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Cinco razones por las que la inflación podría haber tocado techo en el 10,8% de julio

Un hombre echa gasolina en una estación de servicio, a 1 de julio de 2022, en Madrid.

Daniel Yebra

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El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó esta semana que la inflación se moderó tres décimas, al 10,5%, en agosto, frente al mismo mes del año anterior. El IPC interanual se situó en el 10,8% en julio, un máximo de los últimos 30 años y de la actual crisis de precios. Esta situación tuvo su origen en la energía (gas, carburantes, electricidad...) en 2021, se exacerbó con la invasión rusa de Ucrania y se ha extendido ya a toda la cesta de la compra, con especial incidencia en la alimentación en los últimos meses.

Del dato calculado por el INE, lo más preocupante es el récord del IPC subyacente, que excluye precisamente la energía y los alimentos no elaborados (por ejemplo, la fruta). Los que se consideran los elementos más volátiles de la cesta de la compra: se encarecen con mayor rapidez e intensidad, pero también pueden abaratarse rápidamente.

La inflación subyacente ofrece una visión más estructural de los precios. Su incremento en agosto hasta el 6,4%, tras el 5,5% interanual de julio, indica la persistencia de las subidas de precios por una escalada generalizada de los costes de las empresas, en todos los sectores de actividad. El primer daño y el más grave es la pérdida de poder adquisitivo de las familias, que ven cómo sus salarios o sus rentas dan para menos cada mes. Sobre todo en el caso de los más pobres, que encima dedican un mayor porcentaje de su gasto total a la energía y la alimentación, necesidades básicas de las que apenas se puede reducir el consumo sin pasar frío o hambre. O sacrificando una dieta saludable.

“Distintos factores explicarían la extensión de las presiones inflacionistas al conjunto de la cesta de consumo. Un factor de primer orden ha sido el incremento intenso y persistente del precio de las materias primas en los mercados internacionales, que ha presionado los costes de producción de manera más directa en aquellas actividades económicas que utilizan la energía o los alimentos como insumo fundamental o que dependen de los servicios de transporte de mercancías”, explican Matías Pacce, Ana del Río e Isabel Sánchez, economistas del Banco de España, en un informe publicado este mismo lunes 12 de septiembre.

“Sin embargo, el aumento de los precios finales de determinados bienes y servicios también refleja circunstancias vinculadas a la crisis del COVID-19. En primer lugar, durante la pandemia, la demanda de bienes se ha visto impulsada por las menores oportunidades de gasto en servicios y las necesidades creadas durante los confinamientos, y por los nuevos hábitos de vida —entre ellos, el aumento del teletrabajo—. La pandemia ha llevado, en general, a una mayor permanencia en la vivienda. Esto ha impulsado la demanda de bienes y servicios relacionados con su mejora, conservación y equipamiento, y este gasto habría sido facilitado por la mayor capacidad de ahorro de los hogares a lo largo de los dos últimos años”, continúan estos expertos.

No todo son malas noticias. Existen algunas tendencias que estarían indicando que la inflación podría haber tocada techo en esta crisis en el 10,8% de julio. Mientras, el Gobierno mantiene desplegadas toda una batería de medidas de lucha contra la inflación (como la bonificación de los carburantes, la reducción del IVA de la electricidad o el tope al precio del gas en el mercado mayorista) que defiende que ha restado cerca de 3,5 puntos porcentuales al IPC.

1) Caída de los carburantes

La caída de los carburantes en los últimas semanas es la razón por la que el IPC general se moderó en agosto. El equipo de expertos del centro de análisis Funcas observa que “la inflación energética se redujo, hasta el 37,4%, gracias a la bajada de precio de los combustibles y carburantes, que, debido a su mayor peso en la cesta de la compra, más que compensó el fuerte encarecimiento de la electricidad”.



Este abaratamiento, sobre todo de la gasolina, podría continuar como reflejo del riesgo de recesión, y por tanto de una contracción de la actividad, algo a lo que apuntan la mayoría de expertos para la eurozona. En España se descarta una recesión, aunque el frenazo económico es innegable. El diésel se ha desmarcado y ha caído menos porque está encontrando mayor demanda por sustitución del gas, tanto en la industria como en las calefacciones.

2) Cuellos de botella

Otra tendencia que apoyaría una moderación del IPC en los próximos meses es una de las causas de origen de la explosión de precios: los conocidos como cuellos de botella están mejorando. Así lo indica el Índice de presión sobre la cadena de suministro global que calcula la Reserva Federal (Fed) de Nueva York según distintos indicadores del comercio mundial.



