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Entrevista El Drogas

"Desde la izquierda tendríamos que analizar cómo dinosaurios políticos como Felipe González todavía pueden tener influencia en la sociedad"

Enrique Villarreal, El Drogas. Archivo

A Enrique Villarreal, más conocido como El Drogas (Pamplona, 1959), la pandemia también le ha hecho cambiar el repertorio de sus actuaciones. Tras cuatro décadas de conciertos frenéticos al puro estilo punk y rock, lleva un año adaptando sus bolos a teatros o casas de cultura, principalmente, con público sentado y respetando las distancias, tal y como marcan las medidas sanitarias para la cultura. "Me gusta esa comida de tarro que tengo que hacer para que la gente no esté muy venida arriba desde el minuto uno", reconoce. Pero si algo caracteriza a esta leyenda en activo del rock nacional es su sentido crítico desde una posición abiertamente de izquierdas, reflejado en las letras de sus canciones.

Y con la parsimonia habitual de sus palabras, cargadas de reflexiones profundas y filosóficas como a él le gustan, habla claro en conversación con elDiario.es sobre la situación actual del país y el papel de la izquierda en los asuntos de mayor calado social. "Creo que tendríamos que analizar cómo ha funcionado en este país el PSOE desde que arrancó en el poder con Felipe González, y cómo este tipo de dinosaurios políticos todavía pueden tener influencia en una sociedad donde muy poca gente vive como quiere vivir", señala horas antes de actuar en el Festival Sónica de Castro Urdiales.

Tras año y medio de COVID-19, ¿El Drogas tiene fatiga pandémica?

Sí, pero se me pasa relativamente rápido si pienso que más cansados están los sanitarios y sanitarias, porque creo que tendríamos que pensar más en eso. Entiendo que es lógico porque los oficios de todos dependen de esta situación, pero hay que tener en cuenta el cansancio de la gente que ha estado en primera fila desde el minuto uno, y la soba física y mental que han llevado.

Quizá al principio lo teníamos muy en cuenta, con los aplausos, ¿cree que eso se nos ha olvidado un poco?

Soy gran defensor de los aplausos, esa forma tan física de reconocer el esfuerzo y el trabajo de los sanitarios, lo defendí a saco. Es algo muy simbólico, pero luego se empezó a sacar hasta equipos de música, poniendo el 'Resistiré' del Dúo Dinámico o 'No hay tregua' de Barricada. Me es igual, comienza a asentarse todo eso. Luego vinieron las cacerolas, la policía dando la sirena, y todo era para los sanitarios, pero creo que también por las personas que estaban en supermercados o zonas más expuestas.

¿Considera que era un grupo pequeño aquel que intentó distorsionar este apoyo al colectivo?

No me parece que España sea un país con un nivel de imbecilidad tan alto como los que vamos viendo en distintos temas. Tenemos ahora el tema de Cuba y esos mismos no te van a hablar del tráfico de armas del rey. Nos falta un contundente análisis de por qué suceden las historias, luego puedes estar de acuerdo o no. Son minoritarios los que tienen másteres inventados, pero meten mucho ruido.

¿Cree que desde la izquierda se está siendo demasiado conformista y no hace ese análisis del que habla?

Sí, deberían ser más contundentes. Creo que tendríamos que analizar cómo ha funcionado en este país el PSOE desde que arrancó en el poder con Felipe González, y cómo este tipo de dinosaurios políticos todavía pueden tener influencia en una sociedad donde muy poca gente vive como quiere vivir. A mí se me hace muy jodido que existan colas del hambre en un país occidental y europeo, por ejemplo, por lo que la izquierda debería tener más claro el análisis con temas como la memoria histórica, la ley de dependencia, sacar a flote a la banca, etc.

Le he visto crítico con Podemos en varias entrevistas, asegurando que "se dedica más tiempo a limpiarse la mierda que le echa la derecha que a solucionar los problemas de la gente".

Igual soy un poco visceral porque estoy un poco cabreado, pero a mi me gusta criticar con criterio propio después de analizar lo que hacen los que creo que están en mi lado. Considero que lo que necesitamos es que todos estos temas nos hagan parar y mirar de qué forma estamos conviviendo con nuestros vecinos, tanto en los edificios más cercanos como en los países más lejanos. Por desgracia, tiempo para pensar siempre ha tenido la burguesía, pero ahora hasta yo me considero clase media un tanto aburguesada, porque al autónomo no le quedan casi otros cojones que pensar como pensaban esas personas. Yo ahora tengo tiempo para ello, pero por desgracia otra gente no lo tiene, porque desde el primer momento del día tiene que pensar en buscarse la vida y sobrevivir solamente. Es muy complicado que cuando el estómago te hace ruido te de tiempo a filosofar de la manera que lo puedo hacer yo.

