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Turismo de fauna en Castilla-La Mancha: tendencia de futuro

El proceso de abandono rural y una masa cada vez mayor de gente interesada en los ecosistemas han disparado esta actividad económica

Pero en este sector no hay multinacionales con beneficios en paraísos fiscales, sino pequeñas empresas que crean puestos de trabajo en el medio rural

Berrea del ciervo

Berrea del ciervo Diputación de Toledo

Hasta hace relativamente pocos años, la fauna silvestre era contemplada desde dos puntos de vista: el primero, desde la óptica de agricultores, ganaderos, y personas que conviven con ella, mayormente como una molestia y una fuente de conflictos; el segundo, desde la óptica de los especialistas en su estudio, que muestran un interés científico. Entre estos dos polos sociales podemos situar al aficionado de a pie, que detecta y observa la fauna por el placer de hacerlo.

Hoy día podemos hablar de una “industria de turismo de observación de fauna” con plena propiedad. El proceso de abandono rural y una masa cada vez mayor de población urbana sedienta de actividades en la naturaleza, junto con un mayor conocimiento, concienciación y comprensión sobre el funcionamiento de los ecosistemas, han disparado en los últimos años el fenómeno de la observación de fauna como actividad económica en todo el mundo.

Castilla-La Mancha tiene mucho que ofrecer en este campo. Estamos en el mes de septiembre, el comienzo de la berrea del ciervo y la ronca del gamo, una de las manifestaciones faunísticas más espectaculares que hay, y símbolo del comienzo del otoño. Muchas empresas ofrecen en estos días excursiones de diversos tipos para contemplar la berrea en diversas zonas de la Comunidad, especialmente en las zonas protegidas. Pero si la berrea y la ronca son, por así decirlo, el “producto estrella” del turismo faunista en Castilla-La Mancha, no es lo único atractivo.

La observación de aves de cara al invierno

El turismo de observación de aves tiene en nuestra región puntos clave: en invierno las lagunas de la Mancha Húmeda y los principales embalses se llenan con multitud de aves acuáticas que invernan aquí, procedentes del norte de Europa. Las dilatadas estepas cerealistas de La Mancha, muy especialmente los Llanos de Albacete ofrecen valiosas oportunidades para observar aves esteparias, sobre todo la gran avutarda. Y, para observar otros tipos de aves ligadas a ambientes forestales, existe una multitud de áreas protegidas en todo el reborde montañoso de la región: Sistema Ibérico, Sierras de Albacete, Montes de Toledo, Sierra de San Vicente, y un largo etcétera.

Estamos hablando de un nutrido grupo de pequeñas y medianas empresas, muy ligadas al territorio. En este sector no vamos a encontrar multinacionales que domicilian sus beneficios en paraísos fiscales, sino que crean puestos de trabajo en el medio rural, y reinvierten beneficios en la zona. En muchos casos esta actividad influye en la Hostelería, generando pernoctaciones en alojamientos tanto urbanos como rurales, y consumiciones en cafeterías y restaurantes, creando así empleo indirecto.

Pero no sólo empresas. Miles y miles de particulares diseñan sus propios recorridos de observación de fauna, desplazándose a veces desde distantes lugares del territorio nacional e incluso desde el extranjero, generando también pernoctaciones, compras y actividad hostelera.

Avutarda

Avutarda Europa Press

¿Se trata de una moda pasajera o el turismo faunista ha venido para quedarse? Todo hace indicar que es un nicho económico que no para de crecer. El abandono de las actividades tradicionales de aprovechamiento agropecuario y la decadencia de la actividad cinegética (tradicional complemento al sector primario) están creando el hueco adecuado para los llamados “turismo activo” y “ecoturismo”, dentro del cual se encuadraría el subsector de observación de fauna.

Este tipo de turismo aporta beneficios indudables: ingresos económicos y fijación de población en el territorio, conservación de la fauna local (razón de ser de este turismo), empleos directos e indirectos, y una impagable publicidad para la comunidad autónoma. Todo lo cual lo hace merecedor de apoyo en todos los niveles por parte de las administraciones. Pero también tiene desafíos: el principal de todos ellos es la aplicación de un estricto código deontológico por el cual se fomente la observación responsable, sin molestar ni interferir en la vida de la fauna, sin provocar masificaciones que pueden ser fatales para determinados ecosistemas. La fauna no puede ser considerada, sin más, como un “producto turístico”.

Ahora, a disfrutar de la berrea.

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