Kenia, ante la muerte de la reina de Inglaterra: “Me niego a poner el dolor que hoy sienten otros por encima del dolor que sufrió nuestro pueblo”
La semana pasada, Kenia recibió la noticia de la muerte de la reina de Inglaterra entre alabanzas de los líderes, desconocimiento en las calles y críticas. Durante el reinado de Isabel II, los soldados británicos cometieron múltiples atrocidades contra los kenianos en el momento álgido del levantamiento Mau Mau, entre 1952 y 1960. En esa época, alrededor de 1,5 millones de personas fueron llevadas a campos de concentración donde fueron sometidas a torturas, abuso sexual y otras violaciones a los derechos humanos. La investigación posterior demostró que los británicos se habían esforzado por destruir y ocultar los registros oficiales de su represión brutal.
Por eso, la noticia de la muerte de la reina llegaba a las calles entre indiferencia y desconocimiento, especialmente por los más jóvenes, que hablaban de ella de manera distante. para muchos, era una figura lejana, más conocida a través de las representaciones ficticias de ella en populares series de televisión como The Crown.
El borrado de la historia por parte de los británicos, aseguran los observadores, tuvo consecuencias que todavía perduran. De hecho, incluso profesores como Njoki Wamai, que da Política y Relaciones internacionales en la Universidad Internacional de Estados Unidos-África, aseguran que no recuerdan haber aprendido “sobre los males del imperio colonial”: “Muchos de nosotros hemos tenido que educarnos en instituciones públicas, y debido al legado de la educación colonial en Kenia, la reina ha sido venerada y tratada como una figura icónica”.
Sin embargo, aunque la reina de Inglaterra haya sido recordada con alabanzas por parte de los líderes del país, que expresaban “un gran dolor y un profundo sentimiento de pérdida”, saludaban a un “sobresaliente icono del servicio desinteresado a la humanidad” o alababan su “admirable” liderazgo de la Commonwealth, jóvenes como Nyambura Maina no olvidan el dolor del pueblo ante las desgarradoras historias de la dominación colonial, transmitidas de generación en generación. “Cuando te sientas con tus abuelos y te cuentan sus historias, el dolor es casi tangible. Puedes sentirlo. Me niego a poner el dolor que hoy sienten otros por encima del dolor que sufrió nuestro pueblo”.