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Una apoteósica Lady Gaga convierte el Sant Jordi en un aquelarre musical digno de Broadway
Barcelona, 28 oct (EFE).- Viendo el nivel artístico sobre el escenario y el efecto del talento y carisma de Lady Gaga entre sus entregados fans en Barcelona, cuesta entender que hubo un día en que sus compañeros de universidad crearon un grupo de Facebook titulado 'Stefani Germanotta, nunca serás famosa“.
En el primero de sus tres Sant Jordi con todo vendido, Lady Gaga ha estado apoteósica con un espectáculo que ha sumergido a sus entregados seguidores en el rodaje de un videoclip en directo, un show que por su despliegue de bailarines y escenografía estaba más cerca de una obra de Broadway que de un concierto al uso.
Y es que la diva del pop dance es todo menos normal. Ni falta que le hace. Es la reina del disfraz, una artista que no teme ser oscura y excéntrica mientras otras explotan el fucsia, la normatividad y lo políticamente correcto.
La neoyorquina ha hecho gala esta noche ante los primeros 18.000 fans que podrán disfrutar de ella esta semana en Barcelona de una maestría construida a base de autoconfianza en la búsqueda de un estilo propio que no se ajuste a etiquetas, un camino sin vuelta atrás que arrancó cuando 'Just Dance' se convirtió en un éxito en 2008.
Profeta del colectivo LGTBI
Entre el público, de varias generaciones, una mayoría de mujeres y de personas del colectivo LGTBI, ataviados con sus looks de vampiresa, drag queens de lo tenebroso o maléficas prima donnas. Muchos ya la vieron en 2018 y han esperado pacientes un encuentro con su profeta.
“!Y reina, y reina, y guapa y guapa!”, le han gritado al unísono desde la grada cual Virgen a la que se mandan besos y se adora al verla pasar en procesión. No sabemos si ha entendido la referencia de sus “pequeños monstruos”, como llama a sus fans.
“¿Dónde está la comunidad 'queer' de Barcelona esta noche?. Este show es para vosotros. Sois muy especiales”, ha dicho la cantante antes de arrancar 'Born this way'.
Escenografía, bailarines y cambios de vestuario Como en las grandes óperas, el concierto de Gaga se reparte en cinco actos que sirven a la artista de hilo conductor para repasar su legado musical y realizar más de una decena de cambios de vestuario.
“De terciopelo y vicio”, “Y ella cayó en un sueño gótico”, “La hermosa pesadilla que sabe su nombre”, “Cada tablero de ajedrez tiene dos reinas” y “el aria eterna del corazón del monstruo” estructuran un concierto lleno de teatralidad que de tanto poderío a ratos parece un intermedio de la Super Bowl y otros invita a imaginarte en medio de la grabación de uno de sus videoclips.
Tras la inicial lectura del 'Manifiesto del Caos', Gaga da la bienvenida al 'Mayhem ball', algo así como el baile de lo oscuro, con el tema 'Bloody Mary' y un vestido rojo de varios metros de criolina en cuya falda se esconden los bailarines y que resulta todo un 'statement' del nivel de producción del ambicioso espectáculo que es su octava gira.
En la puesta en escena, una sucesión de submundos e imágenes que van de Lewis Carroll a la mitología griega pasando por la peste bubónica, una época que solo el estílista de Lady Gaga es capaz de convertir en fotogénica.
La emoción llegó con 'Shallow'
Aunque los fans más talluditos han disfruzado de los hits clásicos como 'Alejandro', 'Paparazzi' y 'Poker Face', Gaga ha aprovechado para desgranar su último álbum, 'Mayhem', con el que ha regresado al dance-pop electrónico del que ha sido la más exitosa presentación el tema 'Abracadabra'.
Uno de los momentos más emocionantes, ha sido la versión de 'Shallow', el tema que cantó en 'Ha nacido una estrella' con Bradley Cooper y le bailó un Oscar a la mejor canción.
El show ha seguido con la artista al piano para interpretar las también emocionantes 'Dance in the dark' y 'Hair', que han trasladado al público a uno de los antros en los que la cantante buscaba la fama actuando en el Lower East Side.
“La última vez no estaba en un buen momento”
En ese momento de recogimiento, ha confesado al público que la última vez que actuó en Barcelona, hace siete años, no estaba “en un buen momento”. “Pero ahora estoy en un lugar diferente y soy feliz”, ha dicho antes de interpretar 'Come to mama'.
Y antes del final, el subidón ha llegado den nuevo con el hit bailado hasta la saciedad 'Bad Romance', una Lady Gaga en estado puro con sus sintetizadores, sus coreografías, sus juegos de palabras y su personalidad sin censura.
Todavía quedan dos noches de Stefani Germanotta en Barcelona, conciertos por los que muchos fans, y a consecuencia del sistema de precios dinámicos de la venta online, han pagado 500 euros por entradas que partían de los 55 a los 150 euros.
La icono musical milennial de las calaveras, los bailes zombies y los maquillajes y tocados de viuda negra tendrá su último aquelarre español justo en Halloween. Quizá en estos cuatro días en la capital catalana a Lady Gaga le dé tiempo a probar las castañas asadas y los 'panellets'. EFE
Lara Malvesí
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