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Se va Margarita Salas, queda su legado y su ejemplo

Margarita Salas supo combinar fortuna y buen hacer para alcanzar el máximo reconocimiento científico

Su ejemplo habla del potencial del talento femenino y debe animarnos a eliminar los techos de cristal y las barreras que aun a día de hoy se interponen en la carrera investigadora de muchas mujeres

Salas, en el laboratorio con dos alumnas en 2019

Salas, en el laboratorio con dos alumnas en 2019 OFICINA EUROPEA DE PATENTES

La Biología Molecular se nos ha quedado huérfana. Hemos despedido a Margarita Salas, una de nuestras científicas más ilustres, una investigadora incansable, un icono inspirador para toda una generación de científicas y científicos españoles. Nos deja un legado sobre el que podemos, todas y todos, auparnos 'en hombros de gigantas', y supone un ejemplo que ayuda a dar seguridad y confianza a todas las jóvenes que planean, inician o desarrollan ahora su carrera científica. 

Gracias al estudio de un virus que infecta bacterias, phi29, Margarita contribuyó de forma crucial a entender el mecanismo de copia del ADN. Consiguió un enorme éxito, reconocimiento mundial y una considerable contribución a la caja común; de hecho, es creadora de una de las patentes más rentables de la historia de España. Se granjeó el prestigio y el reconocimiento de la comunidad científica internacional a base de tesón y de trabajo duro.

Ningún techo de cristal (y, en su país y en su época, había muchos) consiguió detener su arrollador talento y sus ganas de descubrir, porque, además, Margarita fue una persona afortunada: pudo estudiar una carrera universitaria en unos años oscuros para España, y tuvo una familia que comprendió perfectamente su pasión por la investigación y la apoyó en todo momento. Este hecho, que hoy parece nimio, era bastante inusual en aquella época. Y en el momento más adecuado de su carrera se cruzó en su camino el genial Severo Ochoa, lo que cambió irremediablemente su destino; he aquí otro golpe de suerte. 

Nosotros, por nuestra parte, hemos tenido la enorme fortuna de contar con ella y de que pudiera cumplir su deseo de seguir investigando hasta el final de sus días. Su espíritu inquieto nos ha dejado un vasto legado científico, motivo de orgullo para todos, como una huella imborrable. De su trayectoria extraemos además una valiosa lección: cuando las dificultades no se interponen (o más bien, en cuanto dejan el más mínimo resquicio), el talento femenino también alcanza las más altas cumbres. El camino que abrieron con valentía las que combinaron fortuna y buen hacer como Margarita debe servir para ver el potencial que existe si quitamos la fortuna de la ecuación y garantizamos un acceso a la carrera científica y a un ambiente de trabajo igualitario. 

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