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Países donde la oposición ha aparcado las rivalidades políticas ante la peor pandemia en un siglo

El primer ministro luso, António Costa, y el presidente del conservador Partido Social Demócrata (PSD) portugués, Rui Rio en el Palácio de São Bento, en Lisboa (Portugal).

Si hay un medio internacional cuya línea editorial casaría poco con el programa de Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos es el periódico liberal británico Financial Times. Lo cual no es óbice para que en un reciente editorial se sorprendiera de la virulencia del clima político español. "En algunos países, la peor pandemia en más de un siglo puede haber dejado de lado las rivalidades políticas. Este no es el caso en España, una de las naciones más afectadas por la epidemia de coronavirus", escribía el diario: "A medida que aumenta el número de muertos y el Gobierno usa poderes de emergencia, la política de confrontación ha regresado con saña".

El líder de la oposición portuguesa, tras su éxito viral en España: "No coopero con el Partido Socialista, coopero con el Gobierno del país"

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Así, Financial Times señalaba varios ejemplos: "El principal grupo de oposición, el Partido Popular, ha tachado a Pedro Sánchez de mentiroso; una de sus líderes regionales le ha acusado de dar órdenes de ocultar el número real de muertos; la extrema derecha de Vox, la tercera fuerza en el Congreso, ha pedido la dimisión de Sánchez y su reemplazo por un gobierno de unidad nacional; y la administración independentista catalana ataca al gobierno por su presunta incompetencia y parsimonia casi a diario".

"Cualquiera que sea su causa, las profundas fisuras que ahora resurgen resaltan la magnitud del desafío si el país quiere superar la crisis sanitaria y económica que muchos temen", alerta el Financial Times.

Pero, ¿cómo es en el resto de Europa? Entre los 27 países de la UE, más Reino Unido, se suele encontrar de todo. Rara vez un país es una excepción en algo. Es verdad que el Financial Times se sorprende de la virulencia de la oposición en España, algo que no podrá describir en Hungría, en tanto que el primer ministro, Viktor Orbán (Fidesz/PPE), gobierna por decreto tras disolver el Parlamento de forma indefinida por la crisis del coronavirus.

Alemania. Es un ejemplo singular porque desde hace siete años la canciller conservadora, Angela Merkel, gobierna en coalición con el SPD, los socialdemócratas. Y, también, porque al ser un Estado federal, las medidas se están pactando con los 16 länder, en los que, además de la CDU/CSU y el SPD, hay gobiernos en los que están implicados Verdes –segundo partido en las encuestas–, Die Linke –La Izquierda– y los liberales –FDP–. Con los länder se pactaron las restricciones que arrancaron el 16 de marzo.

De esta manera, la lealtad institucional es casi generalizada, salvo por la extrema derecha, AfD, sobre la que pesa un cordón sanitario y que ha intentado introducir el eje migratorio en el debate, pero desde que se cerraron las fronteras se ha quedado fuera de foco.

Eso sí, aunque la gran coalición está mostrándose unida ante la petición de eurobonos de países como Francia, España o Italia. Los Verdes y Die Linke sí están empujando para que Alemania se implique en salidas solidarias a la crisis.

Los sondeos muestran que el 93% acepta las restricciones a los contactos personales, según un sondeo de la televisión pública ARD. El 63% de los ciudadanos dice estar satisfecho con la labor del gobierno, un ascenso de 28 puntos respecto al mes anterior. El grado de apoyo a la gestión ante la pandemia sube al 72%.

Portugal. Está siendo la otra cara de la Península. Allí, con un gobierno socialista apoyado por fuera por el Bloco de Esquerda y el PCP, está destacando la dureza del primer ministro, António Costa, contra Holanda por su actitud "repugnante" en la búsqueda de una respuesta solidaria en la UE al coronavirus. Y, también, por la actitud del líder de la oposición, Rui Rio (PSD/PPE).

¿El motivo? Su apoyo al Gobierno del socialista António Costa, al que en el Parlamento le deseó "coraje, nervios de acero y mucha suerte". "Porque su suerte es nuestra suerte", remató el presidente del Partido Social Demócrata (PSD), de centroderecha.

El gesto fue mencionado como ejemplo por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

Rio, un austero economista de 62 años, ha prometido no crear "dificultades al país solo para crear dificultades al Gobierno. Yo no estoy cooperando con el Partido Socialista, estoy cooperando con el Gobierno de Portugal, en nombre de Portugal. Es Portugal el que está en el punto de mira".

