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Y (sin embargo) te quiero: las encuestas son útiles, incluso cuando fallan

Un análisis detallado de los sesgos cometidos por las encuestas pre-electorales andaluzas hace que piense que merece la pena seguir apostando decididamente por esta relación

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Las encuestas son útiles. Incluso cuando fallan, proporcionan una información relevante que ayuda a los ciudadanos a decidir su voto. Por este motivo es fundamental eliminar la prohibición de publicar encuestas en los días previos a la elección. El embargo produce desinformación y desigualdad en el derecho de disponer de información actualizada y precisa.

Que las encuestas han fallado en su pronóstico de los resultados de las elecciones andaluzas del domingo 2 de diciembre parece algo tan evidente como poco sorprendente teniendo en cuenta sus recientes descalabros. Tal es la acumulación de desengaños, que hay quien pensaría que solo nos queda hacer las maletas y marcharnos de casa. Sin embargo, un análisis detallado de los sesgos cometidos por las encuestas pre-electorales andaluzas hace que piense que merece la pena seguir apostando decididamente por esta relación.

En general, las encuestas han funcionado bien en Andalucía tanto a la hora de captar las tendencias en la evolución del voto como de pronosticar el resultado de la mayoría de las convocatorias electorales celebradas desde 1982. Han identificado siempre correctamente al ganador, han acertado casi totalmente con el orden de los partidos según el porcentaje de voto y han anticipado la entrada de nuevos partidos en el Parlamento. A pesar de este buen historial, las encuestas no fueron capaces de pronosticar correctamente el resultado de las elecciones de 2012, en las que otorgaban un importante margen del PP-A sobre el PSOE-A que no se materializó en las urnas. Y, a la vista de los datos, tampoco lo han conseguido en las pasadas elecciones.

Entre el 17 de septiembre y el 2 de diciembre se publicaron un total de 39 encuestas pre-electorales producidas por 17 empresas e instituciones distintas. La tabla muestra la lista de estas ordenadas por fecha, así como su nivel de precisión global medido a través del error absoluto (la suma de las desviaciones de la estimación del voto a cada partido con respecto al resultado obtenido por ese partido en la elección) cometido. Asimismo, la tabla identifica aquellas encuestas que han ofrecido alguna estimación que se desvía del resultado electoral por encima del margen de error muestral declarado y sobre qué partido y en qué dirección se producen estos sesgos.

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Como vemos, la práctica totalidad de las encuestas incurrió en sesgos sistemáticos en sus pronósticos de los resultados electorales de PSOE-A y de Adelante Andalucía (AA), sobrestimándolos en unos cinco y algo más de tres puntos de media respectivamente. Las encuestas también subestimaron la fuerza de la entrada de Vox en el Parlamento andaluz restándole en promedio otros cinco puntos. Con una excepción: la encuesta tracking de GAD3, que mantuvo abierto el trabajo de campo hasta el viernes anterior a la votación, dentro ya del período en el que la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) prohíbe la publicación de encuestas, y que el diario ABC publicó al cierre de las urnas el domingo 2 de diciembre, acertó casi de pleno los resultados de la elección.

Además de por la precisión alcanzada, esta encuesta tiene un gran valor para el sector de la investigación de la opinión pública. Sus resultados son una prueba más del impacto negativo que el embargo a la publicación de encuestas en los cinco días anteriores al de la votación, que prevé la LOREG, causa a la precisión de las encuestas y a la imagen y la confianza del público en ellas. La evolución de la intención de voto directa medida por esta encuesta, publicada por Narciso Michavila en su cuenta de Twitter, muestra cómo entre el 26 y el 30 de noviembre el voto al PSOE-A bajó cuatro puntos mientras que VOX aumento en un porcentaje similar (pasando del 6,8 al 10,9 por ciento en esos cinco días), profundizando así una tendencia que las últimas encuestas publicadas ya venían apuntando, pero cuya magnitud no pudieron llegar a reflejar en su totalidad.

Algo muy parecido ya había ocurrido en las pasadas elecciones generales de 2015 en las que las encuestas más precisas fueron, además de un tracking de GAD3 similar al descrito para las elecciones andaluzas y el sondeo a pie de urna de TNS, las encuestas andorranas de GESOP, así denominadas porque eluden el embargo de la LOREG publicando sus resultados en el Periòdic d’Andorra.

No es casualidad que las encuestas que más atinan con los resultados sean las que preguntan en los últimos días antes de la votación. Las encuestas post-electorales del CIS nos alertan de que buena parte del electorado decide su voto cada vez más tarde. En las elecciones generales de 2015, el 36% de los votantes decantó su voto en las dos últimas semanas. De ellos, algo más del 9% lo hizo el mismo día de la votación. Estas cifras fueron del 30% y de algo más del 7% en las elecciones al Parlamento Andaluz del mismo año.

Por estos motivos resulta vital eliminar la prohibición de publicar resultados de encuestas electorales. Se trata de una legislación anticuada que no solo va directamente en contra de la precisión de las encuestas electorales sino también contra el derecho de la ciudadanía a disponer de información actualizada y precisa sin limitaciones de ningún tipo que recoge el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y que además no consigue el pretendido objetivo de evitar que los resultados de las encuestas influyan en el electorado. El embargo afecta solo a la publicación y no a la realización de encuestas con lo que hay quienes sí disponen de esa información (partidos políticos, medios de comunicación, etc.) hasta el último minuto y pueden emplearla estratégicamente en la conformación de sus mensajes al electorado. Por tanto, el embargo no solo priva a los ciudadanos del acceso a una información relevante para decidir su voto, sino que genera una desigualdad flagrante en el acceso a la misma.

La prohibición deja congelada la foto de la evolución de la opinión pública y de las preferencias del electorado en un momento determinado arbitrariamente cuyo efecto no es en ningún caso neutral. En 2012, el fundido a negro de las encuestas apuntó un escenario en el que el PP-A ganaría las elecciones con un margen holgado para gobernar. Es plausible pensar que este escenario pudo activar el voto progresista y dejar en casa a otros votantes, confiados en que el PP-A contaba con un margen suficiente. En 2018, el escenario avanzado por las encuestas era el de un gobierno del PSOE-A apoyado por Ciudadanos o Adelante Andalucía. Es probable que, de haber sabido que podía producirse un vuelco electoral en Andalucía, muchos de quienes se quedaron en casa hubieran votado. Con independencia del resultado en ambos casos, de lo que no hay duda es que lo deseable en democracia es que los ciudadanos no se arrepientan al día siguiente de haber votado (o de no haber votado) como lo hicieron.

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