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"Hay que ser prudentes con la bioenergía, aunque sea la principal fuente de energía renovable"

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"La defensa del medio ambiente y de la sostenibilidad forma parte del ADN de la Unión Europea". Es lo que asegura Jesús Alquézar, de la dirección General para el Medio Ambiente de la Comisión Europea, quien ha participado recientemente en los cursos de verano organizados por la Universidad del País Vasco (UPV) sobre el cambio climático. “La transición energética”, recalca el experto, “es ya una realidad. La penetración creciente de energías renovables y la mayor eficiencia energética han llevado en los últimos años a una disociación entre crecimiento económico, consumo de energía y emisiones de gases de efecto invernadero”.

Las directivas sobre Energía Renovable del 2009 y sobre Eficiencia Energética del 2012 ya establecían como objetivos que al menos el 20 % de las necesidades energéticas europeas estuvieran cubiertas por renovables y que se mejorara en un 20 % la eficiencia energética, con porcentajes variables según los estados miembros.

Ahora mismo, el coste de algunas fuentes de energía renovable es muy competitivo. “Podemos imaginarnos un futuro en el que la economía esté casi completamente electrificada y basada en renovables. De hecho, el 14 de junio de 2018 los colegisladores europeos alcanzaron un acuerdo para una nueva directiva sobre Energía Renovable, que entre otras cosas revisa al alza el objetivo, hasta el 32 % en el 2030”, apunta Alquézar.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Las energías fósiles, y en particular los derivados del petróleo y el carbón, cubren todavía una parte sustancial del consumo europeo (31,4 % y 17,8 % respectivamente). En algunos estados miembros, el carbón seguía representando en 2014 el 66,7 % (Estonia), el 55,1 % (Polonia), el 36,8 % (Bulgaria) o más del 27 % (Alemania y Grecia). España andaba por el 10,2 %, pero con un consumo muy elevado de petróleo, 40,4%. De hecho, “las ayudas de estado a energías fósiles todavía suponen más de 112.000 millones de euros en Europa”, de los que al menos 4.000 provienen de la propia Unión Europea.

Cambio climático y medioambiente

Según Alquézar, en los últimos años se ha creado una separación “bastante artificial entre el cambio climático y el medioambiente. Sin embargo, las consecuencias del cambio climático son principalmente medioambientales. De hecho, entre el medioambiente y el cambio climático, existen numerosas sinergias pero también tensiones”. Por un lado, los ecosistemas marinos y terrestres absorben cerca de la mitad del CO2 emitido por las actividades humanas, mientras que la deforestación y la degradación de los bosques contribuye alrededor del 12 %. Además, “los servicios ecosistémicos favorecen la adaptación al cambio climático, puesto que permiten absorber el exceso de agua en caso de inundaciones, purificar el aire, o combatir la erosión y los efectos de los eventos meteorológicos extremos”.

Por ello, “hay que ser prudentes con soluciones como la bioenergía, que es ahora mismo la principal fuente de energía renovable producida en Europa [52,2 %, sin incluir aquella derivada de los residuos, que llega apenas al 5%]. La producción de bioenergía, si no está gestionada bajo criterios de sostenibilidad, puede dar lugar a deforestaciones masivas, con efectos finales negativos sobre el propio cambio climático”.

La nueva estrategia europea sobre emisiones de gases de efecto invernadero, actualmente en preparación, diseñará de manera más “coherente las futuras políticas europeas, incluyendo la agricultura [uno de los principales factores de contaminación, con una Política Agraria Común que todavía representa el 41% del presupuesto comunitario], las políticas económicas y financieras y la Economía Circular”.

La estrategia comunitaria sobre la Economía Circular (o cómo reconciliar el crecimiento económico con el respeto de la naturaleza) para 2050 prevé que las políticas de eficiencia en el uso de los recursos podrían reducir las extracciones globales de materias primas hasta en un 28 %. Combinadas con una acción climática ambiciosa, tales políticas pueden recortar las emisiones de gases de efecto invernadero en un 63 % e incrementar el crecimiento económico en un 1,5%. En Europa, “aumentar el reciclaje podría reducir el consumo primario de energía un 5 %, un descenso del 2,5 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Y, evidentemente, se ahorrarían otros recursos básicos, como el agua o la tierra”.

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Publicado el
11 de septiembre de 2018 - 19:44 h

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