Italia. Como los demás, Italia también tiene su singularidad: es el único país en el que lidera las encuestas la extrema derecha: la Lega de Matteo Salvini, quien fue expulsado del Gobierno tras el verano en favor de los socialdemócratas del PD. Es verdad que Orbán es autoritario, pero su familia política aún es el PPE; y que el Gobierno polaco es ultraconservador, pero en Europa se relaciona con el Partido Conservador británico, además de con Vox o la N-VA nacionalista flamenca. Pero Salvini va incluso más allá: es el compañero de batallas de Marine Le Pen (Reagrupación Nacional) y la AfD, por ejemplo.

Con esa presión por fuera, el gabinete de Giuseppe Conte ha afrontado las primeras grandes medidas restrictivas en Europa por ser el país más duramente golpeado inicialmente. Y también ha sido uno de los países que, con España y Francia, están pugnando por una respuesta contundente, ambiciosa y solidaria en la UE que permita sostener la crisis sanitaria y proyectar una pronta recuperación económica.

Salvini, como no podía ser de otra manera, ha centrado las críticas en sus grandes ejes: el soberanismo frente a la "inoperancia" de la UE que sólo quiere intervenir el país con el MEDE –fondo de rescates de la UE–; y el fantasma de los migrantes como agentes de propagación de la pandemia.

"El ministro del Interior ha autorizado el desembarco en Sicilia de casi 300 inmigrantes. Incluso en una situación de emergencia grave, el Gobierno no cree que tenga que cerrar los puertos", dijo Salvini desde el inicio de la crisis.

Sin embargo, la confianza en Conte ha subido hasta el 57%, desde el 51% del 24 de marzo, de acuerdo al último sondeo del Instituto Ixe.

Mientras, Salvini llegó a acusar al Gobierno de doblegarse ante el resto de socios comunitarios y pidió una comparecencia parlamentaria urgente de Conte para dar explicaciones.

En los últimos días, el líder ultraderechistas pidió en las redes sociales que se abriesen las iglesias para permitir que los fieles celebrar los ritos de Semana Santa al opinar "que no solo la ciencia es suficiente" para frenar el coronavirus, sino que también se necesita "a Dios".

Bélgica. Como los demás, también tiene un perfil singular: la necesidad de gestionar la crisis sanitaria y económica que ha generado la pandemia del coronavirus ha permitido a Bélgica contar con un Gobierno de pleno derecho tras vivir 454 días con un Ejecutivo en funciones, desde diciembre de 2018.

Así, el Parlamento belga otorgó su confianza al Gobierno minoritario de la primera ministra, Sophie Wilmès, cuya labor se limitará a afrontar el brote de la COVID-19. El Ejecutivo liderado por la política liberal del francófono Movimiento Reformador (MR) recibió el apoyo de los democristianos del CD&V, los liberales flamencos del Open Vld, los socialistas francófonos (PS) y de Flandes (sp.a), los ecologistas francófonos (Ecolo) y flamencos (Groen), los democristianos del cdH, los liberales de DéFI y el diputado independiente Emir Kir.

No obstante, el Ejecutivo solo está compuesto por miembros del MR, CD&V y Open Vld, que en el Parlamento belga suman 38 de los 150 escaños. De hecho, los ministros que componen el nuevo Gobierno son los mismos que permanecían en funciones.

En contra del Ejecutivo votaron los nacionalistas conservadores flamencos de la N-VA, la ultraderecha de Flandes (Vlaams Belang), el Partido de los Trabajadores de Bélgica (PTB) y el independiente Jean-Marie Dedecker.

El nuevo Gobierno tiene previsto limitar su tarea a la gestión de la crisis del coronavirus durante un periodo de seis meses, mientras que en el resto de materias seguirá actuando como si estuviera en funciones, según declaró Wilmès el martes en el Parlamento. Tras ese semestre, la primera ministra solicitará de nuevo la confianza del Parlamento belga.

Bélgica vivía con un Gobierno en funciones desde que en diciembre de 2018 se rompiera la coalición del Ejecutivo del entonces primer ministro y ahora presidente del Consejo Europeo, Charles Michel; una situación que empezaba a recordar la vivida entre 2010 y 2011, cuando el país batió un récord mundial al permanecer durante 541 días sin Gobierno.

