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La anomalía de los votos perdidos que explica la victoria de la izquierda

Tras décadas beneficiando a la derecha, el sistema electoral y el reparto por provincias ha ayudado a la izquierda en las últimas dos elecciones.

La izquierda debe su victoria de abril a Vox; la de noviembre, a Ciudadanos

Santiago Abascal miente: por ahora, Vox no está mordiendo entre los votantes de izquierda

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La izquierda supera en 10 escaños a la derecha con el 79 por ciento escrutado

Apertura de una urna en las elecciones del 10N EFE

¿Ha habido un giro a la derecha? ¿Un fiasco de la izquierda? ¿Se están pasando votantes del PSOE a Vox, como asegura Santiago Abascal?

Antes de repetir estos tópicos, conviene repasar algunos gráficos. Son bastante claros. Desde que murió el bipartidismo, hace cuatro años, los resultados electorales dependen en gran medida de otra cuestión: de las carambolas de los restos de un sistema electoral endiablado, pensado para un mundo que ya no existe y que funciona como una escopeta de feria. En ocasiones, escupe escaños de forma contradictoria con la voluntad popular.

Estos son los resultados de los últimos cuatro años, agrupados por bloques. No he incluido en el bloque de la izquierda a partidos como Bildu o ERC, ni al PNV o Junts per Cat en la derecha. Creo que este análisis se entiende mejor así, ya que la dinámica de pactos con estos partidos no depende solo del eje ideológico. En la derecha, además de PP, Ciudadanos y Vox, he agregado a Navarra Suma. En la izquierda, además de PSOE, Podemos y Más País –y de IU cuando se presentaba con sus siglas– he añadido por el mismo motivo a Compromís, que ha ido coaligada con otros partidos nacionales en la mayoría de estas elecciones.



Primera anomalía. En 2015 la izquierda ganó ampliamente las elecciones en votos: casi tres puntos y medio de diferencia. Pero el bloque de la derecha consiguió 2 escaños más.

Segunda anomalía. El 28 de abril de 2019 la diferencia entre los dos bloques fue de apenas medio punto. A la derecha, en porcentaje de votos, le fue mucho mejor que en 2016. Pero el bloque de la izquierda logró 16 diputados más.

Tercera anomalía. En estas últimas elecciones, el porcentaje de la derecha es prácticamente el mismo que tenía en abril. La izquierda retrocede menos de 4 décimas. Pero la distancia entre ambos bloques se acorta en diez escaños respecto a abril.

Cuarta anomalía. Tanto en abril como en noviembre de 2019, la derecha y la izquierda están casi en un empate técnico. La distancia en las últimas elecciones es de poco menos de una décima. Pero con casi los mismos porcentajes, la izquierda consigue proporcionalmente bastantes más escaños que la derecha en ambas elecciones.

Quinta anomalía. Con la única excepción de las elecciones del 26 de junio de 2016, la derecha lleva los últimos cuatro años con casi el mismo porcentaje de votos. Apenas se ha movido. Pero sus escaños han oscilado entre los 163 del 20D a los 149 de abril.

¿La causa de estas carambolas? El sistema de reparto provincial y la ley electoral. Porque tan importante como el número de votos es cómo se reparten y cuántos se pierden en las circunscripciones más pequeñas. Son estos datos los que, desde hace cuatro años, decantan la victoria en escaños en una u otra dirección.


 

En las elecciones de este pasado domingo, la derecha volvió a estar más perjudicada que la izquierda por la ley electoral. Entre el PP, Vox y especialmente Ciudadanos, el bloque conservador acumuló casi 1,3 millones de votos perdidos. En la izquierda, fueron bastante menos: unos 770.000.

Otras cifras, con parecidos porcentajes, explican también el resultado de abril. De nuevo el bloque de la izquierda tuvo más suerte que el de la derecha con los votos perdidos. La derecha volvió a perder muchos más votos que la izquierda en provincias donde esos votantes no obtuvieron representación.


 

En conclusión, la izquierda ha ganado en escaños las últimas dos elecciones en gran medida por los votos perdidos de la derecha. En abril, gracias a Vox. En noviembre, gracias al batacazo de Ciudadanos.

Ya son dos las ocasiones en las que las carambolas de la ley electoral perjudican a la derecha. Dudo que haya una tercera.

Los porcentajes de voto y su evolución también demuestran algo: que, por ahora, Vox solo muerde en la derecha y su irrupción no está sirviendo para aumentar el porcentaje de voto de este bloque. Todo lo que crece el partido de Santiago Abascal lo saca de Ciudadanos. Por eso el porcentaje global de la derecha apenas se mueve media décima, un cambio que se explica más por las diferencias de abstención entre izquierda y derecha que por todas esas anécdotas que algunos quieren elevar a categoría: esos escasos votantes de la izquierda que en teoría se pasan a la extrema derecha.

Tal vez pase más adelante, como ocurre en Francia o Italia, y la extrema derecha española empiece a morder entre el voto de izquierda en porcentajes más relevantes que los de hoy.

Para eso, haría falta una evolución programática de Vox como la que vivió el Frente Nacional entre el padre y la hija Le Pen. Desde el debate del pasado lunes, los dirigentes de este partido están mandando algunos mensajes a la izquierda; mensajes por ahora contradictorios con sus propuestas. Pero no parece que, por ahora, hayan logrado calar. Basta con repasar los datos –no se pierdan esta espectacular infografía que permite comparar el voto calle a calle– para ver que Vox crece gracias al hundimiento de Ciudadanos, no porque amplíe el bloque de la derecha.

El resultado electoral de este domingo hunde a Ciudadanos hasta un suelo del que es muy difícil que se pueda recuperar. No solo han perdido los votos y a su líder más conocido: también el espacio político. En la derecha ya hay dos partidos consolidados. Al centro, que hace tiempo abandonaron, es muy difícil que puedan regresar.

Pero, ¿qué pasaría si Ciudadanos se hunde del todo? ¿O si llega a un acuerdo y se agrupa con el PP? ¿O si Vox empieza a ampliar su base electoral hacia antiguos votantes de la izquierda? Si algunas de estas tres cosas ocurren, es dudoso que el marcador de los votos perdidos siga beneficiando a la izquierda como ha ocurrido en 2019.

Por estas razones es tan importante que la extrema derecha no tenga una nueva oportunidad de sumar. Por eso es tan necesario que Sánchez e Iglesias se sienten y empiecen a negociar. Sin líneas rojas. Sin reproches cruzados. Con amplitud de miras y generosidad para pactar.

La suerte ha sonreído al bloque de la izquierda en dos ocasiones. Con otra tirada de dados, cualquier cosa podría pasar.

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