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La voz y el altavoz

La decisión de negar a una opinión la cobertura de los medios debe ser una de las más extremas para un periodista, y debe quedar reservada para los casos más aborrecibles.

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Por definición la noticia es lo novedoso, lo diferente de lo normal, lo extraño. Por eso es común que el periodista y el medio de comunicación estén en contacto con personas atípicas, de comportamiento u opiniones diferentes de los de la mayoría de los mortales. No es habitual que el altavoz de los medios de comunicación se ponga a disposición de la persona corriente, de la voz que poco tiene que aportar fuera de lo común. Y sin embargo aquella voz que justifica lo injustificable, o que disiente de lo generalmente admitido, es recompensada con una mayor atención por parte de la prensa. Encuentran así acomodo en los medios los asesinos, los sospechosos de corrupción, los acusados de robo o de conductas anormales. Y también las opiniones extremas, diferentes, alejadas del consenso. Por definición, por negocio y por historia el altavoz tiende a dar preferencia a las voces anómalas y tiende a silenciar a la mayoría, al sentido común, a la posición intermedia y generalmente aceptada.

Pero ¿hace eso responsable al altavoz de lo que dice la voz? ¿Debe el medio responder de opiniones de aquellos a quienes entrevista, o cita de cualquier forma? En el caso de alguien que proclama opiniones rechazables, o dice mentiras más o menos evidentes, ¿debe la prensa negarse a diseminar esa voz en el nombre de no ser vehículo de ideas negativas, condenables o falsas?

Esta semana varias cartas han planteado la cuestión respecto a distintos temas. Así Francisco, de Segovia, cuestionaba una información sobre el meteorólogo y divulgador científico Manuel Toharia.

“La entrevista a Manuel Toharia contiene afirmaciones que contradicen elementos fundamentales del consenso científico en relación con el cambio del clima. Y el redactor las reproduce de forma absolutamente acrítica, cuando no dejando traslucir un cierto respaldo a su discurso, falto de base científica e irresponsable. Según el redactor, El científico (…) ha vuelto a dejar claro que “no es verdad que ahora se estén produciendo más catástrofes, que nieve menos o que haga más calor”. Pero los grandes centros de investigación en climatología, las academias nacionales de ciencias o el IPCC han dejado claro lo contrario en cientos de informes, artículos y declaraciones. El Señor Toharia afirma que “si emitimos mucho CO2 y mucho vapor de agua, sumada a la contaminación derivada de los combustibles fósiles, el efecto invernadero se puede intensificar”. ¿Por qué aplicar el tiempo condicional a algo ya constatado? Las falsedades y medias verdades que Toharia desgrana tienen un denominador común: su utilidad para rebajar la percepción del riesgo y poner en entredicho la urgencia de actuar frente al cambio climático. Que Toharia actúe como propagandista del negacionismo climático no es responsabilidad del Diario.es. Pero sí lo es actuar como altavoz de sus mensajes. Es algo que seguramente no haría en el caso del holocausto, a pesar de que haya gente que defiende que nunca ocurrió.”

Javi, de Bilbao, duda sobre el Pregúntame a Pedro J. Ramírez.

“Hola; Como socio me gustaría preguntaros que criterio se ha seguido para dar cobertura en este medio a Pedro J. Después de hacer el juego a los que posteriormente le han despedido, y no me refiero a los accionistas italianos, ¿tenemos que aguantarle aquí? ¿Tanto tiempo para darse cuenta de que eran una banda de hdp? Igual es menos listo de lo que se piensa o esa ubre no da para más al estar copada y buscamos otras nuevas. Un saludo.”

Mientras que Mauricio José, de Madrid, piensa que dar espacio a que políticos escriban en blogs como Zona Crítica, como este texto de Pedro Sánchez, es poco más que propaganda electoral disfrazada.

“Me gustaría manifestar mi profunda indignación por el espacio de propaganda electoral ofrecido al Secretario General del PSOE. En el citado artículo el "señor" Sánchez habla sin tapujo del reconocimiento que debemos efectuar a quienes lucharon contra el nazismo y fueron víctimas del holocausto. Pues bien, la indignación proviene porque varios de los presos españoles en Mauthausen están denunciando estos días como los sucesivos gobiernos del PSOE siempre les han dado de lado. Me parece que este texto es vomitivo, un insulto a la memoria de las víctimas, y siento una profunda vergüenza de ser socio de un medio de comunicación que ha sido autor necesario de este oprobio. No es la primera vez que observo una deriva pro-PSOE en eldiario.es, pero si la más descarada e injustificada. Ruego por favor se reconduzca, porque estáis haciendo difícil el que uno pueda continuar como socio. Un saludo.”

Consultado el director de Eldiario.es, Ignacio Escolar, responde; sobre las declaraciones de Manuel Toharia:

“Las afirmaciones son del señor Toharia, no de eldiario.es. No era posible la repregunta porque es una pieza elaborada a partir de una conferencia de Manuel Toharia en Vitoria, no a partir de una entrevista. Sin embargo, sí creo que nuestro compañero Eduardo Azumendi debería haber matizado algunas de esas afirmaciones, poniéndolas en contexto con los datos disponibles sobre el cambio climático –y que contradicen alguna de las frases de Toharia–; la información habría sido así mucho más completa y equilibrada.”

Sobre el Pregúntame:

“En cuanto a la entrevista que organizamos hace unos días entre Pedro J. Ramírez y los lectores de eldiario.es a través de Pregúntame, creo que está justificada. El interés ha sido indudable: no hay más que ver el número de preguntas que ha tenido este encuentro digital. Su despido (entre otras cosas, por claras presiones políticas) y el posterior lanzamiento de un nuevo medio es una noticia que creo debemos contar, independientemente de la simpatía o antipatía que pueda producir este periodista entre nuestros lectores – mi opinión personal está aquí–.

