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El PSPV apuesta por la diversificación y la organización como respuesta a la crisis que vive el sector citrícola valenciano

La eurodiputada socialista Inmaculada Rodríguez-Piñero

Borja Ramírez

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Uno de los mayores problemas al que se enfrentan los agricultores valencianos, y en el que todos los grupos políticos parecen converger, es la falta de reciprocidad entre los criterios exigidos por la Unión Europea a los productores españoles y a los extracomunitarios. El actual modelo de control de los productos fitosanitarios, de condiciones laborales, fiscales y medioambientales a nivel europeo, dificulta que los cítricos valencianos puedan competir con un producto mucho más barato de producir y que supone, además, un riesgo sanitario.

El problema, matiza Inmaculada Rodríguez-Piñero, europarlamentaria del PSPV, radica en que el modelo de control de los productos fitosanitarios no es competencia exclusiva de la Unión Europea, sino que la competencia de aduanas la tienen los estados miembros. Hay que tener en cuenta, añade la eurodiputada, la diferencia entre los intereses de los países del sur productor de cítricos –España, Italia y en menor medida Portugal- y los países exportadores.

“Nuestro interés es ser rígidos en los controles para que no entren productos que compitan deslealmente. El problema viene con la disparidad de intereses entre países europeos. ¿Qué les interesa a los países exportadores como Holanda? Que sea barato. Y por ello son mucho más laxos en el tema de controles. Hay una normativa europea, pero luego cada estado miembro puede ir más o menos allá”, afirma Rodríguez-Piñero.

Falta de voluntad política

En mayo de 2017 se elaboró un informe en el Parlamento Europeo instando al Consejo y a la Comisión Europea a tomar medidas que ayudasen a homogeneizar los controles aduaneros en todos los estados miembros. Sin embargo, a día de hoy no parece haber voluntad política para ello y ningún estado miembro está dispuesto a ceder.

Rodríguez-Piñero mantiene que desde su grupo se está llevando a cabo una campaña a nivel comarcal para ofrecer al sector la información real acerca de dónde están los problemas y las medidas que se están tomando para solucionarlos. Los agricultores, explica, son conscientes de que la problemática “va mucho más allá, pero da la sensación de que a ciertos sectores y partidos políticos les ha venido bien hacer de esto una bandera. Esto es una irresponsabilidad y más aún cuando no han hecho nada”.

“Lo que necesitamos es sentido de la responsabilidad, analizar bien los problemas y a partir de ahí enfocar soluciones para cada uno de ellos. Desde la Generalitat estamos trabajando con la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente para explicar e intentar aportar información veraz sobre lo que pasa y sobre las soluciones. Hay que concienciar al sector sobre las cosas que ellos tienen que hacer”, remarca Rodríguez-Piñero.

La sombra de una amenaza a medio plazo

Tanto desde las diferentes asociaciones de agricultores como partidos políticos se viene advirtiendo y pronosticando el incremento de la industria citricultora sudafricana, la cual lleva años invirtiendo y adaptando tecnológicamente su agricultura para convertirse en un gigante de la exportación. A esta fuerte competencia desleal hay que sumar la de países como Egipto, Marruecos o Turquía, deja poco espacio para confiar en un futuro halagüeño para el sector citrícola español.

“He estado en Sudáfrica visitando los campos de naranjos y no hay manera de competir con ellos si aquí no se abordan reformas. Son unas plantaciones enormes y con una tecnología que aquí estamos muy lejos de alcanzar. Los agricultores necesitan asociarse y eso es lo que estamos apoyando desde la Generalitat. La clave está en la comercialización y los agricultores son muy débiles a la hora de fijar condiciones de precio debido a la atomización de productores. Han de asociarse para tener capacidad de negociación en los precios”, advierte la eurodiputada socialista.

Medidas por la competitividad

Desde la Generalitat se critica la falta de inversión en hacer campaña de la naranja valenciana, que, afirman, es de una calidad muy superior a las sudafricanas. En ese sentido, mantienen que el sector ha de diseñar una campaña de promoción para que la Generalitat pueda apoyar e impulsar así el sector.

Señalan, además, lo poco diversificado que está el sector citrícola valenciano, con el 95% del mercado centrado en la Unión Europea. En este sentido, el reciente acuerdo firmado con Japón –el cualque suprime los aranceles agrarios al cero- podría suponer un mercado potencial para la naranja valenciana. En el marco de otros acuerdos como el Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio (Ceta), se han aumentado un 20% las exportaciones de naranja a Canadá en un año.

“Nuestra naranja es mejor, nuestra calidad es mejor. ¿Qué falla? La organización. Desde 2014 comenzamos a advertirle al sector que debíamos de tener un lobby. En Europa las organizaciones que funcionan como lobby son las que tienen capacidad de influir cuando se negocian nuevas regulaciones o acuerdos comerciales. Tú no puedes ser un experto en todos los aspectos sectoriales, ha de ser el sector en que te transmita sus intereses y cómo puede afectar un determinado tratado. Después corregir los temas es enormemente complicado, han de estar ahí y es fundamental”, concluye Rodríguez-Piñero.

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