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Del estrés a la prisa: gestionar un “cambio de vida” tras conseguir plaza en las oposiciones de Secundaria

Los opositores de secundaria se examinaron de la primera prueba el 18 de junio y hasta este viernes 11 de agosto no se ha cerrado el proceso con el listado definitivo de los destinos

Sara Rojas

19 de agosto de 2023 20:19 h

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Cuando Lucía Rojas decidió prepararse las oposiciones de Secundaria hace tres años, se mentalizó de que sería un proceso “muy duro”. Pero nunca pensó en “cómo se sentía una persona cumpliendo un sueño”. Ahora que lo ha conseguido y que a partir de septiembre será al fin profesora de Biología, esta joven de 27 años describe el periodo de euforia, después del estrés más absoluto, como de “intensidad extrema”.

Eso es lo que les espera a los aspirantes a docentes que han conseguido una de las 6.021 plazas de nuevo ingreso al cuerpo de Profesores de Secundaria, desde que se publicaron los resultados definitivos de las pruebas, a finales de julio, hasta que se incorporen a su nueva vida al inicio del curso escolar. Una etapa en la que la mayoría no repara durante todo el proceso de oposición —“gestioné mi vida hasta el examen y me visualicé trabajando, pero este paso intermedio no estaba en mi mente”— y a la que se enfrentan contra reloj y casi “por inercia”.

“Te mueves porque una cosa te lleva a la otra: salen las notas, te pones a hacer los trámites, a buscar piso... Pero no da tiempo a gestionarlo, interiorizarlo y digerirlo”, asegura esta joven de Marchena (Sevilla) que se va a estrenar en unos días como docente en El Puerto de Santa María (Cádiz) y todavía duda “de si es real” estar viviendo algo que “he deseado tanto y he visto por momentos tan imposible”. “La gente me felicita y yo aún no me lo creo”, reconoce con la emoción aflorando en la garganta, al rememorar todo el esfuerzo y sacrificio invertidos durante tanto tiempo por la ilusión de cumplir su “sueño de ser profesora”.

Lucía aprobó la primera vez que se presentó a las oposiciones y se quedó a las puertas de que la llamaran de la bolsa. En su segunda convocatoria "iba a por la plaza" y la ha conseguido gracias a que ha mejorado sus resultados y a que este año ofertaban más plazas

Resaca pos-oposiciones

Al igual que Lucía (quien aún permanece en ese estado de nerviosismo y cansancio que quita el hambre y no deja dormir), Manuel Moreno también está asimilando en estos momentos que sus preocupaciones por el futuro laboral ya se han resuelto. “Pasas de 100 a 0 y el cuerpo tarda en regularse porque viene acarreando un nivel de estrés importante desde hace tiempo”, añade este otro marchenero de 28 años, que incluso después de ver su nombre en la lista, “soñaba con que me quitaban la plaza y seguía durmiendo poco”.

Elisa Ramos, psicóloga especializada en apoyo a opositores, entiende que sea así porque al periodo de “efervescencia emocional” que atraviesan quienes se embarcan en unas oposiciones, sometidos a una carga continua de estrés y ansiedad, le sigue una especie de “resaca”, acentuada por la “vorágine de prepararse para lo siguiente”. De ahí que muchos como Lucía estén encarando el verano con un cóctel de emociones en el que se funden el miedo, la euforia y la incertidumbre a un ritmo frenético: “Estoy empezando a construir mi nueva vida y eso da un poco de vértigo, a la vez que ilusiona muchísimo”, confiesa la bióloga.

De hecho, de acuerdo con la experiencia de esta psicóloga, es habitual que los aspirantes a docentes busquen la ayuda de profesionales después de las oposiciones, en aras de superar síntomas que se acumulan y disparan al concluir el proceso, como el insomnio, aumento o pérdida de peso, disminución del apetito, dolores de cabeza, musculares o de estómago. Por eso, desde un punto de vista psicológico y emocional, Ramos considera que el sistema tal y como está concebido “no respeta nada” la salud mental de los opositores. “Es todo muy rápido y no les da tiempo para que lo celebren y asimilen”, sostiene en este sentido Ramos.