En eldiario.es publicamos cada semana centenares de noticias y decenas entrevistas. No siempre son noticias que nos gusten ni están protagonizadas por personas con las que compartamos valores y principios, pero no por ello tenemos que dejar de contarlas.”

Y sobre la tribuna publicada en el blog Zona Crítica:

“Pedro Sánchez no es ni el primer ni el último político que publica una tribuna de opinión en eldiario.es. Al igual que los demás políticos en activo a los que publicamos, ni cobra nada de eldiario.es por ese artículo ni por supuesto paga nada a eldiario.es a cambio. Antes que Pedro Sánchez, ya han pasado por aquí decenas políticos de prácticamente todas las formaciones políticas: PP, IU, Podemos, UPyD, Equo... Los políticos en activo no son mayoría en nuestras tribunas pero sí habituales. Hay decenas de ejemplos:  Maite Pagazaurtundúa (UPyD),  Alberto Garzón (IU),  Chesús Yuste (Cha), Teresa Rodríguez (Podemos),  Pablo Zalba (PP)… Ni siquiera es novedad que pase por alguien del PSOE: antes lo han hecho Rubalcaba, Chacón o Valenciano y ayer mismo publicamos una tribuna de José Antonio Pérez Tapias.
 
Hace dos años, otro artículo de un político socialista –Elena Valenciano– acabó en la defensora de la comunidad. Expliqué entonces una serie de argumentos que creo que hoy siguen siendo válidos: publicamos tribunas de opinión de políticos porque consideramos que es una buena manera de que los lectores puedan conocer su voz directa, sin intermediación. Creemos que es una forma útil para que nuestros lectores se formen una opinión sobre las ideas de sus representantes públicos: tanto cuando un lector está de acuerdo con ellos como cuando está en contra.
 
En cuanto a las quejas de la “deriva” de eldiario.es a favor de un partido u otro son habituales y, por ahora, contradictorias entre sí. Como recopiló hace unos meses el propio defensor de la comunidad, recibimos constantemente quejas de socios y lectores disgustados porque somos de Podemos, de IU, del PSOE… La realidad es que somos y seremos un medio independiente, lo que probablemente jamás nos granjeará la completa aprobación de aquellos políticos o lectores –creo que los menos– que preferirían un diario de partido. No lo vamos a ser.”

La cuestión de la cobertura selectiva, o de la responsabilidad de quien da voz a opiniones que se salen de la norma, es sin embargo relevante y ya ha sido analizada por la anterior Defensora del Lector. Se puede argumentar que sin el altavoz las voces más o menos odiosas llegan mucho menos lejos; que sin la prensa y los medios dando oído a algunas opiniones ciertas ideologías o mentiras tendrían mucha menos fuerza, y que por tanto es responsabilidad de la prensa (y en última instancia, de los periodistas) impedir este uso de sus medios. Quien sostiene el micrófono debería por tanto tomar una decisión sobre cuándo y a quién desconectárselo. Y sufrir las consecuencias que se puedan derivar de mantenerlo enchufado.

Es un punto de vista extremadamente peligroso, desde múltiples puntos de vista. Se puede, y se debe, cuestionar el posible sesgo en la selección de voces a las que el medio da alas, para corregirlo y para impedir que se haga sistemático. Pero el que un medio decidiera silenciar voces porque discrepa de lo que dicen es absurdo, y moralmente turbio. Absurdo porque hoy en día los medios ya no tienen el poder de impedir que la información se disemine: una voz silenciada en la prensa encontrará por dónde difundir su mensaje. Puede que antaño una conjura de la prensa pudiera mantener alguna voz alejada de la conciencia de la ¡sociedad, pero hoy esos tiempos han pasado, por lo que una decisión así sería inútil.

Y además moralmente oscura en muchos casos, porque si bien todos podemos estar de acuerdo en los extremos (asesinos, terroristas, extremistas radicales de uno u otro signo, etc) la cosa muy rápidamente se vuelve mucho más gris. Porque ¿qué opiniones son dignas de rechazo y silencio? ¿Dónde ponemos la raya? Una de las cartas llega a comparar la negación del cambio climático antropogénico con el negacionismo del Holocausto: un modo no muy sutil de disparar la Ley de Godwin. ¿Debe un medio negarse a escuchar o difundir las ideas de enemigos políticos, delincuentes o radicales? ¿Es mejor que la sociedad no conozca estas ideas por los medios, y que se difundan en cambio a través de caminos alternativos, en forma de rumor, insinuación y malentendido?

Por supuesto que hay límites. El insulto deliberado de grandes grupos de personas definidos por etnia, religión o ideología, los llamamientos al genocidio o las ideologías basadas en este tipo de llamadas no deben tener espacio en un medio responsable. La incitación a la violencia, el desprecio basado en sexo, raza u orientación social, las ideas políticas que preconizan la violencia deben ser acotadas y mantenidas fuera del discurso civilizado. Las ideas que niegan los descubrimientos de la ciencia o ponen en riesgo vidas deben tratarse con el mayor de los cuidados. El altavoz debe ser consciente del poder que tiene, y ejercer cuando sea necesario la potestad de negar su amplificación. Pero siempre desde la más abierta de las posturas, puesto que para un periodista ninguna decisión debe ser más seria, meditada, extrema y poco común que negarle la voz a alguien. No hablar de algo nunca debe ser una decisión fácil, y siempre debe adoptarse únicamente en los casos más extremos; otra razón más por la que a los periodistas, en el fondo, se les paga poco.

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