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Entrevista

Cristina Araújo: “Me he pasado la vida saboteándome y aun así he conseguido salir adelante”

La escritora Cristina Araújo

Isabel Navarro

17 de febrero de 2026 22:34 h

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Cristina Araújo es retraída y no tiene intención de convertirse en opinadora ni en icono de nada. Lo suyo es perderse en las historias, ser una estudiante aplicada; indagar en las emociones y los límites humanos, explorarlos; la disciplina antes que la inspiración; la ensoñación antes que lo real; la nostalgia antes que el futuro. La sospecha irónica y la inocencia confiada juntas y revueltas. Se nota que no le gusta demasiado dar entrevistas, pero no tanto porque esté a la defensiva o le den miedo los periodistas, sino porque todavía siente una cierta incredulidad ante el interés que genera lo que tenga que decir. 

La autora es difícil de encasillar, que es algo que parecen necesitar las editoriales para vender y los medios para comprar personajes. ¿Una Sally Rooney a la española? No exactamente, aunque podrían ser primas segundas o conocerse de un college ficticio. Distancia de fuga cuenta la historia de amor entre Theo, un joven introvertido doctorando de Filosofía, y Frances, la hermana actriz de su amigo Robin. Un puzzle de flasbacks narrados de forma alterna por los distintos protagonistas en el que se cruzan dos mundos antagónicos: el de la universidad y el de las alfombras rojas.

Por los argumentos que trata la literatura de Araújo, lo tiene todo para ser una escritora de best seller, pero de algún modo se termina escurriendo de lo previsto tomando decisiones de estilo y meandros narrativos que rompen los esquemas más convencionales. Deslumbró con su anterior trabajo, Mira esa chica, que le valió el premio Tusquets de novela y donde recreaba el caso de una violación en grupo similar a la de 'la manada'; una novela corrosiva, sin alegatos, donde daba voz a todos los implicados y donde la víctima, Míriam, no sentía consuelo ante las manifestaciones de apoyo, sino que reconocía en esas chicas que gritaban a pleno pulmón que no la querían dejar sola a las mismas que antes la habían llamado gorda con crueldad y no querían sentarse a su lado en el colegio.

La autora Cristina Araújo presenta 'Distancia de fuga'

Paradojas. Grises. Se siente cómoda Cristina Araújo en ese pantanoso territorio, pero su narrador nunca es sombrío y a veces, en Distancia de fuga, su nueva novela, la gatera por la que se escapa de un empalagoso amor bigger than life es la ironía sofisticada, como cuando describe lo que sucede en la mente del personaje de Theo al ver el abrigo de Frances: “Theo piensa que ella ha tocado todos esos objetos, lo que automáticamente los reformula como un símbolo bruto de que ella existe. Y, dado que estas semanas en clase han leído textos de influencia marxista, coge su libreta y escribe que la alegría que siente en presencia de Frances no puede atribuirla a un instinto autónomo y primitivo, sino que está ligada a una forma de idolatría. ¿Suena va lo bastante intenso? Porque en realidad va a peor”. 

Para escribir su anterior novela, Mira a esa chica, investigó sobre procesos judiciales, protocolos, psicología… ¿Qué ha investigado para hacer Distancia de fuga?

Sobre todo, acerca del mundo de la fama, porque todo lo que cuento de la vida universitaria tiene que ver con mi propia experiencia. Pero, para construir el personaje de Frances, me he documentado leyendo muchas autobiografías de actores que cayeron en picado. La de Matthew Perry (Amigos, amantes y aquello tan terrible, en Contraluz) me vino muy bien. También Me alegro de que mi madre haya muerto, de una de las actrices de la serie juvenil iCarly, Jennette McCurdy, donde cuenta con mucho sentido del humor la relación terrible que tuvo con su madre, cómo la explotó y la manipuló, además de sus trastornos alimenticios. También leí la biografía de Jane Fonda y rastreé todo lo que pude acerca de la crisis que tuvo Kit Harington, el personaje de Jon Nieve, al final de Juego de tronos, porque de ahí saqué una de las ideas de la novela.

