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Guerra al cigarrillo electrónico en Euskadi

Londres, por ejemplo, ha prohibido la venta de cigarrillos electrónicos -como el que se ve en la imagen- a menores de 18 años.

¿Tiene el cigarrillo electrónico los días contados en el País Vasco? A la espera de la directiva europea que sobre este tema está vea la luz, el Gobierno vasco ha decidido mover ficha. Y el Ejecutivo, que se apoya en recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para dar este paso, quiere además que el resto de instituciones vascas siga su estela, una iniciativa que pretende regular y restringir su uso en determinados centros sanitarios y docentes, en los medios de transporte públicos y en todas las dependencias oficiales institucionales de la comunidad autónoma. En todos estos lugares, se restringirá su uso tanto por trabajadores como por usuarios.

Las ventas de cigarrillos, en mínimos históricos, caen un 11% en 2013 y suman cinco años de retrocesos

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El Gobierno vasco quiere que todas las instituciones se sumen a la iniciativa, una medida que el Ejecutivo tiene previsto detallar en una orden que han perfilado en el Departamento que dirige el consejero de Salud, Jon Darpón. La venta de los cigarrillos electrónicos está prohibida para menores de 18 años. Y su uso está cuestionado en muchas ciudades y autonomías.

No es la primera comunidad autónoma que toma una decisión contra este tipo de dispositivos. Cataluña y Andalucía ya lo han hecho y antes capitales como Nueva York también. De hecho en el caso de Nueva York, la llamada ley "aire sin humos" ('Smoke-Free Air Act') fue firmada por su alcalde Michael Bloomberg en su penúltimo día en el cargo a finales del pasado año. En Madrid, al calor de la fallida iniciativa de Eurovegas, se constituyó la iniciativa ciudadana 'Porque nosotros sí', integrada por 310 organizaciones científicas y ciudadanas, que exigía regular el consumo de los cigarrillos electrónicos de la misma forma que el tabaco convencional.

El anuncio del Departamento de Salud llega cuando en las calles de Euskadi se han multiplicado las tiendas en las que se venden este tipo de cigarrillos con el señuelo de que funcionan contra el tabaquismo, uno de los problemas que más muertes por cáncer de pulmón genera en las sociedades desarrolladas y que implica unos desembolsos económicos por parte de las autoridades sanitarias.

La UE tiene previsto aprobar una directiva comunitaria este año y el pasado 8 de octubre el Parlamento europeo elaboró una propuesta que reclama "la realización de estudios sanitarios" que evalúen estos dispositivos antes de catalogarlos. Y la Organización Mundial de la Salud ya desaconsejó su uso hasta que no haya "datos que demuestren que es un producto seguro, eficaz y de calidad aceptable, y que esto esté certificado por un organismo regulador nacional competente".

Sustituto del tabaco

"Aunque la promoción de este artículo lo presenta como un sustitutivo del tabaco o incluso como dispositivo que puede ayudar a abandonar el hábito de fumar, a día de hoy no se ha demostrado su eficacia en este sentido ni se ha podido determinar de modo concluyente su carácter inocuo, puesto que no hay evidencia científica sobre el impacto en la salud de las personas usuarias directas y de otras personas del entorno" se argumenta en el Departamento de Salud, que recuerdan que la orden alude expresamente a los principios de prudencia, proporcionalidad y ejemplaridad.

Pero cada vez es más normal ver en las calles de nuestras ciudades personas. "Yo ya no fumo, y desde luego a mi me está funcionando", apunta Paul, que admite haber "abandonado el vicio hace meses gracias a este cacharro. Funciona".

El Departamento de Salud cree que para determinar la eficacia y los posibles efectos secundarios de este dispositivo es preciso contar con más estudios e investigaciones, sin ser del todo descartable que su uso en lugares públicos puede comprometer el proceso de normalización que se ha conseguido tras la regulación del tabaco por la normativa vigente.

De hecho, al abordar el uso del cigarrillo electrónico, las autoridades gubernamentales han seguido prácticamente la misma hoja de ruta que se siguió al principio de la guerra contra el tabaco, importada de EE UU, cuando se decidió restringir el uso de los cigarrillos en lugares cerrados y determinados lugares públicos o institucionales.

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