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Alberto Castrillo-Ferrer: “Los artistas deberíamos depender solo del público y no de lo público”

Alberto Castrillo-Ferrer

María Bosque Senero

21 de julio de 2023 23:23 h

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Actor y director de teatro, este aragonés vuelve a poner en el mapa de la cultura y el arte a Murillo de Gállego gracias al Festival Manhattan, en su cuarta edición. Además, ha apostado por la creación de un espacio pensado para residencias artísticas en la casa del pueblo de su familia; un llamamiento a su origen rural y a la naturaleza como lugar de trabajo e inspiración para artistas de todo tipo.

Es usted actor y director de teatro. Se formó en la Escuela de mimo Marcel Marceau, en París, pero antes estudió Turismo y fue guía de montaña. ¿Cómo se dio ese giro profesional?

En mi familia nunca se pensó que el arte pudiera ser un medio de vida; era hijo único y como pasaba en otras tantas familias mis padres hubieran deseado que fuera médico o abogado. Finalmente opté por estudiar Turismo porque no me veía en una carrera de ciencias o en una ingeniería. Cuando estaba en tercero de Turismo el teatro se cruzó en mi vida, empecé a ir por las tardes a la Escuela de Teatro de Zaragoza, después llegó la época de París y nunca lo he dejado.

Usted se considera un gran defensor de la formación ¿por qué?

El mundo al que me dedico es muy duro, no siempre suena el teléfono y alguien al otro lado te ofrece trabajo. Cuantas más herramientas tengas para diversificarte, más posibilidades tienes de estar siempre en activo, por eso soy un gran defensor de seguir aprendiendo, de saber hacer diferentes cosas, de interpretar, pero también de tener esa capacidad para crear o para impartir talleres para formar a otros. Es algo que le he inculcado a mi hija; ella estudia canto lírico y al mismo tiempo cursa musicología para que su formación sea lo más amplia posible, con la vista puesta en el futuro. Como anécdota, tengo que añadir que ahora estoy estudiando Derecho, por placer: si mi padre me viera…

Hablando de futuro ¿cómo se ve en un futuro próximo Alberto Castrillo-Ferrer?

Creo que mi futuro está en el teatro, sin duda. Me gusta el audiovisual, pero me doy cuenta de que el teatro tiene un peso más importante en mi vida. Lo efímero del teatro hace que me apetezca trabajar en el audiovisual, es verdad que en las artes escénicas se crea una conexión especial en el momento, pero tener algún trabajo en cine permite que el trabajo quede ahí para siempre, y que se pueda volver a ver y a disfrutar; algo que con el teatro no pasa.

Para continuar con esa creación y con el teatro puso en marcha el Festival Manhattan de Murillo de Gállego, que tiene como escenario precisamente esta localidad de la que usted desciende ¿Cómo está yendo esta edición?

¡Qué te voy a decir! ¡Fantástica! Ha sido un primer fin de semana de locura, gestionando a más de 60 personas entre actores y actrices, bailarines/as, técnicos, personal de producción, de comunicación… pero ha salido todo muy bien. La respuesta del público es inmejorable y los artistas no se querían ir. He de decir que tenemos un equipazo y eso se nota. Es una cita cultural que se desarrolla este año hasta el 14 de agosto, en tres fines de semana alternos, con una oferta de 12 espectáculos de teatro, danza, música, circo y cine.

El espacio físico en el que se desarrolla el Festival es especial para usted ¿cuéntenos por qué?

Porque es la localidad natal de mis padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y un largo etcétera en la que he pasado veranos y temporadas no solo de niño sino también de adulto. Como hijo y nieto único heredé la casa familiar, un lugar del que guardo tantos y buenos recuerdos. Supe que tenía que darle un sentido especial, así que en este proyecto he unido mis dos pasiones: por una parte, el teatro, y por otra, la vida rural y el contacto con la naturaleza, y así surgió la idea de crear un espacio adaptado para residencias artísticas.

Podemos decir que este nuevo espacio supone que la agenda de actividad del pueblo de Murillo de Gállego se amplíe de la época estival al resto del año.

Sí, la idea es que la casa haga las funciones de espacio especializado en acoger residencias artísticas a lo largo de todo el año. Además de la parte de anfiteatro abierta al exterior y la zona de teatro -con capacidad para 99 personas- donde ya se hacen funciones con bastante éxito de público, llegando a acoger entre 30 y 50 personas en invierno, contamos además con una sala de ensayo de 50 metros cuadrados y seis metros de altura, que da la posibilidad incluso a quienes hacen circo de hacer residencias para crear, ensayar o impartir cursos de formación en un entorno privilegiado, rodeados de naturaleza. Disponemos también de un apartamento en el que se pueden quedar, pero la idea es que se creen sinergias con los alojamientos y la restauración del pueblo.

Usted es un actor conocido a nivel nacional ¿puede un profesional liberal como usted llegar a vivir en el mundo rural?

Tenemos que saber convivir con el hecho de que en un pueblo a las cinco de la tarde en invierno no pasa nada. Hay cosas que no se pueden cambiar porque entonces estaríamos pidiendo convertirlos en ciudades. Un pueblo ofrece otras cosas; distintas, pero igualmente necesarias. En la vuelta de los profesionales a espacios naturales para la creación el wi-fi ha sido proverbial, un gran avance para que muchos podamos trabajar desde los pueblos, desde esa España despoblada. Ahora faltaría ampliar el transporte público y mejorar las conexiones para que muchas más personas tuvieran la facilidad de acercarse al mundo rural.

Un lugar al que usted también vuelve cada vez con más frecuencia.

En Zaragoza vivimos en un apartamento pequeño, sin embargo, en esta casa en Murillo de Gállego hay espacio para una biblioteca, para ensayar, para escribir, para desconectar. Mi intención es pasar cada vez más tiempo en ella, trabajando, creando, descansando y compartiendo con personas positivas que, junto con los libros de los clásicos que un día me inspiraron, son lo más importante para mí y la fuente de la que bebo cuando la burocracia, los compromisos y esta vida sin apenas tiempo libre me absorben la creatividad.

Compartir implica tener cerca a las personas a las que quiere. ¿No tener tiempo ha sido el precio de su independencia profesional?

Sí, ese ha sido el precio de hacer lo que he sentido que debía y quería hacer, estar siempre ocupado, con el tiempo mínimo para compartir con mi familia, con mi pareja, con mi hija. Esta profesión tiene un peligro hoy en día, y es que se depende demasiado de lo externo, ya sea lo público o los intereses. En mi caso nunca he querido ser servil, y eso ha hecho que me haya tenido que buscar mucho la vida; de ahí la formación, la puesta en marcha de proyectos propios. Creo firmemente que los artistas tenemos que ser independientes, y que nuestros personajes deben gozar de libertar para hacer y decir cosas; la ficción sirve también para denunciar.

Y frente a la libertad está la censura, la que se está viviendo en los últimos tiempos y que su sector, el de la cultura y el arte, han denunciado ¿Cree que ha venido para quedarse?

Creo que es una censura burda, y que lo burdo dura poco, por lo tanto, la situación que estamos viviendo caerá por sí sola en poco tiempo, espero. Me preocupa más otro tipo de censura que también existe, pero que es más silenciosa: la autocensura (que siempre ha existido en mayor o menor medida) y la censura que viene impuesta desde dentro, de los míos. La politización del arte es peligrosa.

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