¿Qué le pasó a Kit Harington? 

En el rodaje del último capítulo, cuando dijeron 'corten' y empezaron a quitarle el vestuario, tuvo una crisis de pánico. Lo estaban haciendo como si fuese un día normal y de repente empezó a gritar que todavía no podía quitarse esa ropa. Porque, ¿quién iba a ser si ya no era Jon Nieve? Se quedó muy tocado. También había tema de adicciones y estuvo ingresado unos meses en un centro psiquiátrico.

¿De dónde nace el personaje de Frances, la actriz famosa, y qué quería contar con ella?

Tanto Frances como su hermano Robin son dos personajes que existen desde hace mucho, ya que pertenecen a una novela que escribí con 19 años. La trama no es la misma y Theo, el tercero en discordia, entonces no existía como tal, pero Frances y Robin, los hermanos, me acompañan desde esa época. Yo fui hija única y de niña tenía muy idealizada la relación entre hermanos. Quería un hermano con el que compartirlo todo y me inventé para Frances el hermano que me hubiera gustado tener. En esa época estaba bajo el influjo de Salinger y su saga de los Glass, así que Frances tiene mucho del personaje Franny [de Zoe y Franny], de su fragilidad, de su carisma…

Cristina Araújo, que debutó con 'Mira esa chica', premio Tusquets 2022

Y de su sofisticación intelectual. Pero la Franny de Salinger no era famosa y su Frances es actriz en una serie del tamaño de Juego de tronos y eso determina su manera de estar en el mundo y su precariedad emocional. ¿Por qué esa fascinación con la fama?

En realidad, la fascinación hacia la fama también me viene de la adolescencia. Entonces mi gran obsesión eran los Beatles. Tenía todo de ellos: discos, libros, biografías, VHS, sus películas. Me encantaba la irreverencia de John Lennon y recuerdo tener una fantasía recurrente: “Qué suerte el poder hacer lo que quieras porque eres un Beatle”. [Risas]

¿De verdad creía que la fama era sinónimo de libertad? ¡Si es al revés!

Sí, claro, porque a mí me parecía entonces que lo contrario de ser famoso era ir al colegio y hacer todo lo que te decían los adultos. [Risas] Aquella novela que escribí con 19 años era un libro mucho más corto, pero también sucedía en un ambiente universitario, y eso sí era algo que quería conservar. Tenía muchas ganas de escribir sobre la universidad, porque fue una época luminosa que esperé con ganas y no me decepcionó. Y eso es tan difícil…

Vi en su Instagram una foto de la vieja biblioteca de Filología en la Universidad Complutense, con sus persianas medio rotas y el mobiliario de los años 50.

Para mí sigue siendo un lugar mítico. Vivo en Frankfurt, pero cada vez que vengo a Madrid voy a la facultad, me tomo un café con quien fue mi director de tesis [el catedrático Dámaso López García] y me doy una vuelta. Me gusta estar en la biblioteca y, de hecho, parte de este libro lo he escrito allí. Mis amigos me dicen que estoy poseída por la época de la universidad y que la idealizo, y en parte tienen razón. Me alimento de nostalgia.

Distancia de fuga tiene mucho de ese subgénero que los anglosajones llaman novela de college, con profesores, alumnos y debates intelectuales y filosóficos. 

Era lo que quería hacer. De hecho, el personaje que más se parece a mí en la novela es el de Theo y el profesor al que quiere deslumbrar y con el que mantiene todas esas conversaciones filosóficas, Damian Masoudi, está inspirado en el propio Dámaso [López García] y mi relación con él. Aquel fue un mundo de libertad, de tolerancia, de independencia inocente. Lo sigo añorando y esta novela me ha permitido revivirlo.

Los jóvenes se enfrentan a cosas a las que no se les da importancia como perder a amigos o no ser valorados en casa

Cristina Araújo Escritora

Me han contado que el año pasado dio el discurso de fin de curso a los doctorandos.

