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Un proyecto europeo para combatir los efectos del cambio climático sobre el paisaje utiliza la huerta de Valencia como laboratorio

La Universitat Politècnica de Valencia y el centro de innovación Las Naves coordinan un proyecto del EIT-Climate-KIC para diseñar un plan

L'Horta ha sido elegida como uno de los paisajes representativos del suroeste de Europa

Imatge aèria de l'Horta de València

Imagen aérea de la Huerta de València Hidronico.com

¿Puede la huerta valenciana ser un atenuante de los efectos del cambio climático en la ciudad? El clima afecta a todo lo que crece sobre la tierra. La obviedad es a menudo descuidada por los gestores de lo público y los operadores privados que trabajan sobre el suelo. La huerta valenciana ha sido víctima durante las últimas décadas de los efectos perversos del cambio climático, pero también del urbanismo depredador, que ve un ladrillo en cada centímetro libre de suelo.  

La huerta valenciana es uno de los espacios del extremo occidental europeo seleccionados para un proyecto piloto que busca crear una metodología y un plan de adaptación de los entornos al cambio climático. El proyecto AELCLIC (Adaptation of European Landscapes to Climate Change) está coordinado por Aalto University (Finlandia) a nivel europeo y por Las Naves y la Universitat Politècnica de Valencia a nivel autonómico. El EIT Climate-KIC, -la mayor asociación públicoprivada de la Unión Europea-, un organismo creado para abordar el cambio climático a través de la innovación y para construir una economía de carbono cero a través del impulso al emprendimiento, se encarga de su supervisión y cofinanciación en España. La iniciativa ha seleccionado 16 espacios europeos (la mayoría en España y Portugal) por la intensidad de cambios que se puedan generar en ellos y por la vulnerabilidad de los mismos.

El proyecto funciona creando grupos de trabajo implicados en los espacios y se busca crear una metodología para definir los parámetros del cambio climático y que se puedan adaptar al resto de espacios, explica Celsa Monrós, responsable de Educación del EIT Climate-KIC en España. En el caso valenciano, se ha creado una especie de consorcio con ayuntamientos, ONGD, investigadores, empresas locales y otros actores sociales para medir el impacto de los posibles efectos del cambio climático en la huerta. Detectadas las posibles consecuencias, se crea un plan de acción y medidas de prevención para no llegar a una situación crítica. 

Monrós explica que entre los riesgos que los grupos de trabajo han identificado se encuentran las sequías o inundaciones agravadas -este segundo, en el caso de los países del norte-, la salinidad de las aguas subterráneas -que afectaría negativamente a la calidad del suelo-, las altas temperaturas generalizadas y los picos extremos de temperaturas, tanto las olas de calor como las heladas. 

Los primeros apuntes de los talleres coinciden con lo señalado en el Plan de Adaptación al Cambio Climático de Valencia 2050, elaborado por expertos para el Ayuntamiento de Valencia. Según este análisis, en las últimas décadas los problemas de mayor magnitud para la ciudad venían siendo las lluvias torrenciales, la escasez de precipitaciones y el aumento del nivel del mar. En los próximos años, los principales riesgos serán el aumento de las temperaturas y los eventos extremos como sequías y olas de calor, frente a los que el municipio de Valencia tendría una mayor vulnerabilidad.

La huerta valenciana, explica la responsable, ayuda a que Valencia no se convierta en un horno: "Nos evita las olas de calor", señala. Si el entorno se urbanizara, como prevén algunos planes, los edificios ejercerían como una especie de muro que impediría que la brisa marina refrescase la ciudad y el aumento de las temperaturas sería notable. "El miedo es que desaparezca la huerta y no sea sólo por el cambio climático", alerta la investigadora.

Los análisis tienen en cuenta los valores de la huerta, tanto los culturales como su impacto económico, desde el empleo hasta el turismo. Así, se buscan cuáles serían los cultivos más eficientes económicamente, la seguridad alimentaria, los sistemas de riego más aptos o cómo preservar las variedades autóctonas.

El proyecto funciona en sus primeras etapas a base de talleres. El inicial se celebró el 17 de junio con las distintas entidades implicadas, que identificaron los valores de la huerta y los efectos que tendrían los posibles escenarios de cambio climático. A modo de brainstorming,  las asociaciones plantean posibilidades, basadas en informes para dibujar un futuro no tan hipotético y anticipar su resolución. Los mismos agentes buscan “oportunidades de acción”, es decir, actuaciones en prevención. 

En septiembre, se presentarán los resultados del primer taller, se definirá la estructura y el contenido del plan de adaptación de la huerta al cambio climático y se identificarán los recursos y las fuentes de financiación para desarrollar el plan, que incluiría estrategias políticas, acciones piloto e iniciativas a nivel local y regional para promover la adaptación al cambio climático.

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