Verano de permanente celebración

Sin embargo, quienes ya han pasado por ahí y se dedican a acompañar a los futuros docentes durante su preparación, opinan que esa celeridad del proceso luego se agradece. Así lo defienden Ignacio Romero y Mario Romero, profesores de secundaria y preparadores de la especialidad de Biología y Geología en la academia Cartuja Oposiciones. Lo positivo a su juicio es que con este planteamiento los futuros docentes pueden incorporarse a la función pública en cuestión de un mes, mientras que otras categorías profesionales tardan años en resolverse.

Aun así, reconocen que durante el proceso “el opositor se siente un poco solo e indefenso ante muchos aspectos que son meramente burocráticos” y generan “sensación de inseguridad”. De modo que en este camino hasta las aulas, resulta fundamental contar con el respaldo de preparadores como Ignacio y Mario, que los acompañan “incluso después de haber terminado el curso de preparación”, resolviendo las dudas y consultas que surgen entre los nuevos docentes a lo largo de las diferentes etapas.

Mientras que para Lucía y Manuel todo es nuevo porque no contaban con experiencia previa en las aulas, otros opositores como Miguel Lora afrontan esta fase intermedia con un ánimo distinto. En su caso, haber conseguido la plaza de Educación Física ha significado zanjar “esa incertidumbre con la que vive el interino” y abrir las puertas a la “estabilidad” económica y emocional. Así pues, en septiembre se incorpora ya como funcionario en prácticas al mismo instituto de Huelva en el que lleva un curso completo como profesor sustituto. “Para mí, este primer año [que se considera de prácticas] era importante conocer el centro y tener las menores turbulencias posibles”, cuenta con una alegría contagiosa.

Miguel cierra este verano el proceso de oposición que inició hace cinco años, tres de ellos como interino

Por tanto, la presión de buscar alojamiento que pesa sobre su colega en la especialidad de Biología (que ha pasado en una semana de estar en Chiclana a irse también a El Puerto, tras publicarse el listado definitivo de destinos este pasado viernes), se ha tornado para Miguel en un verano de celebración continua junto a los suyos. “La felicidad es mayor, pero tardaré en digerirlo”, reconoce este profesor de 27 años, aludiendo a que su sorpresa ha sido “doble y triple” porque ha conseguido hacerse con una de las 49 plazas que había reservado la Junta de Andalucía para personas con discapacidad, al no completarse el cupo.

Un antes y un después

Al margen de los picos de estrés que persisten durante el periodo de adaptación, los futuros docentes poco a poco empiezan a saborear la noticia que ha cambiado sus vidas. “Estoy en proceso de ser consciente de dónde me estoy metiendo, de lo afortunada que soy de haber conseguido un sueño y de tener un trabajo para siempre y encima de lo que me gusta”, reflexiona Lucía a su vuelta de visitar el que será su próximo destino, donde ha pasado cuatro días buscando su nueva vivienda “sin pisar la playa”.

Por su parte, Manuel dice que ahora que lo va asimilando, vive en “un estado continuo de felicidad” que le invade desde que se levanta por la mañana. Esa sensación de “vivir en una nube” es la que Ignacio recuerda haber experimentado también en 1998 hasta que aterrizó en el instituto. “Recuerdo que el proceso de tener que echar los papeles rápido era lo de menos porque lo importante era la alegría del esfuerzo y lo que había conseguido”, rememora ahora este docente que siguió vinculado al proceso de oposición desde el año siguiente, ya como preparador, movido por la convicción de “lo que he recibido, darlo”.

Con este cartel, la biblioteca de Marchena recibía a los opositores

Precisamente, Lucía también siente que desde su posición como docente tiene que “repartir” la recompensa que ha logrado después de habérsela trabajado durante tres años, así como compartir en las aulas “todo lo que he aprendido en el camino hasta conseguir la plaza”. Por eso rebosa “ganas de comenzar a trabajar” e “ilusión” por disfrutar dando clases y aprendiendo junto a sus alumnos.

Entre tanta felicidad, Miguel se acuerda de esos compañeros que no han tenido la misma suerte que ellos, porque en unas oposiciones “no todo el que estudia aprueba”. En efecto, como preparador, Mario admite que el factor azar es muy decisivo, pero lanza palabras de aliento a quienes tengan esa vocación, convencido de que si se preparan a conciencia, tarde o temprano podrán acceder a la que considera “la profesión más bonita del mundo”. De su lado, quienes ya tienen un pie dentro del sistema educativo solo tienen que preocuparse de que esa ilusión que acompaña ahora a Lucía, Manuel y Miguel desde que se despiertan, siga latiendo todas las mañanas cuando lleguen al centro.

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