Reino Unido. Cuando todo parecía que la agenda sería monopolizada por cuarto año consecutivo por el Brexit, la crisis del coronavirus ha atravesado a Reino Unido hasta el punto de haber enfermado el primer ministro, Boris Johnson, uno de los gobernantes que más tarde ha reaccionado en el continente.

Pero también ha afectado a la oposición: los laboristas planeaban anunciar a su nuevo líder en un gran congreso extraordinario que teatralizara la llegada de una nueva era tras el relevo de Jeremy Corbyn. Preveían también que el debate político continuaría protagonizado en 2020 por el Brexit, mientras Londres y Bruselas negociaban su futura relación bilateral.

Todos esos planes se han visto afectados por la expansión del coronavirus. El líder de la oposición laborista, Keir Starmer, ha pedido que el Parlamento, suspendido desde el 26 de marzo salvo algunas comisiones de control, se reúna para someter a escrutinio la estrategia del Ejecutivo contra la pandemia.

Starmer, quien ha anunciado "una oposición leal", ha declarado que el Gobierno debe responder a las acusaciones de falta de equipamiento, así como de los indicios que demuestran que las personas de raza negra y de minorías étnicas están sufriendo más los estragos de este virus.

Francia. Tanto el régimen presidencialista como el sistema electoral facilitan la labor del Gobierno y dificultan la de la oposición si no hay un vuelco electoral o si, como en este caso, la segunda fuerza es la extrema derecha, a la que se le aplica el cordón sanitario para perder siempre en las segundas vueltas electorales.

Así, aunque Marine Le Pen es de suyo dura con el Gobierno de Emmanuel Macron, al igual que la Francia Insumisa de Jean-Luc Melénchon –8 y 17 escaños cada uno–, los niveles no han llegado a los de España. Además, Le Pen ha centrado las críticas, como su amigo Salvini, en el discurso soberanista frente a la UE y de cierre de fronteras frente a los migrantes, cosa que se produjo rápido.

Holanda. Países Bajos está siendo el protagonista de las negociaciones dentro de la UE para responder económicamente al coronavirus. Y lo está siendo por bloquear todo lo que signifique ambición y solidaridad, hasta que el punto de que el primer ministro portugués, António Costa, se ha preguntado recientemente si acaso Holanda quería seguir en el euro y en la UE.

Mark Rutte (VVD) es el primer ministro de un gobierno de coalición con cuatro partidos: el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), Llamada Demócrata Cristiana (CDA), Demócratas 66 (D66) y Unión Cristiana (CU).

Y dos de ellos están empezando a desmarcarse de su posición. "Ahora debe haber un nuevo Plan Marshall para el sur de Europa, que está tan devastado por el coronavirus", ha dicho Gert-Jan Segers, del partido gubernamental Christen Unie: "Italia es un drama, está en ruinas. En lo que a mí respecta, el primer mensaje sería: vamos a ayudar".

El D66 también está siendo crítico con la posición holandesa. "Los Países Bajos se han enriquecido con la UE, con puestos de trabajo e ingresos en toda Europa. Con la crisis del coronavirus no debemos dejar que nuestros amigos se ahoguen. Solo juntos podemos superar esto", tuiteó el líder de D66, Rob Jetten.

Paul Tang, eurodiputado socialista holandés del PvdA –como el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans–, también se sitúa en contra de su gobierno y en sintonía de su familia política: "Para empezar, igual que el coronavirus cruza fronteras, lo hará la recesión económica. Estamos juntos en esto. Se necesita una acción que asegure que los efectos temporales de las restricciones y confinamientos no conduzcan a problemas permanentes y pérdidas de puestos de trabajo".

"Por ello", dice Tang a eldiario.es, "los gobiernos necesitan facilitar créditos, avales, ayudas a los ingresos a gran escala. Por eso es de vital importancia que cada país pueda prestar dinero, y los coronabonos facilitan esta capacidad. Lo que hace falta es una respuesta fiscal conjunta, que demuestre la solidaridad europea cuando más se necesita, pero también también en interés de cada país, incluido Alemania y Holanda. Es un momento verdaderamente decisivo en Europa".

Sin embargo, el tono del debate no sube de decibelios ni siquiera en el ámbito de la gestión sanitaria de la crisis dentro del país.

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Publicado el
13 de abril de 2020 - 22:23 h

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