Sí, era un sueño y algo que no esperaba que me ocurriera tan joven. Estaba aterrorizada porque a mí me da muchísima vergüenza hablar en público. De hecho, fue uno de los motivos por los que acabé dejando la tesis: tengo muchos bloqueos. Pero me lo pidió Dámaso y no me podía negar.

¿Y qué les dijo?

Es difícil de resumir, estuve hablando 40 minutos y es la razón por la que retrasé la entrega de la novela… Quise motivarlos y les hablé mucho de literatura, pero, sobre todo, de todas las veces que la había cagado a lo largo de mi vida, de cómo me he saboteado y aun así he salido adelante y he acabado escribiendo novelas. 

¿Y cómo se ha autosaboteado?

De tantas maneras… Por ejemplo, yo quería hacer una carrera de letras, pero pensé que no iba a tener futuro y empecé Veterinaria. Aun así no dejé de escribir. Después dejé la carrera de ciencias y escogí Filología; seguí escribiendo, pero luego volví a dejarlo porque pensaba que no se me daba bien; empecé el doctorado, pero otra vez me vi insegura y acabé dejándolo… Le conté a los estudiantes cómo fue mucho más importante para mí la disciplina que la inspiración, cómo entendía que ellos con esa edad se sentían al borde de muchas cosas que quizá entendían y que sé que, aunque sean jóvenes, ya se han tenido que enfrentar a muchas cosas a las que no suele darse suficiente importancia: a romper un amor, a perder amigos, a sentir que no les comprende alguien en quien habían confiado al máximo, a no ser valorados en casa… Les dije que yo, como ellos, había pasado por todo eso también, y que aun así he conseguido salir adelante y he conseguido escribir, aunque a veces he creído que nada me iba a sacar de la cama o que nunca iba terminar el libro. Les conté todo eso en 40 minutos.

Distancia de fuga es una novela, entre otras cosas, de amor. ¿Cómo se escribe sobre el amor en el siglo XXI?

Con intensidad, pero también con ironía porque no estamos en el siglo XIX, claro. Quería contar una historia que hablase de ese tipo de amor que lo canibaliza todo. Un amor de esos que no te dejan pensar y no te dejan hacer. De esos que, aunque te dejan las funciones vitales intactas, hagas lo que hagas en tu cabeza solo hay espacio para el otro.

La escritora Cristina Araújo

Vamos, de esos que son lo más parecido a un trastorno obsesivo compulsivo o a un delirio psicótico…

Exactamente. [Risas]. Por eso intentaba atenuar a veces la cursilería o el dramatismo con la mirada irónica del hermano, que hace de bisagra; o bien haciendo que uno de los dos estuviese menos enamorado del otro, pero que esa posición fuese cambiando.

Emilia Pardo Bazán le decía en sus cartas a Benito Pérez Galdós que el de ellos era un amor “moderno y nervioso”. ¿El de Theo y Francés también lo es?

Nervioso sí, desde luego. Moderno no tanto, porque a Theo le veo tan clásico y chapado a antigua, pero bueno, tampoco es un rancio, que es algo que también quería evitar, que diese esa imagen de pringado. Pero sí, la de amor nervioso me parece una definición muy acertada y sobre todo bonita.

A menudo han comparado su estilo con el de Sally Rooney, aunque en esta novela, con sus apuntes distanciadores de narrador del XIX, me recuerda al Jonathan Franzen de Libertad. ¿Se identifica con estas comparaciones o le molesta?

Entiendo que es lógico que me comparen con Rooney porque, como en Gente normal, Distancia de fuga trata también el tema del amor y de dos personas que vienen y van en su relación. Además, Rooney es un referente tan omnipresente en nuestra época que seguramente la tengo interiorizada. Pero veo más las conexiones con Franzen, al que mencionas, o con Maggie O’Farrell y Amor Towles, a los que sí he tenido presentes en el proceso de escritura. Con Rooney me pasa que me gustaron mucho sus dos primeros libros y luego el tercero me decepcionó. El último, Intermezzo, aún no lo he leído, pero solo porque realmente lo tengo reservado para un momento especial de mantita y sofá y últimamente tengo muy poco de eso. Espero, sinceramente, que no me decepcione.

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