granja y estamos muy limitados.
¿Y el proyecto del depósito de gas le preocupa especialmente?
El proyecto autorizado está fuera del Parque Natural, nosotros no planteamos una evaluación al efecto de ese pozo, sólo tener en cuenta si sería necesario revisar la evaluación ambiental que se hizo porque tiene muchos años. No es el lugar más adecuado pero no es un problema acuciante, aunque tenga mucha repercusión.
Ahora se están revisando el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) y el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), ¿qué novedades van a traer para Doñana?
Se hará un cambio sustancial en 2026, lo que estamos haciendo ahora son modificaciones puntuales de asuntos que hemos identificado que dificultan la gestión, como las fechas para actuar en el campo o las omisiones que hay sobre las fotovoltaicas para autoconsumo. Otra cosa distinta es esa revisión profunda que ya toca, hay muchas cosas que queremos actualizar, como las prioridades de conservación para meter por ejemplo al milano real. Y también los programas de adaptación al cambio climático, para orientar más la gestión y aplicarlos en todos los ámbitos. En esto una referencia es lo que se hizo después del incendio de 2017, con nuevas visiones e ideas más allá de un proyecto de restauración clásico: qué paisajes reconstruir o cómo hacerlos más resistentes al cambio climático.
Por cierto, Javier Salcedo, coordinador del Plan de Recuperación del Lince Ibérico en Andalucía, dice que ya no cabe ni uno más en Doñana, ¿está de acuerdo?
Eso es así, de hecho la población de Doñana ya se llama Doñana-Aljarafe. Hace años su presencia estaba restringida a parte del Parque Nacional, pero ahora hay más linces fuera que dentro. Más que en la población de conjunto, trabajamos en qué puntos hay vacíos o se pueden hacer mejoras. Y en la medida en que salgan por los corredores hacia otros territorios, podrá haber más en Doñana.
¿El furtivismo sigue siendo un problema en Doñana?
Siempre hay alguna cosa, pero anecdótico. Fue uno de los problemas graves de Doñana hace años pero ahora no lo es, lo que pasa que algunas veces hay algo llamativo con ungulados o con aves, en función de la zona.
Con todo, la sensación al final es que siempre va a haber algo que amenace a Doñana...
Siempre necesitamos mejorar, esa es una reflexión general en todos los parques naturales. Ahora la situación es peor y mejor que hace 50 años, depende de la cuestión, pero Doñana tiene mucha gente mirando por ella, y el acuerdo entre las administraciones de hace dos años fue muy positivo y ha traído un ambiente de trabajo mucho más sensato. Doñana siempre va a tener amenazas, nunca vamos a resolver todos los problemas como tampoco los del mundo, siempre habrá un virus nuevo o algo.
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