“Las presiones de la cadena de suministro global disminuyeron en agosto, continuando con la relajación observada en los últimos cuatro meses”, destaca este institución, que incide en que “la caída de agosto fue bastante amplia, con disminuciones en los tiempos de entrega registrados para todos los países de la muestra”. Eso sí, “el índice se mantiene en niveles históricamente altos”. Tanto es así que Inditex está acelerando sus compras y engordando sus inventarios para evitar posibles tensiones en la cadena.

3) Termina la temporada alta del turismo

La llegada del fin de la primera temporada alta completa de turismo desde 2019 va a ser desinflacionista si se atiende a la contribución de todos los precios relacionados con este sector al IPC. El Banco de España calcula que en julio el turismo fue de los sectores que más contribuyeron al aumento de la inflación, con 1,6 puntos (ver gráfico), el doble que en Francia o Italia, donde el turismo también tiene un peso específico en la economía.



4) Incremento de los tipos de interés del BCE

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, anunció la semana pasada un aumento de los tipos de interés de referencia del 0,75%, el mayor de la historia de la eurozona, hasta el 1,25%. Otra subida tras la primera en julio del 0,5%, desde el 0%, un cambio radical de la política monetaria que se se había mantenido durante años para favorecer la salida de la Gran Crisis Financiera de 2008, primero, y para superar la pandemia, después. Lagarde adelantó que seguirá incrementado los tipos en los próximos meses.

Es la estrategia adoptada por el BCE, y se basa en enfriar la economía con este encarecimiento de los préstamos e hipotecas. Eso sí, se trata de una medida que encuentra distintas críticas. La primera, que el origen de esta crisis de inflación está en la energía. La segunda es que esta misma crisis de precios del petróleo, del gas natural y de otras materias primas se exacerbó por la invasión rusa de Ucrania.

Ni el crudo ni el gas van a responder a un endurecimiento de las condiciones de financiación. En última instancia, reaccionarán al hundimiento de la demanda, si la recesión profundiza, pero ni siquiera eso evitará la amenaza de cortes del flujo de gas desde Rusia o del recorte de producción de las dictaduras que producen la mayor parte del petróleo. Mucho menos afectará una subida de tipos a la guerra, una cuestión humanitaria y geopolítica.

5 ) Los salarios crecen al 2,6%

La retribución media de los trabajadores en España apenas acumula una subida del 2,6% en 2022, según los datos de 'Ventas, empleo y salarios en grandes empresas y pymes' de la Agencia Tributaria, a cierre del segundo trimestre. En 2021, la mejora fue del 3,2%, según la misma estadística.

Si se estudian las subidas salariales pactadas en los convenios este año, la mejora se queda también en el 2,6% hasta agosto, según el último dato publicado por el Ministerio de Trabajo. En este contexto, economistas de prácticamente todo el arco ideológico claman por un pacto de rentas, un acuerdo entre empresas y trabajadores que reparta el daño de la inflación con un límite a los márgenes de beneficio (la capacidad de convertir en ganancias las ventas, tras restar los costes) y aumentos plurianuales de los sueldos.

Los expertos más ortodoxos del actual paradigma liberal advierten del riesgo de una espiral de precios y salarios. Una amenaza que presupone un proceso de retroalimentación de incrementos de los sueldos en persecución de una inflación inalcanzable.

Los economistas más heterodoxos y los más sociales consideran que esta espiral de precios y salarios está lejos de producirse, y que “lo que sí es preocupante es que se consolide la pérdida de capacidad adquisitiva”.

El problema que señalan estos últimos expertos es que la pérdida de poder adquisitivo puede convertirse en un problema macroeconómico de primer nivel, que afecte al consumo y por tanto al crecimiento económico, ya dañado en los últimos meses por la crisis energética y la incertidumbre. Además, la economía se enfrenta a la amenaza de un corte del gas ruso en próximas semanas que impacte con dureza en la eurozona, y finalmente en España.

“El consumo de los hogares, el principal pilar de la economía (representa alrededor del 55% del PIB), también se está debilitando. Tanto las ventas minoristas en términos reales como las de las grandes empresas flexionaron a la baja en el mes de julio. El monitor de consumo en tiempo real de CaixaBank, que sigue la evolución del gasto realizado con las tarjetas de la entidad y el que se lleva a cabo en los terminales del banco en comercios, apunta en la misma dirección y anticipa que esta tendencia se ha mantenido durante el mes de agosto”, explica Oriol Aspachs, economista de Caixabank Research.

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