Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La dirección del PP desautoriza a Guardiola en la negociación con Vox
El giro discursivo que Delgado y Rufián piden a la izquierda
ANÁLISIS | El golpe de Estado del 23F: ¿Salvó el rey la democracia?, por C. Fonseca
ENTREVISTA
Pablo Díez, escritor

“La literatura seria se ve cada vez más relegada y terminará por considerarse inservible”

El escrito Pablo Díez.

Rubén Alonso

0

El novelista Pablo Díez (Santander, 1980) ha conocido la consagración, el olvido y la restitución. Pero nada ha frenado su producción narrativa desde que hace casi tres lustros viera la luz la premiada 'Comet' (Lengua de trapo, 2008), obra que resultó merecedora del Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid. Residente en la capital, el escritor cántabro ha publicado recientemente su quinto trabajo, 'Luminaria' (El Desvelo Ediciones, 2022), una obra de orden moral en donde los sentimientos de clase se imponen a los de justicia por medio de la desconcertante manera en que un poderoso abogado encubre un encargo de asesinato.

¿Escribir es una necesidad o una pose?

La escritura madura y rigurosa no puede ser una necesidad. Porque es un proceso doloroso, solitario y extenuante que entra en colisión con todo lo que es estrictamente necesario. El masoquismo sin contraprestaciones nunca puede ser necesario. ¿Una pose? Yo me fijo en lo que hay detrás: pasarse horas encorvado ante un ordenador es más bien indecoroso. La literatura es posiblemente el arte que presenta el mayor contraste entre la indignidad de los procesos empleados y el resultado creativo que se acaba obteniendo. Cuando es bueno, claro.

¿Puede la escritura cambiar la realidad o ese no es su área de interés?

El poder transformador de la literatura se ha extinguido al verse arrinconada por formas más instantáneas y efectivas de dar forma a los hechos. La literatura seria se ve cada vez más relegada, y terminará por considerarse inservible. Los escritores nos vemos inmersos en una duda letal sobre el sentido de la literatura contemporánea. Algunos nos preguntamos incluso si todavía tiene derecho a existir. ¿Puede la literatura servir para algo cuando está abocada a tan intrascendente destino? Esa es mi pregunta.

¿Cómo adquirió el oficio de escribir? ¿Cree en escuelas y talleres?

La adquisición de una capacidad literaria es el resultado, ante todo, de una predisposición innata, pero también, en menor medida, de una voluntad consciente de perfeccionamiento. El talento natural es condición indispensable, pero no se basta a sí mismo, tiene que alimentarse. Y la única forma de alimentarlo es la lectura obstinada y exigente. No creo en escuelas y talleres de escritura. Mi único consejo a quienes pretenden escribir es precisamente uno que todos deberíamos aplicarnos: no escribáis, leed.

Mi único consejo a quienes pretenden escribir es precisamente uno que todos deberíamos aplicarnos: no escribáis, leed

Pablo Díez Escritor

¿Cuándo supo que había encontrado su voz, su forma de escribir?

No creo haber encontrado una forma definitiva. Mi actual proyecto, visible en las últimas novelas, consiste en desvincular mi experiencia personal de la del narrador, el contexto y la trama. Creo que nos rodea un hincapié excesivo en lo autobiográfico, lo que muchas veces da amparo a una literatura morbosa y burda. El relato autobiográfico, en su forma más primaria, resulta sencillo a quien lo escribe y empobrece el gusto de quien lo lee.

¿Es escritor de guion previo o escribe sin ton ni son y luego entra a saco con el lápiz rojo?

Mi idea inicial es siempre muy rigurosa, meditada y predecible. Pero luego todo cambia, se transforma, las ideas previas se desechan y la novela se acaba convirtiendo en una cosa distinta a la esperada, irreconocible. Yo, como autor, acabo siendo presa del suspense ante el transcurso de mi propia obra.

Uno de los rasgos de su estilo es la precisión en el uso de las palabras, ¿hasta qué punto le obsesiona?

Es cierto que me obsesiona el acierto expresivo, pero esto me parece lo menos dificultoso del proceso narrativo. Mucho más complicado es dar con el ritmo, la coherencia, la integridad del conjunto, la cadencia correcta de los diálogos, el apego a la temática abordada, el dominio de la temporalidad, la creación premeditada de efectos emocionales, la sintonía con el contexto social o histórico escogido…

¿Qué es lo que más le desespera de su oficio de escritor?