También ha criticado con dureza las políticas de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. ¿Cómo explica que arrasara en las elecciones?

Entiendo que el nacionalismo español ha estado siempre muy presente, y parece que esa especie de nacionalismo traspasado al provinciano -el madrileño- de a pie ha funcionado, el ir más a las vísceras que al cerebro.

¿Lo ve extrapolable al panorama nacional o considera que Madrid tiene, por ese nacionalismo provinciano que menciona, ecosistema propio?

No lo tengo muy claro. No sé tampoco cuantificar la gente que habría involucrada de verdad en un cambio político para este país, con un federalismo más claro a través de modificar la Constitución. Tampoco sé el grado de convencimiento que hay para que la monarquía desaparezca por fin. Yo soy partidario de la República, siempre me he mostrado republicano, entendido todo como la res-pública, que la sanidad y la educación sean públicas y populares.

Tras la salida de Pablo Iglesias y ahora con Yolanda Díaz, la política que actualmente despierta más simpatía entre la izquierda, ¿qué panorama augura para Podemos?

No sé cómo están de manera interna, pero Yolanda Diaz es una persona que me despierta simpatía y cierta confianza a la hora de seguir creyendo en lo que puede ser la política dirigida por políticas o políticos, algo que ha sido muy complicado hasta que aparecen Podemos o las mareas. Era una especie de tercera vía, como se hablaba en el País Vasco. O eras de un lado o de otro, pero de repente encuentras que hay gente que quiere encontrar soluciones, sobre todo en el diálogo. Los movimientos que han estado por el diálogo suponen empezar a escuchar a personas que estaban metidas en plataformas como Gesto por la Paz. En política hacen falta esas terceras vías que marquen objetivos concretos y se lleven a cabo. La igualdad, por ejemplo, no es un ente que viene en un platillo volante. Está muy claro que habrá que discutir qué es lo que está pasando y por qué existe tanta discriminación. En tema de feminismo, no solo hay que ver los sueldos o la presencia de mujeres en puestos directivos, también en cualquier otro grupo, como los de música, porque la sociedad se refleja en todos estos campos. Lo que hace falta es discriminación positiva y saber mantener la independencia personal de los colectivos discriminados.

Centrándonos en la música, ¿qué supone para alguien acostumbrado a dar conciertos multitudinarios con el contacto, el roce y el calor humano propios del rock y el punk tener que hacerlo con restricciones de aforo, distancias, la gente sentada...?

Pues la verdad es que ya me pone la cosa, porque me ha hecho tener que plantearme el repertorio. Hemos hecho bastantes bolos por teatros y casas de cultura con diferentes formatos, aunque no olvido que también le va a apetecer a la gente escuchar otras canciones míticas. En fin, me gusta esa comida de tarro que tengo que hacer para que la gente no esté muy venida arriba desde el minuto uno, y que pueda ser capaz de observar lo que pasa en el escenario, cosa que saltando y bebiendo es complicado. Con la presentación del quíntuple, donde llevábamos acústica y piano, oía mucho más los murmullos, pero a la vez me gustaba, me gustaba el reto y la nueva sensación.

¿Cuáles son sus principales inquietudes o preocupaciones?

Con el tema de la pandemia y el encierro, para no volver a la familia más majara de lo que los suelo volver, di con varios escritos que tenía por ahí guardados, pero me dio por seguir escribiendo, leyendo como un cosaco, aunque eso se suele decir de la bebida [ríe]. Y a la vez, para descansar de ello, cogía la guitarra y el piano, y así todo el rato. Al final, resulta que este último año tenía unas 300 páginas de escritos y ocho canciones acabadas, por lo que decidí sacar en octubre un libro y pronto un vinilo saldrá con ellas. Todo ello ha sido la excusa para crear el formato acústico de los conciertos que vendrán con estas nuevas medidas, con siete personas en el escenario y cuatro o más trabajando alrededor. Es una excusa para hacer cosas en directo.

El sábado actúa en Castro Urdiales, ¿conoce el municipio?

Sí, he estado alguna vez de paso y he parado a comer.

¿Qué le ha motivado a participar en el Sónica?

Sobre todo que nos han llamado, no están los tiempos para decir que no. Se me hizo raro, pero hay poco miedo en cualquier tipo de bolo [ríe], no tenemos problemas porque vamos a dejarnos la piel en cada historia, lo damos por hecho.

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