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La gran portalada histórica de la Casa de Salud Valdecilla lleva medio siglo entre zarzas y basura de una finca abandonada

Imagen de la fachada histórica de la Casa de Salud días antes de su retirada. Fue publicada en 'Médicos y Hospitales de Santander en 1977.

Javier Fernández Rubio

Santander —

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¿Dónde se conserva la gran portalada histórica de la Casa de Salud Valdecilla? En una finca abandonada, entre zarzas y basuras en un páramo de Parayas, en el municipio de Camargo. Desde hace 54 años, los sillares de la fachada del que fuera el hospital más moderno e innovador de finales de la década de los años 20 del pasado siglo sigue abandonada y tiene todas las papeletas para acabar engrosando la Lista Roja del Patrimonio de Cantabria que periódicamente actualiza la organización Hispania Nostra.

En 1970 quedó aprobado el inicio de la demolición de parte del complejo (un hospital horizontal sobre la base de pabellones), con el fin de hacer sitio a lo que entonces se conoció como el Hospital General y el edificio de Traumatología, hoy reconvertidos y modernizados. La demolición puso fin al pabellón principal en donde se encontraba la gran portalada de acceso, cuyos sillares fueron numerados antes de su retirada para ser reubicados en la parte frontal de los nuevos edificios hospitalarios, a propuesta del arquitecto Hernández Morales, cosa que nunca se produjo.

Los sillares fueron depositados en un terreno cercano al antiguo Psiquiátrico de Parayas y desde entonces no se han movido del lugar, cubiertos de musgo y zarzas, y compartiendo espacio con vertidos incontrolados de todo tipo de residuos.

La portalada tiene un alto valor simbólico, emocional y patrimonial: simbólico porque configuró el sueño del neurocirujano Wenceslao López Albo que, con la financiación del marqués de Valdecilla, levantó un hospital que hizo de la ciencia un factor de mejora social; emocional, por las generaciones de médicos, enfermeras, técnicos y empleados de todo tipo que durante cuatro décadas pasaron bajo sus arcos; y patrimonial, porque tiene un valor histórico indudable, lo que le granjeará el dudoso honor de formar parte de la lista roja de Patrimonio en riesgo de desaparición que actualiza periódicamente Hispania Nostra.

“Las piedras de la arcada y la balconada se numeraron para ser desmontadas cuidadosamente, sin duda con la intención y el compromiso de volver a montarlas con el respeto y la dignidad que merecían en reconocimiento y agradecimiento a quienes habían hecho posible, y mantenido hasta entonces, el buen nombre de la institución, Ramón Pelayo y María Luisa Gómez en primer lugar. También para que el personal y los usuarios del futuro, nosotros, compartiésemos esa memoria”, indica la investigadora Montserrat Cubría.

Que la portalada yazca en una finca cubierta de bardales viene de lejos. El Centro de Estudios Montañeses, por medio de su presidente, Francisco Gutiérrez Díaz, reclamó en 2014 a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria su reconstrucción, sin ningún éxito, visto el resultado una década después. Hace cinco años, Montserrat Cubría publicó un estudio en el que no solo daba cuenta de este hecho, sino que proponía varias alternativas para su reconstrucción y ubicación en la capital de Cantabria.

“Efectivamente, las piedras de Valdecilla se arrumbaron en 1970 en un terreno de la finca del Centro Psiquiátrico de Parayas, al oeste del campo de fútbol y detrás de la casa de los guardeses hoy en ruinas. Allí yacen, abandonadas, casi medio siglo después, ocultas bajo tierra la mayoría, semienterradas las demás y cubiertas por frondosa vegetación”, escribe la historiadora y máster en patrimonio histórico y territorial, quien recuerda que se tardaron décadas en conseguir saber el emplazamiento exacto de los restos de la portalada.

La propuesta de la investigadora era reconstruir la portada en grandes glorietas, como las de Cajo, frente al acceso norte del complejo hospitalario. No es una novedad. La Plaza de Manuel Llano, en Cazoña, acoge otra portalada: la que había en el solar de la calle Federico Vial. Otra opción es trasladarla a los jardines de la Finca Museo del Marqués de Valdecilla en Medio Cudeyo, de donde era oriundo el noble y cuyo Ayuntamiento es custodio del legado histórico de Ramón Pelayo de la Torriente y su sobrina María Luisa. El traslado tendría que surgir a iniciativa del Consistorio, que puede reclamar el bien patrimonial.

Historia del hospital

La Casa de Salud Valdecilla se inauguró en 1929, cuando Ramón Pelayo de la Torriente, marqués de Valdecilla, decidió asumir por sí solo el patrocinio de una iniciativa popular para sustituir el viejo Hospital de San Rafael, hoy sede del Parlamento de Cantabria.

Gregorio Marañón asesoró el proyecto, el arquitecto González Bringas diseñó los planes y el doctor López Albo planificó los servicios. La idea de construir pabellones unidos mediante una galería y un túnel subterráneo fue pensada en beneficio de los enfermos y residentes, algo novedoso en 1929, como lo fue el material que se incorporó a las salas, lo último en avances científicos.

La Casa de Salud Valdecilla surgió con varias funciones: asistencial, docente, investigadora y preventiva. De aquel espíritu innovador y adelantado a su tiempo, surgieron el Instituto Médico de Posgraduados, la Escuela de Enfermeras, la Biblioteca Marquesa de Pelayo y los laboratorios de investigación experimental.

La llegada de la Guerra Civil y el fin de la II República fue también el fin del sueño de López Albo. La sobrina del benefactor, María Luisa Gómez, tomó las riendas del patronato y aplicó su mentalidad conservadora, lo que se tradujo, en el apartamiento de López Albo y la introducción de las órdenes religiosas en el trabajo hospitalario. La Casa de Salud entró en decadencia y la obsolescencia del material e instalaciones era ya palmaria mucho antes de que se iniciaran el derribo de los principales pabellones por iniciativa de la Diputación Provincial, que quiso modernizar la oferta hospitalaria.

En 1969, el Instituto Nacional de Previsión construyó en las inmediaciones la Residencia Cantabria y, posteriormente, el edificio de Traumatología y el Hospital General. En 1972, se firmó un acuerdo entre el Instituto Nacional de Previsión y la Diputación Provincial de Santander para una integración del complejo, en lo que vino a llamarse Centro Médico Asistencial Nacional 'Marqués de Valdecilla', que aglutinaba la Residencia, el Hospital General, la Casa de Salud y el edificio de Traumatología.

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