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El bombardeo de Xàtiva: 75 años de la Gernika valenciana

Imagen del bombardeo de Xàtiva, tomada por los mismos aviones fascistas

Toni Cuquerella

Xàtiva —

Dos brazos que se alzan en un gesto inútil de protección contra la muerte venida desde el cielo en forma de 20 bombas de 250 kilos. Este es el recuerdo permanente a la barbarie de la Guerra Civil que supuso el bombardeo de Xàtiva del 12 de febrero de 1939 a manos de la aviación fascista italiana que apoyaba a Franco y que causó, según los últimos cálculos, 145 muertos y más de 200 heridos.

Fue una clara mañana de domingo. Catalunya ya había caído en las manos franquistas y la II República española, desmoralizada, vivía sus últimos estertores y estaba en retirada. Pero la aviación fascista de Mussolini, que actuaba desde la base aérea de las Islas Baleares, bombardeó la retaguardia del último territorio republicano hasta días antes del final de la guerra. El de Xàtiva fue el último de los bombardeos con grandes cantidades de muertos.

El objetivo de les 5 bombarderos Savoia-Marchetti SM.79 del 27º Grupo de la Aviación Legionaria era un tren cargado de soldados de la 49ª Brigada Mixta que llegaba a Xàtiva desde el frente de la Mancha, y la masacre comenzó a las 11,45h. Pero las bombas no distinguían personas, y mataron soldados en la estación, así como también mataron a civiles, hombres, mujeres y niños porque algunas cayeron sobre casas de la zona. Testigos del bombardeo recuerdan que se llegaron a encontrar restos humanos sobre los árboles de la zona de la estación del tren.

Las víctimas fueron enterradas el mismo domingo por la tarde en medio de la consternación por la brutalidad del ataque, según una misiva enviada por el alcalde de Xàtiva, Jovino Fernández, al gobernador civil de Valencia. Tras ello, muchos fueron los que huyeron al campo, temiendo nuevos ataques a la ciudad.

Pocos supervivientes quedan de la tragedia, niños que hoy en día son octogenarios y que vivieron en silencio la ignominia hasta que prácticamente cayó en el olvido, también en la democracia. Pero en 2007, a través del Consell de la Joventut de Xàtiva, se rescató la memoria de las víctimas impulsando el monumento que las recuerda ahora, ‘Aixopluc’ (refugio), situado a las mismas puertas de la estación del tren.

No obstante este homenaje no fue fácil y contó con la oposición del propio alcalde de Xàtiva, Alfonso Rus (PP), quien ha visto en todo momento este recuerdo como un intento de “reabrir heridas” que entiende que ya están cicatrizadas; entorpeció el levantamiento del monumento en suelo público hasta que fue permitido en terreno de Adif (durante el gobierno del PSOE).

Nunca ha querido asistir al acto que cada año se celebra en este espacio el domingo más cercano al 12 de febrero y al que asisten los partidos de la oposición, así como también numerosos colectivos cívicos, culturales, sindicatos, y vecinos a título personal. Este año Rus ha dicho para justificarse que él es “el alcalde de todos” y que si fuera a este homenaje y “los otros” hicieran también otro homenaje, también tendría que asistir. Cabe recordar que el gobierno municipal del PP de Xàtiva con Rus a la cabeza también ha sido el que ha evitado retirar los honores de la ciudad a Franco, quien todavía es alcalde perpetuo, hijo honorífico e hijo predilecto de la ciudad.

Casi 300 años tuvieron que pasar para que el recuerdo de las víctimas del incendio de Xàtiva de 1707 a manos de las tropas de Felipe V, el primer rey Borbón, durante la Guerra de Sucesión, fuese rechazado por todos los sectores sociales de la ciudad. Muchos confían en que no se necesite pasar el mismo tiempo para que las víctimas del más sangrante acto de guerra en tres siglos también sea rechazado por toda Xàtiva.

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