La ausencia de una medición perfecta. Que no exista una marca, un tiempo o un precedente que, como en el deporte, confirmen o descarten fehacientemente el valor de lo que escribes. Envidio al saltador de pértiga que percibe con tanta claridad el éxito o fracaso de su empresa. Esa inexistencia de un criterio de medición individual es extensible a la producción literaria en su conjunto: ignoro los parámetros aplicados para que una obra llegue a buen puerto.

Su última novela, 'Luminaria', retrata de nuevo la degradación de una familia vinculada a un régimen autoritario, como ya hizo en 'Consolación a Paulino'. ¿Estamos ante una novela de corte social, ante una sátira política?

'Luminaria' es una sátira de tipo más moral que político. La vinculación del personaje principal con el régimen puede inferirse, pero no se insiste en ello. De hecho, la historia transcurre en la actualidad y en un contexto políticamente aséptico. La novela se centra ante todo en los principios morales del protagonista, que manifiesta en su alegato. En su convicción de que no todos los seres humanos son iguales ni merecen, por cuestión de distinción y origen, el mismo trato. Su concepto de la moral, del orden y de la estética está por encima de la justicia.

¿Es usted un escritor moral?

No soy una persona de moral laxa, sino alguien dado a la desaprobación y la censura, tanto conmigo mismo como con los demás. Son muchas las actitudes que considero reprochables. No sería extraño que esa rectitud y esa propensión al sentimiento de agravio acabaran trasladándose a algunos personajes de mis novelas. Pero con ellas no trato de aleccionar a nadie. No estoy precisamente en condiciones de dar lecciones.

Como escritor, su territorio es la novela. Que yo sepa, no aborda otros géneros. ¿Por qué?

Por un lado, la buena novela me parece la forma escrita suprema: la más difícil e inasequible, porque depende de un infrecuente talento natural, más que de un acierto puntual o de un trabajo aplicado y concienzudo. Por otro, soy muy escrupuloso y consciente de mi responsabilidad al añadir mis novelas al gran universo de las que ya existen. Si insisto en ello, es porque creo que tienen un componente distintivo que puede hacerlas, si no valiosas, sí estimables. No sucede lo mismo con otros géneros. El ensayo me interesa mucho, pero no estoy seguro de poder aportar con él ese elemento diferenciador. Aunque puede que algún día cambie de opinión.

¿Qué autores o movimientos le han influido a la hora de escribir?

Prefiero no pensar en grandes autores cuando escribo mis novelas. De lo contrario, los complejos, la conciencia de mi endeblez y el agravio comparativo me paralizarían. Me encanta la narrativa decimonónica europea, pero mis novelas están técnica y estilísticamente arraigadas en nuestro tiempo, a pesar de los rasgos extemporáneos de sus personajes.

¿Hasta qué punto le ha influenciado su ciudad de origen, Santander?

Hasta tal punto que he tenido que prescindir deliberadamente de ella en mis novelas. Mi instinto inmediato es situarlas en el Santander que conozco. Pero, dada mi voluntad de desvincular la experiencia personal de mi voz literaria, he tenido que desterrar mi origen. Ahora prefiero una literatura desapegada y ajena a todo tipo de cercanía o intimidades. Es mucho más difícil de hacer, pero intelectualmente resulta más estimulante.

¿Cómo se ve Santander desde Madrid?

Supongo que como los católicos ven El Vaticano. Santander es mi Sion. Con la diferencia de que nunca me expulsaron, sino que yo mismo me marché. Estúpidamente, pero también guiado por criterios perentorios. Todos los desterrados soñamos con el improbable retorno.

¿Qué opina del panorama literario actual?

No tengo una opinión autorizada al respecto, aunque los indicios que recibo son alarmantes. El exceso productivo, la extinción de la crítica, el inexplicable encumbramiento de ciertas obras, el intrusismo rapaz, los dogmas comerciales, el privilegio nepotista y otros factores me han apartado de la literatura que me rodea. Me atrevería a decir que el principal problema es la profusión de obras carentes de valor, y aceptaría que alguien achacara tal condición a las mías. Al contrario de lo que sucede con ciertos fenómenos sociales y naturales, la narrativa actual se debilita más y más a medida que se expande.

El exceso productivo, la extinción de la crítica, el inexplicable encumbramiento de ciertas obras, el intrusismo rapaz, los dogmas comerciales, el privilegio nepotista y otros factores me han apartado de la literatura que me rodea

Dígame el inicio de novela que más le ha impresionado... o puesto verde de envidia.

Las veinte o treinta primeras páginas de Viaje a la Alcarria. Cuántas veces he tratado consciente o inconscientemente de hacer algo parecido. Y con qué fracasos se han saldado esos intentos. Afortunadamente, siempre los identifiqué a tiempo como inservibles. 

Etiquetas
stats