Iván Portugués, sobre la Solución Sur: “El nuevo cauce del Túria ha funcionado como un obstáculo para los flujos desbordados”
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La realidad es tan compleja que, a menudo, la solución de un problema genera nuevos riesgos. Iván Portugués, profesor de Geografía en la Universitat de València y vecino de Benetússer, se aproximó de manera seria al estudio del río Túria en su tesis doctoral, evidenciando su metamorfosis: “De cauce torrencial urbano a corredor verde metropolitano”. Posteriormente, el experto publicó un estudio con el que profundiza en el caso de la desviación fluvial del río Túria. Dicho estudio manifiesta que el nuevo cauce “alteró de forma prácticamente irreversible el funcionamiento del sistema fluvial y modificó el escenario del riesgo en la conurbación metropolitana meridional”. Para profundizar en la cuestión, nos hemos puesto en contacto con Iván, quien nos concedió una entrevista que reveló muchos elementos, tanto críticos como interesantes, del asunto.
El nuevo cauce se concibió para alejar las crecidas del centro de Valencia y, aunque ha cumplido parte de su función hidráulica original, ha desatado consecuencias fatales: “Ha tenido un efecto perverso, seguramente no contemplado en el momento de su diseño, que es el de ser un obstáculo a flujos desbordados que de otra manera se hubieran desperdigado por otros canales históricos”, dice el experto. De esta manera, la infraestructura “ha conseguido el efecto de agravar la crecida en los pueblos que quedan al sur de ese nuevo cauce”. La ocupación intensiva de los paleocauces llevó a la impermeabilización del suelo, por lo que el agua, en realidad, no discurrió por lugares anómalos en el caso del 29-O, sino que recuperó —eso sí, de manera violenta— su espacio natural.
Inicialmente, se proyectó que el nuevo cauce tendría una gran capacidad: “Su anchura máxima alcanza los 200 metros y su capacidad hidráulica es de 5.000 m³/s; es decir, un 35% superior a los caudales de la riada de 1957”. No obstante, la realidad ha superado todas las previsiones: “En el nuevo cauce no cabía tanta agua como se pensaba, porque aparece vegetación en el lecho, porque hay puentes que ocupan un volumen... entonces se va reduciendo la capacidad”, advierte Iván. Primero fue Acuamed, en 2006, quien rebajó la estimación a los 4.200 m³/s; luego, en 2007, durante las jornadas del 50.º aniversario de la riada del Túria, se situó su capacidad efectiva en unos 3.600 m³/s. A esto hay que sumarle los efectos adversos del cambio climático y la urbanización intensiva de la segunda corona metropolitana, lo que agrava aún más la situación, tanto desde el punto de vista medioambiental como sociológico.
Sin embargo, el peligro principal no reside en su incapacidad para vehicular las aguas del propio Túria —ya que durante la DANA de 2024 canalizó sin problemas estructurales unos 2.000 m³/s—, sino en que dicha infraestructura funciona como una barrera para los desbordamientos de otras cuencas. Si bien es cierto que una buena parte de los pequeños ríos y barrancadas que desembocan en el Turia, en condiciones normales, carecen de agua o presentan caudales muy bajos, cuando ocurren precipitaciones extremas en el arco montañoso prelitoral, los afluentes se llenan de agua que va a parar directamente al río. El profesor Portugués advierte de otro peligro potencial: “El problema es que las tormentas que provocaron inundaciones afectaron, sobre todo, al Poyo, y no tanto al Turia. Si la tormenta se desplaza más al norte, hacia la cuenca del río, podríamos estar hablando de una crecida de 4.000 m³/s, como la del Poyo o incluso más”. Esto quiere decir que, en el caso del 29-O, el nuevo cauce salvó la ciudad; pero no podemos estar seguros de que en el futuro sea igual de efectivo para canalizar las crecidas del Turia. El cambio climático suma incertidumbre al asunto.
Durante la catástrofe del 29 de octubre de 2024, las aguas desbordadas toparon violentamente con los altos muros del nuevo cauce y los terraplenes elevados de la autovía V-30, generando una enorme inundación ininterrumpida que devastó las localidades de l'Horta Sud. El “efecto dique” que causaron dichas infraestructuras es, quizás, la prueba más evidente de que la gran obra hidráulica de la Solución Sur trasladó el problema en lugar de solucionarlo. Detrás de este desastre se vislumbra la negligencia política y de planificación. Como sentencia el geógrafo, “el Plan Sur fue una excusa para modificarlo absolutamente todo, pero sin tener en cuenta ni la cuestión ambiental, ni la hidrológica”. Iván no duda en señalar el origen político y propagandístico de esta infraestructura: “Es una obra de envergadura propia de dictadura, como sucede en otras dictaduras. Incluso, fíjate, se ponían autobuses al servicio de la gente de los pueblos, de toda la Comunidad Valenciana, pero sobre todo de la provincia de Valencia, para que la población pudiera ver esta obra”. En palabras del profesor, “es una obra claramente política porque era un escaparate de la modernidad”, contemporánea de la tecnocracia y del aperturismo económico del país.
Por si fuera poco, el daño del nuevo cauce es también psicológico. La sociohidrología demuestra que este tipo de intervenciones estructurales contundentes reducen alarmantemente la percepción del peligro. “Cuando construyes una obra de estas dimensiones, la imagen que proyectas es la salvación [...] y eso genera inmediatamente un efecto de falsa seguridad sobre la población”, advierte el experto. Al confiar ciegamente en la tecnología de la época, la sociedad relajó su adaptación histórica al riesgo y fomentó una urbanización temeraria que impermeabilizó el territorio. El exceso de confianza nos volvió infinitamente más vulnerables: “El gran error es ese, y es un error de todos; o sea, el crecimiento urbanístico no ha considerado nunca el riesgo”.
En definitiva, la desviación del Túria encarna el paradigma de cómo una obra tecnocrática, diseñada sin una visión integral de la cuenca, puede resultar contraproducente. Hoy en día, las excusas del desconocimiento técnico ya no son válidas: “Que pase esto, para mí, tiene delito, con todos los instrumentos de ordenación del territorio y de la gestión de la emergencia que tenemos”, afirma rotundamente el experto. Al comentar brevemente las responsabilidades políticas, Iván afirmó que, en cuanto a la gestión de la emergencia, “no tengo dudas [...] la competencia es autonómica”.
Iván, para concluir, compartió con nosotros algunos aprendizajes muy valiosos resultantes de la catástrofe del 29-O: “Tenemos que estar preparados, y para mí hay dos claves: la adaptación y la autoprotección”. El profesor añade: “Si la sociedad comprende que vive en un espacio inundable y que esto continuará pasando, también serviremos como un elemento de presión hacia nuestros gobernantes”. Y no menos importante: “El riesgo nulo no existe [...] hemos perdido el conocimiento del territorio, hemos crecido en la zona metropolitana, y hay muchos casos en el resto de España que se encuentran en situaciones similares”.
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